Esther Díaz, Julieta Waisgold, Alejandro Galliano y Santiago Levin analizan el lugar para las utopías, la posibilidad de cambio y la posibilidad de proyectar en un escenario pandémico.

"Siempre hay algún lugar para la transformación", asegura Waisgold y explica que "sobre la utopía hay distintas ideas. Hay quienes la piensan como un ideal, algo que en realidad nunca se va a realizar. Yo prefiero pensarla al estilo de Zizek. Él dice que la utopía no es un sueño, ni una cuestión de imaginación, sino de urgencia. Que ocurre cuando te encontrás sin otro camino posible y hay que inventar. Inventás en función de lo que hay, siendo sensible a lo que hay. Siempre hay un lugar para eso".

En este punto, Galliano sostiene que "se esperaba que el Covid hiciera lo que no pudimos hacer nosotros: crear una sociedad más justa y amigable. La pandemia es una catástrofe y así hay que entenderla. Y todo modelo de sociedad mejor tiene que pensarse a partir de la catástrofe, sus oportunidades y sus límites. El utopismo posible es poscatastrófico, va a tener que construirse con lo que deje la pandemia: más precariedad, más digitalización y la consciencia de un entorno mitad natural-mitad artificial que no controlamos del todo".

Díaz, por su parte, se define como "contra utópica" y argumenta que "el proyecto moderno, la ciencia moderna, Kant, creyeron que realmente con el aumento de la razón íbamos a ser cada vez más conocedores. Cosa que se cumplió pero no para el bien absoluto puesto que con todo el desarrollo científico y a pesar de los millones de dólares que se invierten en investigación estamos como en la Edad Media" y acota: "Sí, es cierto: están las vacunas, se salva más gente pero ¿a qué costo?".

Es ahora, piensa la filósofa cuando "deberíamos recoger el fruto de la modernidad". Sin embargo "los adelantos que nos llevarían a un mundo de felicidad para todos, nos llevaron al fracaso" y así lo explica: "La razón aplicada a la economía generaría más ganancias, cosa que pasó pero para pocas personas, de modo tal que el 1% de la población tiene el 98% de la riqueza mundial. Y la razón aplicada a la justicia iba hacer que reinara la ética y la paz perpetua. ¿Cómo estamos? Países en guerra en plena pandemia y manifestaciones populares. Está la minoría que se beneficia de estos fracasos, mientras que la mayoría nos vamos cayendo del sistema".

En la medida en que, como dice Levin, "la utopía no es una función estable en la estructura histórica de una sociedad sino una construcción política colectiva, activa" debe "ser sostenida desde la acción y sustentada por una narrativa inclusiva y solidaria" en la que "el cuidado social que pretendemos, el acompañamiento masivo a las medidas de cuidado en pandemia, solo puede ser habilitado desde una idea esperanzadora de futuro".

El psiquiatra propone una "narrativa de esperanza" entendida no como "esperanza vacía ni demagógica" sino como "el puente que podría llegar a unir a un presente eternizado por la pandemia con un futuro imaginado como mejor. Llegamos a lo mismo: el aspecto simbólico de la pandemia es tan específico e insoslayable como el biológico. Ambas avenidas deben ser transitadas simultáneamente, si no queremos caer en reduccionismos que nos hagan más ciegos y que nos generen más dolor". (Télam)