Con una escritura despojada, que le escapa a cualquier prescripción efectista y se corre de las convenciones de los géneros, Francisco Bitar presenta "La preparación de la aventura amorosa", una novela que se detiene a pensar en los vínculos y los mitos que componer la biografía amorosa de una persona, para construir una narración que si bien alumbra una forma en la que los amores se cuentan, más se inclina por explorar las posibilidades que ofrece la literatura para pensar desde el pasado la propia experiencia.

Si los amores marcan los caminos que toma una vida ¿Qué los hace y deshace? ¿Por qué a veces se sostienen como relatos insondables capaces de determinar el futuro amoroso de una persona? ¿Se puede pensar una vida en función de una aventura que persigue ese estado de enamoramiento, de deseo? ¿Es el amor un significado unívoco? Un sueño recurrente de Cerro, el protagonista de esta novela, en el que su madre se aparece muerta, dirige la intimidad de la respuesta: "Vos solo vas a tener que decidir qué cosa es el amor".

Para descubrir qué cosa es el amor, "La preparación de la aventura amorosa" (Tusquets) da saltos entre el presente y el pasado de la vida de Cerro, llegando a la infancia y a la adolescencia. Un protagonista del que se sabe menos de su vida que de sus relaciones afectivas y amorosas: su edad -unos 30 o 40 años-, tiene un hermano con el que se encuentra en varias oportunidades de una manera muy misteriosa, está invadido por la preocupación de cómo vincularse con las mujeres y lo acompaña el impulso de un deseo constante de insatisfacción.

El libro también inaugura el primer volumen de la serie De ahora en adelante, un proyecto en el que Bitar se propone retomar su propia biografía para construir ficción, un registro que el autor creía "abominable" pero que ahora inscribe en la experimentación permanente que realiza con el lenguaje y la escritura, como lo hizo en otra clave pero igual de experimental en la crónica "Historia oral de la cerveza", donde traza un recorrido poético por las relaciones sociales a través de la cerveza, como una larga conversación fragmentada.


Télam: ¿Cómo se gestó este libro?

Francisco Bitar: Tiene que ver con un cansancio de la ficción. Yo ya no estaba en condiciones ni de seguir leyendo o escribiendo ficción tal como lo venía haciendo, un poco con las claves que decía recién respecto de la novela. Se me ocurría que todo lo que la ficción tenía guardado para mi ya se había agotado. Y de manera de seguir escribiendo pero a su vez de sentirme afectado por lo que escribo, apareció la idea que antes me resultaba abominable de involucrar en lo que escribía episodios de mi vida.

Y ahí mismo apareció un nuevo deseo, arrasador: pensar en la posibilidad no exactamente de lo biográfico sino pensar la vida como obra. Me interioricé en esa serie de proyectos, como "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust, los libros de Mauro Libertella. Y pensé en armar yo también una serie, que es algo que de todas maneras se fue afianzando a lo largo de la escritura. Y está pensado como serie porque hay una continuidad pero no de manera lineal sino abordando distintos planos de la vida, como la familia, la amistad. Ya de hecho hay dos volúmenes escritos bastante avanzados.

T: ¿Y qué lugar ocupa esta novela, la primera, en esa serie?

F.B: Este volumen se podría considerar como un libro de pasaje. Pasaje entre los libros de contenidos menos atravesados por la ficción y más concernientes a mi vida. Esa especie de ambigüedad del libro se termina de cotejar en la parte donde se da cuenta de los amores de infancia de Cerro: eso es netamente biográfico. En ese momento, la biografía entra con una fuerza total.

De todas maneras, voy hacia lo biográfico no en términos de biografía sino porque me interesa la posibilidad de que mi vida se inscriba en lo que estoy escribiendo. El principio biográfico es tan convencional como son los principios de la ficción de género. El valor que se puede encontrar en algo así como un registro biográfico (hay ciertas migraciones como el narrador en tercera, el tiempo presente) tiene más que ver con los biografemas, unidades biográficas que aparecen a lo largo del texto. Lo entiendo más como la posibilidad no de reproducir lo que ha ocurrido en una vida sino de saber a través de la escritura algo que no estaba presente. La escritura construye la vida y no solamente da cuenta del pasado.

Como sabemos, el género lo que hace es cristalizar la estructura de un determinado texto en un molde, inmovilizar el pasado. La biografía quiere una exposición lineal de los eventos del pasado: tratar de encontrar en el pasado un sentido. De ninguna manera es lo que intenta hacer este libro, no hay sentido en el amor. El personaje intenta encontrar patrones, los intenta encontrar en estos distintos episodios de su pasado pero al cabo nada de eso fue posible. Lo que hizo el personaje fue iluminar algunos episodios del pasado a raíz de la urgencia del presente.

T: Si el imaginario común relaciona amor con melosidad, esta novela ensaya un ejercicio muy diferente: despojada, limitada a la descripción de acciones, de pensamientos, escapa del exceso de adjetivación ¿Qué te interesaba explorar en este trabajo del lenguaje?

F.B: Yo traigo de mi entrenamiento con la ficción una lengua. Establecí una especie de lengua al interior de la lengua, es decir: ciertas coordenadas del relato ya están allanado. Lo que me interesaba esta vez era detenerme en algunos tramos, hacerlos durar tanto como se pudiera, por ejemplo los encuentros fortuitos del personaje con su hermano y que ese misterio devolviera como cierta amorosidad, tensarla. Ver hasta dónde podía llegar.

Yo traigo de mi entrenamiento con la ficción una lengua. Establecí una especie de lengua al interior de la lengua, mi trabajo sobre ciertas coordenadas del relato ya están allanadas y este trabajo sobre la primera persona en presente, algunos rasgos sintácticos, las interrupciones en el texto como un texto medio destrozado o paragrafiado. Lo que me interesaba esta vez era detenerme en algunos tramos, hacerlos durar tanto como se pudiera, por ejemplo los encuentros fortuitos del personaje con su hermano y que ese misterio devolviera como cierta amorosidad.

T: El punto de partida de esta novela es que el amor es polisémico, subjetivo, para nada uniforme. Acaso inerrable ¿por qué la decisión de abordar este tema?

F.B: No decido nada en términos de escritura. Primero encontré que había unas historias que se podían poner en serie y después ya me di cuenta que esa serie respondía a la cuestión del amor y la abordé más directamente. No hubo un plan preestablecido y si hubiera habido, como siempre me ocurre, se hubiera torcido. Porque un poco la escritura es eso: torcer el plan inicial.

Lo que hice fue explicármelo un poco a mi mismo. De ahora en adelante tiene que ver con explicarme un poco a través de la escritura qué es lo que pasa en mi vida, por ejemplo en el plano del amor. Pero puede ser también en el plano de la amistad, el cuerpo, mi escolarización o mi escritura. En ese sentido, la serie se presenta inacabable porque es justamente la idea de hacer de la escritura un género performativo, como que la escritura sea la que me diga lo que es la vida y no que la vida quede reproducida en la escritura, que no sea anterior a la escritura.

T: "Cambiar de mujer y cambiar de vida significan una sola cosa", dice el narrador ¿de qué modo el amor, el vínculo afectivo amoroso determina un tiempo, una historia?

F.B: Yo no sé cómo los cambios en el amor suponen cambios en la vida, no sé qué es primero. Cambiar nuestra relación con el amor supone un giro vital. Supongo que ahí lo que pasa es que cambia la relación con el pasado. El pasado está siempre en movimiento, el pasado no termina de hablar, no termina de suceder, no termina de ocurrir. Y de hecho el libro y los que vienen, suponen las distintas alternativas de esa ocurrencia. Cambia el amor porque el pasado ocurre de una manera distinta. El pasado irrumpe de una manera distinta en la vida de este personaje, lo que lo lleva a volver sobre determinados episodios de ese pasado. (Télam)