(Por Eva Marabotto) En “Diario de los quince”, el escritor I Acevedo rescata la escritura intimista de su adolescencia en la que están presentes sus preocupaciones de entonces: la diferencia entre realidad y ficción, el agobio que le producía su entorno y su conciencia de ser diferente.

El nuevo libro del autor de “Una idea genial” fue publicado por el flamante sello Bosque energético. Comenzó a gestarse en 2018 a partir de una beca del Fondo Nacional de las Artes pero le llevó varios años en los que fue reencontrándose con su propia escritura a la que había preservado en cuadernos y disquetes.

“Este es el diario de un escritor prolífico que tendrá que dejar la infancia, esa isla de paz, para emprender un camino de crecimiento hacia la libertad total, desde la independencia económica hasta la felicidad de vivir la vida según los propios criterios”, analiza Roberta Iannamico en la contratapa.

“Estuve releyendo este diario y es divertido . Me sorprenden las pavadas que escribo, pero me divierte y me hace tan feliz, tan feliz, leer todas esas las cosas. La primera parte tiene un corte más delirante, en cambio el final es más serio. Parece que fuera menos feliz. La felicidad es un tema muy frecuente en las páginas: la felicidad, la novela, F. y Alicia, el dinero, mi casa, algún que otro plan”, reflexiona a su vez el autor en una de las últimas entradas del diario.

El texto lleva por subtítulo “La aventura de escribir” y es ese, precisamente, uno de los ejes de lectura posible. “Quiero decir que es fantástico fantasear acá porque no tengo que estar pensando en que la fantasía quede mal en el texto y en el contexto o que los diálogos queden demasiado extensos y esas cosas que limitan las imaginaciones”, escribe Acevedo en otra entrada, marcando la diferencia entre lo autobiográfico y lo ficcional.

Pero al mismo tiempo, su prosa registra los temas propios de la adolescencia: cierta ciclotimia, las dificultades para insertarse en la sociedad, los mandatos, la relación con la familia: “La felicidad, para mí, hasta ahora, por lo menos, no se presentó como una cosa larga y complicada, como en los cuentos, sino en momentos cortos y muy efímeros”.

Apunta: “A veces tengo terror de que no me quieran. No sé por qué. Siento la impresión de que tras las palabras de otras personas se esconden otras cosas, otros sentimientos. Últimamente estoy extraña. Me siento rara, que es lo mismo”.

“Estoy decepcionada. Pensaba que la vida iba a darme más. Este pesado cuerpo sobre mí lo embrutece todo. Me estanca todo el tiempo”, agrega y luego se rebela: “Me niego a creer que lo que le falta a mi vida es un chico. Esta es una idea penosa”. Sobre la experiencia de editar esa escritura intimista de adolescencia y su concepto de literatura como espectáculo conversó con Télam.

-Télam: ¿Cómo surgió la idea de editar tus diarios, en una etapa en la que además editaste dos novelas, libros de cuentos e incluso ensayos?

-I. Acevedo: Venía de leer los diarios de Ricardo Piglia y recibí una beca del Fondo Nacional de las Artes para editar los míos. Tenía material desde 1998 a 2017 y ahí me reencontré con lo que tenía guardado en la computadora. Así que me puse a editar y quedó un bloque con cierta unidad. No hice modificaciones, solo adecué una escritura que era un poco más adolescente. En el diario cuento que se me rompió la computadora y seguí en cuadernos, así que desde entonces hago backup de todo lo que escribo. Todavía no tengo un proyecto tan claro de editar el resto, aunque sé que en algún momento lo voy a hacer.

-T: En la actualidad el tono íntimo o confesional de los diarios suele estar en las redes sociales o en los blogs. Vos tenés ambas cosas, ¿esos espacios coexisten con los diarios?

-I.A: En Instagram no escribo mucho. Tuve un blog que era de escritura pero como es más público no era exactamente como un diario. Era algo de escritura cotidiana. Escribía todos los días y en algún momento me ofrecieron publicarlo pero no quise porque me parecía que era un formato muy propio y además era una cantidad de texto muy grande para seleccionar y editar. Sería complejo darle una conclusión. No me pareció adecuado pasarlo al formato de libro.

-T: Pero los diarios sí, e incluso en Bosque Energético, una editorial nueva, que va a apostar solo a publicar ese género.

-I.A: Sí. Es muy lindo el proyecto. Yo generalmente tiendo a publicar en diferentes editoriales y generalmente coincido con proyectos nuevos porque hay mucha movida editorial. Me pasa que cada texto quizás encaja en una editorial diferente porque tiene distinto estilo. El año próximo voy a publicar cuentos en Libros del Cardal, que es nueva, un sello que saca Damián Cabeza, de La Libre. Y la novela “Quédate conmigo” salió por Marciana.

-T: Con “Diario de los quince” incursionás en ese género pero también escribiste ensayo, cuento y novela.

-I.A: Me siento más cómodo en el cuento. Escribí dos novelas pero es un género que no me atrae tanto. Escribir una novela es placentero, es tener un proyecto todos los días, pero requiere un tipo de vida que no tengo o un tipo de dedicación que no va con mi modo de vida y prefiero mucho más el cuento, me parece más poderoso, más amigable teniendo en cuenta la forma en que socializo yo, que es participar de lecturas.

-T: Respecto de los diarios, lo que llama la atención es que además de contar la vida cotidiana en la adolescencia, hay una permanente reflexión sobre la escritura, sobre las diferencias entre la ficción y el género “confesional”, por llamarlo de alguna manera.

-I.A: Es curioso. No sé si en otro momento de mi vida me preocupó tanto la escritura. Supongo que tiene que ver con que, cuando uno es adolescente tiene una intensidad especial. De algún modo tu vida está limitada. Está la intuición de que puede haber muchas otras cosas, pero creo que desde chico tuve la sensación de que la escritura era mi ocupación principal y un tema sobre el que tenía que trabajar y preocuparme.

-T: En varios momentos hablás de tu trabajo y de tu “trabajo placentero” que es la escritura.

-I.A: Sí. Tenía 15 años cuando empecé a trabajar de cadete y luego de periodista y además estaba la escritura. Muy parecido a mi vida actual. Me tomaba muy en serio la escritura aunque sin motivo ya que no tenía el interés de publicar. Tenía la preocupación de lo que iba a estudiar, si iba a estudiar Letras y si iba a tener que trabajar de otra cosa que no fuera escribir.

-T: También está presente el agobio por la relación con otros, el sentirse diferente. No te interesaba salir como a los demás.

-I.A: Yo fui a una primaria en una escuela rural en la que éramos unas pocas personas. Nos fuimos a vivir a Tandil cuando tenía 13 años y fui a una secundaria donde había 40 chicos. De pronto el cambio era bastante abrumador, yo me sentía diferente pero sin ponerle una categoría muy clara, el peso social era muy fuerte.

-T: Los diarios son bastante previos a tu transición en 2018, sin embargo hay algunas fluctuaciones en los pronombres, en general escribías en femenino pero surgen algunos pronombres y adjetivos masculinos cuando hablabas de vos

-I.A: Sí. Me lo hicieron notar. A veces mientras estaba escribiendo surgía el masculino, sin querer, como por error. Decidí dejarlo así al editarlo. Para mí fue algo que afloró sin que yo tuviese tanta conciencia. Aunque algunas cosas aparecen de mi relación con mi cuerpo y con el ser mujer, pero sin tener tanto protagonismo.

-T: Después de tu transición, ¿te planteaste reeditar tu literatura para adaptarla al masculino?

-I.A: “Una idea genial”, mi novela autobiográfica, está escrita en femenino y la reedité pero no modifiqué eso porque fue escrita de esa manera. Para algunos es difícil de entender el momento de la enunciación. Si hablo de mi pasado desde el ahora me estoy reelaborando. En los diarios decidí mantener ese momento de enunciación en femenino, incluso si hubo una vacilación y usé alguna vez el masculino.

-T: Llama la atención la sistematización que hacés en los diarios de montones de cosas. Todo el tiempo aparecen listas de propósitos, de planes, de objetivos, de gastos.

-I.A: Empecé a escribir viendo a mi mamá hacer listas de compras. Yo la veía y quería hacer lo mismo porque ya me gustaba escribir y cualquier excusa era buena. Entonces esas listas son una de las primeras cosas que me acuerdo que escribía.

-T: Lo extraño es que en medio de una escritura autobiográfica que podría ser caótica irrumpe algo tan sistemático como una lista y esa irrupción se repite.

-I.A: Yo pensaba que iba a ser caótico el diario y no lo era para nada. Creo que con los diarios tenemos la fantasía de que podemos controlar nuestra vida y organizarla. Las listas se vuelven una manera de expresarlo y eso es algo que está siempre en mi escritura, la tensión entre el caos y el orden. Mis cuentos comienzan frecuentemente de una manera caótica y todo se va acomodando hasta darle un sentido. Incluso creo que editarlos en forma de libro a los diarios les hizo mucho bien. Hizo que se encapsularan. Creo que valió la pena.

-T: ¿Cómo te llevás con la intimidad, con exponer tu interioridad, a tu familia, a tus amigos?

-I.A: Tengo un desapego con mi propia existencia bastante grande. Creo que tengo un distanciamiento muy grande, que cualquier en cosa que escribo no es nada mío por más que sea casi idéntico a mi vida. Aún escribiendo cosas autobiográficas no las considero algo tan cercano a lo real, siempre es una personalización que uno hace de su vida. Creo que todo lo que la gente lee habla más de la gente que del texto en sí mismo, que de mí, no puedo hacerme responsable de lo que la gente encuentra en mis textos. (Télam)