Desde que se inició la pandemia, una de las zonas más afectadas fue el centro porteño, que a partir de la modalidad de teletrabajo remplazó la postal de oficinistas, turistas, bares, librerías y consumo por otra dramática de persianas bajas, cierre de comercios y edificios deshabitados: la preocupación por el microcentro llegó a su punto de inflexión y la pregunta de fondo es a quiénes se dirigirán las políticas de planificación que la zona exige, como coinciden en señalar referentes del urbanismo, la política y las artes.

Para todos el diagnóstico es más o menos el mismo: el flujo de circulación cayó de manera abismal, por ende los locales vacíos en alquiler sobre las avenidas Córdoba, Pueyrredón, Corrientes y en la peatonal Florida se convirtieron en un paisaje fijo y creciente que se corresponde con un informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) difundido en mayo, el cual indicó que en el bimestre marzo-abril se detectaron 457 locales en venta, en alquiler o cerrados en áreas comerciales de la Ciudad de Buenos Aires, lo que implica un incremento del 65,6% en comparación con la prepandemia.

Pero la pandemia, su dinámica oficinista de teletrabajo y las restricciones al turismo internacional, no son la única responsable: el centro con sus oficinas públicas y privadas, su representación de belle époque porteña de bares y librerías junto a la concentración del poder político y financiero, también ha sido el reflejo de la situación de calle de muchas personas en la Ciudad de Buenos Aires, algo que testimonian las muchas crisis que vive este distrito.

Entre las crisis porteñas está la de sustentabilidad, como la pérdida de espacios verdes y la crítica que está recibiendo la iniciativa que busca habilitar la construcción de torres y negocios al lado de la Reserva Ecológica, pero el principal déficit es el habitacional, fruto de la desregularización estatal y la especulación del mercado, que subvierte la premisa de calidad de vida con unidades funcionales de pocos metros cuadrados que priorizan el negocio inmobiliario.

¿Es posible reimaginar el centro porteño poscovid? ¿En qué medida se puede resignificar la identidad urbana porteña que se despliega en emblemas del centro como bares, librerías, paseos, edificios históricos y patrimoniales, recordados por su vitalidad un día de la semana cualquiera? Si el punto de partida es el desarrollo de un plan de viviendas para rehabitar ese espacio que movilice la circulación ¿a quiénes deberán dirigirse esas reactivaciones? En diálogo con Télam reflexionan sobre estas preguntas los urbanistas Graciela Giulini y Pablo Montiel, la escritora Gabriela Massuh y el legislador Manuel Socías.

"Buen número de ciudades grandes están pensando y discutiendo soluciones para estos espacios donde suele confluir el centro histórico con el distrito financiero y alguna estación de trenes. Desde el comienzo de este siglo es cada vez más común que los lugares culturalmente más vivos de estas ciudades terminen estando en barrios alejados de estos centros que fueron conformados históricamente. Es hora de repensar las ciudades desde la circulación y apropiación de sus ciudadanos. Las necesidades de la vida urbana fueron cambiando y la pandemia aceleró este proceso", dice Montiel, urbanista, gestor cultural y músico.

Para la escritora Gabriela Massuh, "cuesta imaginar al microcentro porteño después del teletrabajo incentivado por el Covid, así como cuesta pensar de nuevo a toda la Ciudad vaciada por la especulación inmobiliaria. Cuesta porque el Gobierno de la Ciudad ya ha tomado medidas y veo que van en la misma dirección especulativa con el propósito de transformar también al microcentro en pasto de la especulación. Creo que no hay ya lugar para la imaginación", dice.

Y agrega: "La crisis sanitaria ha ahondado políticas que no respetan arbolado urbano, espacios verdes, espacios públicos, monumentos históricos, identidades barriales, usos y costumbres tradicionales, vivienda social, educación y salud públicas, en fin, todo aquello que hacer concebir lo urbano para el bienestar de la población que usa la ciudad y pretende sentirse amparada por ella".

Por eso Massuh, en cuya obra abordó la Ciudad de Buenos Aires desde el ensayo y la literatura como en uno de sus últimos libros, "Degüello", se anima a pensar, aunque con un tono de desesperanza: "Si tengo que imaginar el microcentro en esta gestión veo la repetición de un Palermo Soho con negocios de ropa, boliches con nombres en inglés, cervecerías artesanales, es decir, un consumo cultural para turistas o para la clase media alta porteña. Gentrificación pura, un paradójico ´poner en valor´ que no tiene en cuenta al resto de la población".

Desde la función pública, el legislador porteño Manuel Socías, del Frente de Todos, sostiene que "el centro concentra gran parte del patrimonio tangible e intangible con el que todos los porteños e incluso muchísimos argentinos se sienten identificados. Eso es indudable y por supuesto hay que cuidarlo. Los bares, librerías, teatros y el patrimonio arquitectónico forman parte de nuestra identidad".

Sin embargo, agrega, "también es cierto que en el centro que conocimos predominaba una dinámica urbana que seguramente no extrañemos: un uso casi exclusivo que lo dejaba vacío luego del horario laboral, pocos espacios verdes y públicos, mucha contaminación sonora y ambiental. Ahí es dónde necesitamos meternos para imaginarnos qué centro queremos".

En esa dirección, el legislador presentó un plan de recuperación que implica reconvertir en viviendas de alquiler los edificios de oficinas que quedaron vacías por el aumento del teletrabajo porque "convertir al centro en un barrio para la clase media aumentando el stock de viviendas para alquiler residencial, le dará una nueva vitalidad" y a la vez "ofrecerá una solución para las personas a las que hoy les cuesta muchísimo alquilar una vivienda en la ciudad".

"Estamos hablando de una zona privilegiada en términos de accesos, servicios, movilidad, oferta cultural. Hoy hay muchísimas oficinas vacías que deben reconvertirse en viviendas antes de que se sigan deteriorando ellas y su entorno", destacó.

Como recuerda y reflexiona la arquitecta Graciela Giuliani, "la necesidad de alojar residentes permanentes fue identificada como prioritaria desde hace muchos años. Una pregunta central es cómo volver atractiva para la localización de permanentes y cómo aloja a las y los diversos. Identificar microlugares para generar espacios verdes en terrenos donde antes había estacionamientos descubiertos sería un buen ejemplo para aumentar los atractivos y fomentar la residencializacion".

Además de ese flujo de residentes permanentes que deben pensarse "no en función de maximizar la renta sino en el marco del derecho al acceso a la vivienda", Giuliani cree que el espacio se rehabitará "paulatinamente" en la medida que se vuelva a la presencialidad.

Al respecto, argumenta que entre las claves para repensar el microcentro hay que "poner en contexto el área, ya que su marco también es el de la región metropolitana", localizar las distintas subzonas con propuestas diferenciadas y recordar que "es una zona privilegiada de la ciudad" que "recibió múltiples y altas inversiones en los últimos años", como "las autopistas Balbín, Illia, 9 de Julio Sur, Paseo del Bajo, peatonalización y mejoras del espacio público, Metrobús, extensión del subte E, el Centro Cultural Kirchner".

En su opinión, la cuestión está "en el mientras tanto": "Las medidas inmediatas podrían ser generar una moratoria en los impuestos pertinentes, revisando si los administrados están pagando plusvalías urbanas por las ya mencionadas inversiones públicas; proteger a las pymes, emprendedores y comerciantes (bares, librerías, teatros, hostels) con acciones diversas para que se mantengan en el área; mantener el espacio público incluida la limpieza permanente para evitar la acumulación de basura; atender a las personas en situación de calle".

Como explica Montiel, "los proyectos que andan dando vueltas hacen eje en la importancia de las políticas públicas como única forma de pensar la rehabilitación del microcentro y de una mayor habitabilidad en desmedro de las oficinas. Pero para lograrlo va a ser necesaria una ayuda económica importante para que no terminen siendo pisos baratos para inversiones en ladrillos que duerman vacíos hasta nuevos tiempos. Accesibilidad, densidad y mixtura de usos es la clave para que sea una zona viva y no una escenografía conmemorativa de un tiempo que pasó".

Por eso para el urbanista para repensar el microcentro "la clave es la gente y su calidad de vida. Si arrancamos pensando en pajareras de 18m2, empezamos mal. Estaríamos transformando el microcentro en el escenario de un ´Parasite´ sudamericano", dice aludiendo al film surcoreano que expone la difícil situación de supervivencia en una ciudad y sociedad que excluye y discrimina.

Desde el Gobierno porteño, el secretario de Desarrollo Urbano, Álvaro García Resta, viene anunciando un plan "para repoblar" el microcentro con una "mixtura" de usos diversos (viviendas, oficinas, comercios) y aunque todavía no fue enviado a la Legislatura, se informó que proponen la creación del Fondo de Desarrollo Urbano Sostenible (Fodus), que impulse el desarrollo de la ciudad a través de iniciativas públicas, privadas y mixtas.

Si se parte de la premisa de que la pandemia no es la única responsable del drástico cuadro de situación que vive hoy el centro porteño y en todo caso expresa la culminación de un movimiento que también se repite en otras ciudades del mundo, cuyos ciudadanos se mueven en busca de mejores condiciones de vida con espacios abiertos, entonces es importante reconocer, como dice Socías, que "el proceso de degradación del centro comenzó hace tiempo" y que "el Gobierno porteño debe asumir de una vez por todas su responsabilidad como orientador del desarrollo urbano en la ciudad y en el caso del microcentro el momento es ahora".

(Télam)