Las dos autoras de "Las posesas", Albertina Carri y Esther Díaz, coinciden en la palabra entusiasmo para describir los comentarios que recibieron de quienes leyeron el libro y se trata de un entusiasmo que también transmiten cuando cuentan el proceso de escritura, algo que nació con una consigna y continuó cuando las dos se dispusieron al juego del pensamiento a través del que complejizan las pérdidas, los duelos, las formas de desplazarse de la memoria y los alcances de la mirada sobre un mundo que puede volverse ajeno pero en el que siempre se sienten interpeladas.

Dividido en dos partes, "El tiempo y la memoria" y "Las pérdidas o las perdidas", el libro está marcado por dos tiempos distintos: primero un intercambio más frenético en el que las dos se conocen, se apasionan en ese encuentro que va a abriendo nuevos pliegues de reflexión y comparten la sorpresa y el extrañamiento ante una cotidianeidad que cambia drásticamente.

-T: El libro puede ser un diario de cuarentena, un libro de viajes, de cartas o un ensayo, ¿cómo lo definirían?

-A.C.: Para mí es un diario de cuarentena, también es una guía de viajes y de citas, es decir, es algo que también te va abriendo ventanas: estamos con Pasolini que nos lleva a los griegos y los griegos nos llevan a Berlín y Berlín nos lleva a Rosa de Luxemburgo y sus cartas pero también a la foto del presente de Berlín porque nos hace sacar la foto del subte con su nombre. Tiene algo de diario cuando va a Venecia, a Madrid. Es un híbrido, no tiene un género. Es un libro de correspondencia pero son correspondencias pensadas como públicas entonces, en ese sentido, es un ensayo.

-E.D.: Desde el punto de vista formal es epistolar, son cartas, la carta actual que es el mail. Lo caracterizaría como epistolar y la verdad que nunca pensé que podría escribir en ese género.

-T: Pensaba en la palabra charla como algo que sucede, no se puede prever, tiene derivas y eso pasa cuando uno lee el libro: participa de una charla muy viva, con derivas, temas que se combinan.

-E.C.: Hoy alguien me dijo que eso, que no tuvo la sensación de haber leído un libro sino de haber estado charlando con nosotras. Era una charla en la que podía intervenir.

-AC: Los fragmentos de libro que leí y le regalé a Esther en la presentación, "La vida del viajero" de Anne Carson, son sobre la conversación. Hablamos de cosas muy íntimas, de estar haciendo waffles, cocinando calzones, entre medio hablamos de la memoria, el olvido y la muerte de sus hijos, la memoria sobre mi madre, el viaje a Berlín, el que es con la familia a Venecia. Liliana (Viola) leyó en su carta que hay algo del morbo del chisme también en el libro y es real.

-T: ¿Cómo fueron las devoluciones que recibieron hasta ahora?

-E.D.: Ahí hay otra diferencia con el cine, donde la devolución es casi inmediata, con la lectura es mucho más lenta. Algo que me dijeron es que fue una lectura entusiasmante, siento que ponemos tanta pasión por lo que hacemos que eso se transmite enseguida.

-A.C.: Una amiga me escribió cuando terminó de leerlo y dijo que le había causado entusiasmo intelectual. (Télam)