En su libro "Mafalda: historia social y política", la investigadora Isabella Cosse recorre desde un abordaje testimonial y crítico el fenómeno de la célebre historieta creada por Quino que hace más de medio siglo se instaló en la memoria social y hoy sigue cuestionando totalitarismos y mandatos, convertida en "emblema antiautoritario" y multiplicada en constantes reapropiaciones a partir del fervor de sus lectores.

- Télam: ¿En qué medida los gobiernos de sesgo autoritario ampliaron la vocación contestaría de algunos personajes de "Mafalda" y operaron como portadores de significados velados capaces de sortear el poder de la censura?

-Isabella Cosse: Quino tenía una observación incisiva -punzante, obsesiva- y trabajaba con ella para crear sus argumentos y sus personajes. Publica el mismo día del golpe de estado de 1966, llevado a cabo por el general José Carlos Onganía, una caricatura en que Mafalda mira al lector y se pregunta "¿y aquello que nos enseñaron en la escuela?". Ese "aquello que nos enseñaron en la escuela" aludía justamente a los contenidos democráticos que habían puesto con este nombre los militares que habían derrocado al general Perón, y que además iban a ser de nuevo violentados con ese nuevo golpe de Onganía. Esta enorme ironía es un interrogante que podían comprender en estos términos exclusivamente quienes habían sido los coetáneos de este proceso. Éste fue un elemento muy central que hizo de Mafalda un emblema antiautoritario y que le dio enorme popularidad.

En estos momentos Quino profundiza en componentes vinculados con la lucha contra la censura. La propia sopa por ejemplo, que es otro elemento en el cual lo privado y lo cotidiano asumen sentidos políticos, representa, diría Quino, aquellas cosas que nos hacen tomar a pesar nuestro, representando de alguna manera el autoritarismo. Es decir, hubo un juego de ida y vuelta entre el ascenso de la violencia y las preguntas abiertas por Mafalda.

- T: ¿Qué significación social tuvieron viñetas como la del "palito para abollar ideologías" que aún hoy se utiliza en algunas manifestaciones?

- I.C.: Releí toda la serie del vínculo de los personajes con la policía y es muy interesante porque está vinculado a las revueltas del 69 en Argentina que culminan con el afiche sobre el "palito de abollar ideologías". Esa composición tuvo enorme importancia política -incluso sigue teniendo porque sigue estando presente en manifestaciones estudiantiles-. Convocaba, en aquel entonces, cuando fue convertido en afiche, en 1973, a personas con diferentes posiciones políticas –en ocasiones con discrepancias profundas- pero que confluían en su rechazo de la represión, la censura. Con el golpe de Estado de 1976 ese sentido anti-autoritario era parte sustancial del pacto de lectura entre la historieta y sus lectores y lectoras. Entonces, el acto de leerla durante la dictadura tuvo sentidos políticos: permitía revivir, compartir, una sensibilidad contestataria en la antítesis del proyecto autoritario.

-T.: En la tira, se da una alternancia entre algunas viñetas donde ironiza sobre los mandatos y se ponen de manifiesto las postergaciones o renuncias del personaje materno con otros tramos en los que personajes como Manolito o Felipe hacen comentarios de sesgo machista ¿El propósito de Quino era hacer coincidir en un mismo espacio los estereotipos y pensamientos de la época con una suerte de denuncia o enunciación de una desigualdad que reclamaba ser reformulada?

- I.C.: Quino fue extremadamente sensible. Pienso que no tenía una estrategia predeterminada, sino, más bien, producía una maceración de ideas, en un ida y vuelta entre la observación y la expresión gráfica de las ideas. Creo que fue muy intuitivo al convertir a una niña como Mafalda en la protagonista de su historieta. A Quino le habían pedido algo parecido a Charly Brown, que cruzase a Charly Brown con las famosas tiras familiares de los años 30. Este niño era bastante parecido a ese personaje, y finalmente lo dejó de lado poniendo el centro narrativo y moral en el personaje de la niña, de Mafalda. Creo que eso fue muy intuitivo porque expresó las transformaciones en materia de deseos y aspiraciones de un nuevo tipo de mujer.

Mafalda es una niña joven, que confronta. Incluso al comienzo de la historieta es francamente andrógina, la propia figura del personaje tiene características bastante masculinas. Y le permite representar lo opuesto a lo que se esperaba de una niña dulce, delicada, que jugaba con las muñecas. Es una niña que se enoja, e incluso hace pillerías como si fuera un varón, cruzando las fronteras de lo permitido y lo deseable para una niña o una mujer. Creo que en ese aspecto Quino dialogó justamente con el "crescendo" del feminismo. En ese sentido, la historieta tiene múltiples voces en oposición y Quino propone un humor conceptual, abierto, que requiere al lector, lo cual, por cierto ha sido clave en esas múltiples y constantes reapropiaciones. (Télam)