Desde los lenguajes de objetos y el cuerpo como espacio de disputa y límites varios, Emilio García Wehbi, creador de instalaciones y performances además de puestas teatrales y obras, cuestiona las realidades desde el recurso de la literatura del yo, mientras intenta no caer en la trampa del espacio acotado del arte.

En la novela "Maratonista ciego", que trata de fantasmas (pérdidas), vínculos y del tiempo, entre otras cuestiones, deslumbra desde la ficción y lo autobiográfico que se instala en esa categoría de la filosofía del yo literario y el recorrido autoral artístico versátil, multifacético, de un hacedor de mundos que irrumpe y bebe en multiplicidades de otros escritos y autores.

"Estoy trabajando en una nueva pieza escénica para 2022 junto a Maricel Alvarez, al crítico cultural catalán Marcelo Expósito y a Martín Antuña que se llamará "Nocturno de Ulrike", y que rondará la biografía de la periodista y guerrillera Ulrike Meinhof así como también reflexionará acerca de ciertas condiciones de la lucha armada en las décadas del 60 y 70 en el mundo, siempre desde un punto de vista poético, distanciándose de la realidad", refiere sobre sus nuevos proyectos.

Sus espectáculos, óperas, performances, instalaciones e intervenciones urbanas -como el proyecto Filoctetes (2002-2007) junto a Maricel Álvarez-, han sido presentados en los principales festivales en distintos países. Dirigió "El sueño de las piedras" (2021), "65 sueños sobre Kafka" (2020), "Vida y muerte del concepto clásico de utilidad" (2019), "Tiestes y Atreo" (2018), y "Las chanchas" (2018), entre muchas otros. También cabe recordar la puesta de "Máquina Hamlet" (1995) de Heiner Müller con El periférico de objetos.

Por estos días está en exhibición en el Centro Cultural de la Ciencia la instalación "Ciencia ficción", otro trabajo conjunto con Maricel Álvarez que pone en juego la relación del arte y de la ciencia a través del uso metafórico del lenguaje.

Entre algunos de sus libros están "Luzazul", "Casa que arde", "Artaud lengua madre" escrito con Gabo Ferro, "¿Sangre o kétchup?" y la "Trilogía de la columna Durruti".

-Télam: La literatura del yo es un campo intenso hoy en muchas obras literarias pero también en las interacciones que tienen lugar en las redes donde el regodeo narcisista no parece dejar margen para mucho más ¿Hay en tu manera de utilizar materiales autobiográficos una crítica o una parodia a este fenómeno? ¿Cómo se configuran hoy las fronteras entre lo privado, lo público y lo impúdico a partir de formulaciones como las que declaman que lo personal siempre es político?

-Emilio García Wehbi: Con esa misma inquietud es que me volqué al género de la autoficción, que en realidad no me interesa especialmente. De hecho, me provoca muchas sospechas. Bajo su paraguas se han producido y se sigue produciendo mucha obra narcisista, ombliguista, miserabilista y autocompasiva que me resulta lamentable. Ya con las redes sociales tenemos bastante de esa basura. Yo pretendía indagar cuáles eran los límites éticos de la exposición pública de lo personal para que ese "yo" le hablase al otro, al lector, y no a sí mismo, en ese juego vulgarmente narcisista y obsceno de mostrar mis prendas interiores sucias o mi diario íntimo de adolescencia. El narrador de mi novela -un alter ego que utiliza la tercera persona- se pregunta: "¿Hasta dónde es lícito hablar? ¿Desde dónde hacerlo? ¿Cuándo hay que callar? ¿Cuánto hay que narrar? ¿Hasta dónde hacerlo? ¿Cuál es la medida del recato, del decoro? ¿Qué puede ser dicho y qué debe callarse?"

Por otro lado, el viejo lema feminista de "lo personal es político" se ha pervertido en esta época de slogans compartidos irreflexivamente. Hoy lo personal se confunde con lo privado. Y lo personal sí es político, lo privado no.

-T: En un texto reciente que escribiste hablás sobre Christoph Schlingensief y tu admiración por él. Señalas que él pudo sustraerse a la trampa del espacio acotado del arte ¿Consideras que pudiste eludir esa trampa? ¿Cómo se pivotea entre lo establecido y el rompimiento de esas barreras y escapar al artivismo, por ejemplo?

-EGW: Si admiro a Schlingensief es justamente porque ha sido de los pocos artistas que ha logrado, aunque sea de cierta manera, sustraerse a dicha trampa. Yo no he sido capaz de hacerlo todavía -aunque lo he intentado de muchas maneras-, pero ello no quiere decir que no deje de buscarlo cada vez. Y seguramente cada vez falle. Una y otra vez. Pero me conmina a seguir intentándolo una frase de un periodista y poeta argelino asesinado por un comando islámico en los 90, Tahar Djaout, que dice "Si hablas, mueres. Si callas, mueres. Así, pues, habla y muere". (Télam)