(Por Mercedes Ezquiaga) En su nuevo libro "Antología del sueño argentino", el artista y escritor Fabio Kacero (1961), quien desde los años 90 ha moldeado su obra al calor de la literatura, simula el clima enrarecido y surreal de los sueños para dar forma a una serie de relatos de ficción encadenados a través de pequeños detalles y que se construyen con el "método compositivo, la mecánica" con las que se relatan los mismos sueños.

Es el tercer libro que publica por Mansalva este creador quien, a lo largo de su carrera artística, ha trabajado con la literatura y lo escrito; con las palabras en su materialidad para alterar los sentidos dados, traducir y trasponer los vocablos y las expresiones en instalaciones, videos, objetos y pinturas.

Un día decidió aprender a copiar exactamente igual la caligrafía de Jorge Luis Borges para una obra que llamó "Fabio Kacero, autor del Jorge Luis Borges, autor del Pierre Menard, autor del Quijote", que consistió en copiar de puño y letra aquel cuento borgeano en una hoja en blanco, siempre con el sello de lo lúdico y el sentido del humor que impregna la totalidad de su producción.

Obras bautizadas Xul Lunar o El oso Bipolar, un catálogo que solo incluye índices bibliográficos, páginas de libros con dedicatorias enmarcadas, un extensísimo diccionario de palabras que no significan nada ("lundarcist", "olcij", "lormet", "hasme", "opralin", "anavilor", "antolf", "uldiez", "ompracio") son algunos de los recursos a los que echó mano en su trayectoria artística que incluye una muestra antológica en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Su más flamante creación, "Antología del sueño argentino", publicada en el sello "Ficción" de la editorial, es un conjunto de relatos fantasiosos, de ensueño (¿Acaso no lo son todos los cuentos?) en los que vuelve a experimentar en la escritura, con ese clima que destilan los sueños cuando alguien los cuenta, a mitad de camino entre los inverosímil y la realidad.

En una entrevista con Télam, Fabio Kacero dice que pensó mucho en los sueños, y cómo podría adoptar su método compositivo, o su mecánica, a la escritura: "Nunca se trató de contar sueños o de transcribirlos, sino más bien del intento de ajustar una escritura al modo que operan o componen los sueños. Da lo mismo de que tratemos con sueños, o con eso que llamamos realidad. Tal vez todo sea una misma sustancia con diferentes atributos. Podríamos decir que la literatura es la continuación del sueño por otros medios".


- Telam: ¿Cuánto de vos está volcado en las voces narradoras de los relatos de Antología del sueño argentino?

- Fabio Kacero: Volcado de mí en el libro todo y nada. Nada porque no me sirvo de mí biográficamente; sí de mi vida, por supuesto, pero -haría esta distinción- mi vida no es mi biografía. Los hechos biográficos son exteriores, la vida en cambio... Nada hay tampoco de mis sueños. De hecho el título del libro "Antología del sueño argentino" contiene esa palabra sueño que es muy condicionante para la lectura. Quería evitarla pero ya llamaba familiarmente al libro así desde un comienzo y terminó por imponerse. Sí me interesaba el sueño, pero no como transcripción, no como quien cuenta un sueño, sino más bien llegar a la impresión del sueño, sin recurrir de manera más obvia al contenido. Creo que de algún modo los relatos de la "Antología..." no dejan de ser cuentos, o sueños cuentificados, si querés, o novelados, porque todo los textos resuenan unos en otros como si los amalgamara un tejido conectivo de ecos, de leves semejanzas o repeticiones, aunque no sé si el lector lo percibe muy claramente.

-T: ¿Buscaste replicar el clima que sobrevuela cuando uno apenas despierta de un sueño?

- FK: Replicar un clima es una buena forma de decirlo, y es interesante lo que me preguntás porque yo utilizo ese momento, el pasaje del dormir al despertar, y me quedo ahí, en esa zona intermedia. Con "me quedo ahí" quiero decir que cuando me despierto por la mañana salgo de la cama una hora, incluso más, después de despertarme, y ese tiempo que paso bajo las sábanas, sin abrir los ojos, es un momento único, mejor dicho, un estado único, en el que permanezco a voluntad, y donde mi mente funciona de otra manera, en una frecuencia que captura todo tipo de pensamientos e ideas, que después, más tarde en el día, se desvanecen o continúan, son útiles o desechables. "Utilizo" ese momento. La "Antología..." se elaboró en esa zona, aunque la escritura después lo desvía todo y lo lleva a lugares imprevistos.

-T: ¿Cómo fue la preparación y el proceso de escritura alrededor de 'la mecánica' de los sueños?

-FK: Sólo pensé mucho en los sueños, y cómo podría adoptar su método compositivo, o su mecánica, como decís vos, a la escritura, porque nunca se trató, reitero, de contar sueños o de transcribirlos, sino más bien del intento de ajustar una escritura al modo que operan o componen los sueños: cambio abrupto de escenas, saltos temporales, ausencia de explicaciones, aparición de una persona que a la vez es otra (doblez de identidades que también puede afectar a los espacios), inminencia simbólica. Incluso creo que los sueños no tienen imágenes, no al menos como las que vemos con los ojos abiertos, son otra cosa. No me refiero a que las imágenes oníricas puedan ser delirantes o extrañas respecto de la realidad, digo que la naturaleza de la imagen en un sueño no es exactamente visual. Y al decir método compositivo me refería a que un sueño tampoco estructura una narración, una historia, por más que tome ese aspecto, como cuando alguien le cuenta un sueño a otro. Sin embargo no me impuse respetar estas condiciones o rasgos que destilé del sueño al ponerlo bajo observación, como una receta a la hora de escribir, sólo las mantuve como marco dentro del cual moverme, quizá, pero nada más. Porque, por otra parte, ¿qué puede hacer el lenguaje con eso? Es una materia imposible. Bueno, da lo mismo de que tratemos con sueños, o con eso que llamamos realidad. Tal vez todo sea una misma sustancia con diferentes atributos. Y aún así, considerando estas divergencias de naturaleza o de estructura, podríamos decir que la literatura es la continuación del sueño por otros medios.

-T: ¿El arte conceptual está hoy en la literatura?

-FK: Yo llego a la literatura por dos lugares diferentes. Por un lado por la figura -como si fuera un personaje- de un tipeador compulsivo, que comenzó a teclear en la computadora (allá por el año 2000) y a producir sin parar "palabras", o más bien un interminable combinatoria de letras que parecían palabras. Todo ese material decantó primero en una instalación (las "palabras" estaban impresas en un centenar de hojas dispuestas en una mesa angosta y larguísima), y años más tarde devino libro, en rigor mi primer libro (continúo tipeando todavía hoy pero no con el ritmo inicial). El libro se llamó "nemebiax" que era una "palabra" más entre las miles y miles que constaban en él. Y así, de tanto tipear, decía, finalmente me puse a escribir, que vendría a ser lo mismo, la misma mecánica, pero con un sentido y utilizando palabras convencionales. El otro ingreso a la escritura fue que, como artista plástico, yo venía merodeando el objeto libro -falsas tapas de libros, dedicatorias arrancadas o también inventadas, escritura de índices de libros inexistentes- y en algún momento fue como si esas aproximaciones conceptuales hubieran convergido en un libro, pero uno escrito por mí, como si ponerme a escribir fuera el ápice, la culminación del arte conceptual. Básicamente una obra de arte conceptual viene a ser una especie de paquete que se abre y adentro contiene ideas ¿Y qué se hace con las ideas? hay que entenderlas. Ahora bien, si la literatura quedara reducida a esta dimensión, qué poca cosa sería. (Télam)