(Por Milena Heinrich) Con la precisión de las agujas del reloj y una escritura que tensa la noción del miedo hasta devolverle su peor cara al horror, Mempo Giardinelli escribe una novela urgente, que testimonia la experiencia del terror desde un punto de vista subjetivo: "Esto nunca existió" es una trama que se urde entre el paisaje real de la última dictadura cívico militar y la ficción para narrar la mirada amenazada de un escritor sin conexiones partidarias que sabe que cada minuto vale y que en un mal paso se le juega la vida.

"Todo lo que querés es salir de ahí, pero a la vez te frena saber o pensar o creer que al menor movimiento que hagas la serpiente va a picarte con velocidad de mosca", dice Pancho, narrador de esta novela, escritor y periodista, un hombre de izquierdas, no encolumnado en organizaciones partidarias, y que un día recibe la llamada del editor a cargo de la publicación de su primera novela, pronta a salir: "Recibimos visitas. Recién se fueron. Mejor andá a dar una vuelta". Desde entonces, el miedo. Y para Pancho el miedo es como mirar de frente a una yarará, siempre al acecho.

¿Cómo se narra el terror? "Es narrar con miedo y desesperación. Y procurando que el texto logre empatías y que su significado no sea trivial", dice Giardinelli en entrevista con Télam. Así, con ese pánico poroso que el escritor chaqueño desnuda en la novela, transcurren los días del protagonista narrados como entradas de diario, cronometradas con la exactitud de un relojero, minuto a minuto, donde cada pieza es significativa porque Pancho sabe que está en peligro él y también los suyos.

Las palabras son símbolos que alojan otros sentidos y "recibir visitas" durante el Terrorismo de Estado era la notificación camarada del horror, la implosión de la angustia y la tensión que entra por su dimensión individual pero que se sabe colectiva. "Todos sabíamos todo, todos vivíamos en guardia", sostiene Pancho, que entre su memoria personal y la colectiva va componiendo un paisaje de época, que es testimonial y por eso urgente.

Como al narrador de esta ficción a quien las fuerzas represivas le queman su primera novela antes de ser publicada, al escritor Mempo Giardinelli le pasó lo mismo con su libro "¿Por qué prohibieron el circo?" que preveía editar en el 76 y cuya desolación en la hoguera fue puntapié de esta trama que hace tiempo venía dándole vueltas en la cabeza. Y quizá algo de su memoria personal y colectiva se imbrique su trabajo al frente de la fundación que lleva su nombre, dedicada a promover la lectura y el pensamiento crítico con acciones concretas como el Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, entre muchas más.

"Esto nunca existió" (Edhasa) tiene la sintonía de un thriller que atrapa y angustia, pero también es una teoría literaria porque su narrador se permite reflexionar sobre la literatura y la escritura, esa forma de imaginar el mundo censurada para quienes veían en la libertad una señal de peligro. El narrador reflexiona como un estado del arte sobre su oficio y en ese ejercicio construye definiciones como que la literatura es verter en el caldero de la imaginación los fragmentos de las cosas o que "la literatura no está en lo verídico si no en lo posible".

Mempo Giardineli nació en Chaco, es escritor y periodista, fundador de la revista literaria Puro Cuento, especialista en pedagogía de lectura, escribe también literatura para infancias y es autor de novelas como "Luna", "El cielo con las manos", "La última felicidad de Bruno Fólner" y otra decena de títulos, traducidos a 30 idiomas. "Esto nunca existió" es su última novela.

-Télam: Para el narrador la literatura es ese verter fragmentos de cosas y de casos, ponerlos a hervir en la imaginación y cuando salta la tapa, entonces ahí hay una historia. ¿Funciona parecido en tu caso?

-Mempo Giardineli: Sin dudas es lo que me sucede. Desde mis primeros textos compruebo que esos hervores de la imaginación determinan lo que escribo. No creo en leyes universales para escribir literatura, pero sí me sucede que siento creativo entregarme a las reglas de la propia escritura y siempre pensé que eso mismo les sucedía a Girondo o a Cortázar, a Jorge Amado y Lispector y a Carpentier, por citar casos para mí ejemplares.

-T: ¿Cómo surgió la estructura de la novela, escrita con la exactitud de un reloj, en ese formato tipo diario con minutos precisos? Ese recurso temporal genera una gran tensión, la posibilidad de ir y venir y confrontar los estados del personaje.

-M.G: A medida que avanzaba en la narración sentía que la sucesión de acontecimientos no podía, o no debía, depender de un tiempo cronológico sucesivo. Creo que fue por eso que hacia la finalización del relato comprendí que el tiempo interno de la novela debía ser lo determinante. Me agrada que esta peculiaridad llame la atención ahora, señal de que era necesaria para el relato.

-T: ¿Qué te permitió reponer un narrador escritor para pensar el ejercicio de la ficción en un fragmento histórico y político real?

-M.G: A mí me parece que todo texto es, en sí mismo, poco más que una posibilidad, un sueño, quizá una teoría no probada. Y creo también que escribir es intentar, acaso balbuceante, una respuesta a las preguntas que plantea todo texto ficcional. Desde estas dos convicciones, que no creencias, el personaje, Pancho, navega, digamos, a la vez en la historia política real del país y a la vez en la ficción que necesita para ver si sobrevive.

-T: "Esto nunca existió" propone una mirada subjetiva de una historia social y política del horror, a veces jugando con lo subjetivo como algo chiquitito, quizá nimio frente a lo sistemático ¿narrar y hacer memoria es una tarea que asumís como escritor o como alguien comprometido con su tiempo?

-M.G: No sé si sabría responder esta pregunta, que es trascendental y decisiva. Lo que apenas creo saber es que siempre sentí algo así como un deber moral: el de jamás dejar de ser consciente de que también soy hijo del horror que vivieron mi patria y decenas de miles de compatriotas. Supongo, sí, que es generacional, pero a la vez y como todo imperativo categórico es determinante. Y en una novela como ésta, que propone lo que propone, no podía sino ser parte argumental de un texto más de mi producción, que ya es numerosa.

-T: ¿Qué eficacia tiene la ficción para contar aquello que llamamos real o qué potencia tiene la literatura de escribirse con los recuerdos de uno y de otros, los que se toman prestados?

-M.G: Esas hipotéticas eficacia y potencia confieso que me superan. La ficción narra lo real como puede hacerlo quien escribe, o sea como le sale a cada autor o autora. Y habida cuenta de que incluso lo real, en literatura, es siempre una hipótesis. En esta novela creo que sólo quise dejar el testimonio de una mirada sobre un desdichado paisaje epocal. Pero tampoco estoy seguro.

-T: Ese ejercicio literario que a veces parece un thriller por el suspenso en cada minuto ¿es también una forma de salvar al miedo de su perpetuidad eterna, de sanarlo? ¿De hacer el dolor literatura tal vez?

-M.G: La hipótesis de su pregunta me parece mejor que cualquier respuesta que yo encuentre. La literatura policial, de suspenso o "Negra" como creo que debe llamarse, es en casi todos los casos una mera propuesta ficcional, no sin gracia e inteligencia. De ahí su inmensa popularidad. Sin embargo en el caso de esta novela me parece que hay algo mucho más grave bajo la superficie. De ahí que propongo que "esto nunca existió" pero eso también es sólo una hipótesis. (Télam)