El artista francés Christian Boltanski (París, 6 de septiembre de 1944), quien se hizo famoso por sus instalaciones que combinan angustia, emociones y recuerdos además de su participación como padrino de Bienalsur, falleció en París a los 76 años.

Fotógrafo, escultor y cineasta, es reconocido como uno de los principales artistas franceses contemporáneos de la segunda mitad del siglo XX a partir de su trabajo sobre la memoria, la fugacidad de la vida y el destino.

Boltanski fue uno de los primeros en sumarse al proyecto de Bienalsur, organizado desde la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref).

En este espacio de arte de cartografía expandida que busca otro tipo de circulación simbólica del arte en el mundo, el artista trabajó sobre los mitos como último proyecto de su vida. En 2017 presentó la instalación sonora "Misterios" en la costa patagónica, donde le preguntaba a las ballenas sobre el origen del mundo (con silbatos que imitaban el sonido de los cetáceos). También hizo sonar cientos de campanas en los vientos del desierto de Atacama (Chile) en 2014, como otro tipo de instalaciones al aire libre.

Y en 2019 curó su work in progress "Draw me a flag", en simultáneo en Buenos Aires y Río de Janeiro. También fue protagonista de la exposición "Extranjero residente" con sus "Caminantes" y "El último vals".

En la tercera edición de Bienalsur que inauguró el jueves pasado en Salta iba a presentar su proyecto "Animitas", una intervención en la Pinacoteca Vaticana (Vaticano), en tanto que con la obra "Les disparues" planeaba participar de una exposición en el Museo Caraffa de Córdoba.

"Lo que trato de hacer con mi trabajo es plantear preguntas, hablar de cosas filosóficas, no por historias a través de palabras sino por historias a través de imágenes visuales. Hablo de cosas efectivamente muy simples, comunes a todos. No hablo de cosas complicadas. Lo que intento hacer es que la gente se olvide que es arte y piense que es vida. Para dar esta impresión de vida me sirvo de medios artificiales, del arte; no es la realidad, hago teatro; trato de que el espectador en ese momento olvide que está en un museo", decía Boltanski en una entrevista en 2012.

El artista participó en exposiciones en muchos países y en 2019 tuvo una retrospectiva en el Centro Pompidou de París. Y en el edificio de la ex Biblioteca Nacional de Buenos Aires, como homenaje a Borges, presentó la instalación sitio específico "Flying books" en 2012, con unos 500 libros suspendidos en el espacio de la sala de lectura.

Entre sus intervenciones también están las realizadas en sitios emblemáticos como la iglesia derruida de Dresden o su gran intervención "Migrantes" en Muntref, con un proceso de trabajo que demandó dos años.

Boltanski había nacido a pocos meses del fin de la Segunda Guerra Mundial, menos de un mes después de la liberación de París como hijo de un matrimonio entre padre judío y madre cristiana. Las huellas del Holocausto están presentes en obras como "Nommer Canada" (1988) o "Le Lac des morts" (1990), armada con montones de ropa colgados o esparcidos por el suelo en referencia a las víctimas en los campos de exterminio.

Artista visual autodidacta, comenzó a pintar a los 14 años, actividad que abandonó antes de 1968.

En sus obras trabajó con fotografías antiguas, ropa usada, objetos personales y cotidianos usados, recortes de periódicos, cartas, entre otros, como testimonio de la brevedad de la vida. Sus obras rescatan la singularidad de lo humano a través de los temas del azar, la suerte y la desgracia, según definió alguna vez la historiadora del arte Diana Weschler.

Entre 1969 y 1971, Boltanski comenzó a reconstruir su infancia a partir de fotografías, y a principios de los 80 comienza a utilizar fotografías de personas anónimas. Sus temas recurrentes fueron la muerte, la vida y la identidad, como marcas de un archivo y memoria.

La soledad en la multitud está en sus primeros cortos y en instalaciones como "Sombras", "Chance" y "Archivos del corazón", que atesora en la isla de Teshima en Japón desde 2005 los latidos de más de 70.000 personas que participaron en el proyecto, entre ellos los recogidos en Tecnópolis.

El artista había realizado su primera exposición en mayo de 1968 bajo el título "La Vie impossible de Christian Boltanski". Allí irrumpía en escena con instalaciones, muñecos de tamaño natural y una primera película, donde formuló uno de los principios esenciales de su obra: "la autobiografía" que deviene "a través de la fábula, la ficción, la insinuación y la ironía", señala Le Monde.

Las emociones, angustias y recuerdos de la vida están presentes en su segundo film "L'homme qui tousse" y "L'homme qui lèche, ambos de 1969, mientras que de 1972 es su libro "Dix portraits photographiques de Christian Boltanski 1946-1964", y "Les Enfants de Berlin" de 1975, ambos fotográficos.

Sus mayores instalaciones se exponen en museos de Madrid, Boston, París, Santiago de Compostela y Ámsterdam, entre otras. (Télam)