(Por Eva Marabotto) "Curso de Sociología", el libro más reciente del politólogo y educador Eduardo Rinesi realiza un seguimiento de la historia de la disciplina, desde Karl Marx y Emile Durkheim al desarrollo de los estudios sobre la "cuestión social" en la Argentina, y desde José Ingenieros y Ernesto Quesada a a los aportes actuales de Maristella Svampa, Ernesto Laclau y Mariana Luzi.

El volumen editado por Caterva se propone como un texto introductorio y recupera parte de las clases que Rinesi dio durante la pandemia en su cátedra de sexto año del Colegio Nacional Buenos Aires. Por eso el discurso conserva rasgos de la oralidad e incluye estrategias discursivas para atraer la atención del lector-oyente y disminuir la distancia con el objeto de estudio. El autor de "El Capital" es "Carlitos Marx" por ejemplo.

El curso excede con creces los límites de un manual escolar y se constituye en un texto introductorio para cualquier investigador o estudiante, que se articula a partir de capítulos dedicados a los grandes teóricos de la disciplina: Karl Marx, Max Weber, Herbert Marcuse, Wright Mills, Gino Germani, Miguel Murmis, Juan Carlos Portantiero y Horacio González, a quien el autor reconoce como su maestro.

En el prólogo, Eduardo Rinesi confiesa que no es sociólogo, estudió Ciencia Política en la Universidad Nacional de Rosario, cursó una maestría en Ciencias Sociales en Flacso y se doctoró en Filosofía en la Universidad de São Paulo. Fue rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento y director del Instituto del Desarrollo Humano de esa universidad. También integró el directorio de la Afsca.

Escribió los ensayos "Seducidos y abandonados: carisma y traición en la transición democrática", "Buenos Aires Salvaje", "El último tribuno. Variaciones sobre Lisandro de la Torre", "Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo" y "Las máscaras de Jano. Sobre el drama de la historia".

-Télam: El libro condensa la experiencia de 30 años de clases de sociología.

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-Eduardo Rinesi: Sí. Tiene que ver con las clases que di durante la pandemia pero más aún, con las que vengo dando en las últimas tres décadas, desde 1990, cuando era un joven profesor recién llegado de Rosario. Entonces conseguí unas cuantas horas y las seguí dando mientras continuaba mi carrera. Hubo una única interrupción a fines de los 90 cuando estuve viviendo en Brasil. Doy sociología en los sextos años del Colegio Nacional de Buenos Aires, para los alumnos que eligen materias que se validan como equivalentes del CBC.Cuando empecé tenía cuatro comisiones, es decir, más de 100 alumnos por año. Ahora se unificó en un curso vespertino y son muchos menos porque prefieren ingresar directamente a la universidad. Me gustan las materias introductorias, la primera explicación que se da a los alumnos sobre una disciplina, más que el último rulo de una especialidad.

-T: Sin embargo, la sistematización de las clases surgió por la virtualidad.

-E.R: La pandemia a las instituciones las obligó a adaptarse, pero tardaron en acomodarse. El primer año en el colegio nos estimularon a escribir las clases más que a usar los recursos sincrónicos. Por eso las escribí y traté de conservar ciertos recursos de la oralidad, de la informalidad. Cuando me quise dar cuenta, tenía el borrador de un libro escrito y dediqué la primera mitad de este año a completar ciertos temas que me interesaban para ofrecer un panorama completo de la sociología.

-T.: Entonces los primeros destinatarios del texto son los alumnos del último año del secundario.

-E.R: El primero y más obvio son los estudiantes, aunque calculo que para ellos será menos necesario porque confío en que volveremos a las aulas y podré darles clases presenciales. En segundo lugar, pensé en aquellos lectores curiosos. Y en tercer lugar pensé en los colegas más jóvenes a quienes quizás le sirve un curso armado de 16 clases para dar Sociología , una materia que se dicta en muchos secundarios, en el CBC, en la UBA y muchas universidades. Aquí ellos tienen un recorrido para empezar a pensar las clases.

-T.: En un libro que tiene como lectores posibles a los adolescentes o jóvenes, elegís desarrollar el concepto del suicidio que plantea Durkheim.

-E.R.: Traté de que en el programa estuviesen los grandes teóricos de la Sociología clásica y que el programa fuese una invitación a leer un texto de cada uno de ellos. Pero no un apunte fotocopiado, un recorte de un capítulo, sino un libro que constituyese la presentación de su pensamiento. En total la propuesta son unos 10 libros. A la hora de elegir uno de Durkheim, y en busca de algo que pudiese interesarle a alguien de 17 años, elegí su volumen sobre el suicidio, al que no concibe como una acción individual, explicable en términos existenciales, sino como un hecho sociológico. A él le interesa especialmente la tasa de suicidios como manifestación de lo que denomina anomia y, a mi juicio, es uno de sus principales aportes a la Sociología, que refiere a la pérdida de las normas que organizan la vida social.

-T.: El texto rastrea los orígenes de la ciencia en la Argentina.

-E.R: Me preocupé por rescatar a Francisco Ramos Mejía, José Ingenieros y Ernesto Quesada, intelectuales de la década del 90 a los años 20, dos generaciones fundamentales en la consolidación del conocimiento sociológico en el país. Luego exploré el nacimiento del pensamiento de Gino Germani, quien consolidó la disciplina, y a partir del estudio de los orígenes del peronismo.

-T: El volumen le dedica un espacio especial a Horacio González, quien falleció recientemente, y al que definís como tu maestro.

-E.R: González siempre fue mi inspiración, pero ese apartado surgió después de su muerte. Su ausencia me hizo caer en la cuenta de que nunca les había dado a mis alumnos uno de sus libros para leer. Es cierto que quizás no son sencillos para alguien que recién comienza pero resulta extraña la ausencia siendo Horacio un pensador tan prolífico, con más de 30 libros en su haber. Así que hice el ejercicio de enfocar su generación. No solo al propio González sino también a Alcira Argumedo, quien también falleció recientemente. Traté de seguir el pensamiento de esa generación que nació al calor de las cátedras nacionales en los años 70 y los seguí en toda su producción, incluso hasta los libros que se están publicando tras la muerte de Horacio.

-T: El capítulo dedicado a González y Argumedo habla del desarrollo de una ciencia atenta a los problemas latinoamericanos y argentinos, ¿dónde se produce el conocimiento en ese campo en la actualidad?

-E.R: Sin duda que en las universidades. En algunas con más fuerza que en otras pero, sin dudas, la investigación teórica más rigurosa se hace ahí. Después hay sociología empírica y profesional, más vinculada a la encuestología al servicio de las empresas o las campañas electorales que quizás se hacen desde las consultoras. Pero las novedades teóricas siguen

surgiendo en las universidades o, desde su entorno, como los institutos de investigación, en diálogo con la universidad.

-T: ¿Cuáles son los nuevos nombres en torno de la "cuestión social"? El libro menciona a Maristela Svampa y su conceptualización respecto de los piquetes, a Ernesto Laclau.

-E.R.: Leo con especial interés a ciertos autores como Pablo Semán. Incluso algunos que han sido mis alumnos en este curso del último año del Buenos Aires y hoy desarrollan su propio pensamiento, como Gisela Catanzaro, orientada a la filosofía social, y Mariana Luzi, con una sociología más inspirada en las escuelas clásicas, concretamente en Frankfurt. Hay un campo de investigación sociológica muy importante en la Argentina actualmente.

-T: Después de los 80 la sociología se focaliza en la economía. ¿Sigue sucediendo lo mismo, a raíz de las sucesivas crisis económicas que experimentó la Argentina?

-E.R: Hay que tener en cuenta que hacia el final de la dictadura y el comienzo de la democracia la sociología con figuras como Juan Carlos Portantiero y Emilio de Ipola se ocupó de pensar la transición desde el pensamiento político, desplazando a las viejas preguntas de la sociología. Cuando se forma la carrera de Ciencia Política en el 84, 85 y 86 en la UBA (ya existía en Rosario donde yo estudié y en Mendoza) surge acompañando las teorías alfonsinistas sobre la transición y ahí se da la división entre la Política y la Sociología. Cuando se delimitan y recortan tanto los objetos de estudio ambas disciplinas pierden. Cuando la Sociología perdió sus fuentes más literarias y humanistas, cuando buscó recortarse de la política, el psicoanálisis, el arte, se empobreció porque perdió sus fuentes de inspiración. Hay que tener en cuenta que Durkheim se inspiró en la filosofía social, Weber hacía historia social y es difícil de definir la cantidad de saberes que ponía en juego el pensamiento de Karl Marx. A mí me interesa recuperar la complejidad del pensamiento social y no recortar la sociología. La lógica disciplinar resulta disciplinadora para el pensamiento y no da cuenta del conjunto de la vida social.

-T: En ese sentido, ¿es la sociología una herramienta útil para que los jóvenes analicen la realidad que los rodea, les ofrece categorías válidas?

-E.R.: Mi experiencia de muchos años es que, incluso los textos clásicos les despiertan

interés a los jóvenes. Este no es el mundo de Karl Marx pero es un mundo que sus ideas siguen iluminando. Eso es lo que les sucede a los muchachos y las chicas, y cuando van descubriendo los orígenes y la naturaleza del peronismo, de la teoría del imperialismo y de la dependencia, encuentran un conjunto de herramientas que les sirven para pensar las cosas que les pasan, los debates que se dan y sus valores. (Télam)