Safo, Hipatia, Hiparquía, Sulpicia, Praxillia son nombres de filósofas y poetas griegas y romanas que tienen un rol protagónico en “El infinito en un junco”, aquel papel que la historia les negó. El ensayo rescata incluso el nombre de Enheduanna, la primera persona que registró su firma en un texto, con lo cual se convirtió en la autora más antigua conocida.

Al respecto, Irene Vallejo reivindica la necesidad de incluir a las mujeres en la historia y no de realizar un apartado especial sobre ellas.

-T.: “El infinito…” incluye en cada etapa de la Antigüedad la participación de las mujeres, en épocas en las que su contribución artística quizás no ha quedado demasiado registrada. Empezando por el nombre de Enheduanna...

-I.V.: Me pareció increíble que un dato tan importante de la literatura fuera desconocido: que la autora del primer texto firmado de la historia, la primera voz que emerge del anonimato sea la voz de una mujer. Y me parece asombroso que este hecho no conste en los libros de texto y sea un nombre no suena a la mayor parte de la gente. Durante todos mis años de estudios universitarios nadie me la nombró siendo una especialidad sobre lenguas antiguas y sobre historia oriental y grecorromana.

-T.: Pero sin duda vivían en condiciones muy difíciles, tanto en Grecia como en Roma...

-I.V.: Tenemos la imagen porque, en efecto así fue, de que era una situación muy difícil para las mujeres la que se vivía en la antigüedad, con muchos obstáculos y dificultades e impedimentos y objeciones sociales. Pero incluso con todos estos impedimentos hubo mujeres que lo lograron. Y a esas mujeres hay que reconocerlas y hay que trazar esa genealogía.

-T.: Por eso el libro incorpora la presencia de las mujeres en cada etapa de la historia del libro

-I.V.: Creo que el estadio donde la historia de las mujeres se plantea aparte debería ya estar superado. Hay un momento en que deberíamos incluirlas en la historia universal porque estuvieron ahí, porque colaboraron porque también crearon además de procrear y eso me parece muy importante destacarlo e insistir. Incluso hacer un rescate de las mujeres en la transmisión oral porque cuando surge la escritura, que es una tecnología que confiere poder, fue dominada principalmente por hombres y la mayoría de mujeres se quedaron en la orilla de la oralidad, donde se transmiten los relatos, la memoria y los conocimientos pero queda al margen de la literatura que pervive, de los cánones y de los grandes nombres.

Sin embargo, estoy convencida de que toda esa corriente paralela de la oralidad ha estado nutriendo a la literatura escrita porque ha llegado por otros cauces a través de sus hijos de quienes las escuchaban y se nutrían de esas tradiciones porque esas mujeres estuvieron siempre allí.


(Télam)