La inventiva y la sorpresa por sobre lo verídico y hasta por sobre el verosímil, la heterodoxia de argumentos y de formas, el hecho de que no haya premio capaz de domesticar su literatura y hasta la anacronía de ser premiado por escribir, son algunas de las cuestiones celebradas por los colegas de César Aira, quien acaba de recibir el Premio Formentor en reconocimiento a su obra.

Ariel Magnus, gran lector y estudioso de la obra de Aira, dice no haber leído la justificación del premio, aunque apuesta a que entre los cantidad de adjetivos asignados debe estar la palabra inventiva, para él, "lo más destacable de una obra que es inteligente y que no busca la verdad ni la verosimilitud, sino el asombro, y siempre lo consigue".

"Está muy bueno que premien la obra entera -agrega en diálogo con Télam-, porque en Aira cada libro, ensayístico o literario, va armando una única obra, un mundo con varias facetas: el de Pringles, el de Flores...Algunos escritores tienen libros que se acumulan pero cuando a Aira lo leés todo junto entendés que ahí hay una obra, aunque él no la proponga así y la vaya armando en esa suma de chispas que son sus libros"

Al premio "se lo ganó 60 años exactos después que Borges -dice Magnus-, y él es un gran admirador de Borges, así que está muy bien. Una vez dijo 'quería ser un clásico y terminé siendo un freak' , es decir que quería ser Borges y terminó siendo Aira, pero con este reconocimiento, son muchos los que recibió en 72 años, empieza a demostrar que es un poco Borges".

Martín Kohan lo explica así: "El brillo de la literatura de Aira, su heterodoxia y esteticidad es tal que todo los premios que reciba los va a merecer y ninguno va a terminar de domesticarlo".

Y Fernanda García Lao redobla: "Me parece genial que sigan dando premios por escribir a alguien. En esta época horrible, de pandemia, la literatura es un hecho como extravagante, entonces: que le den un premio al rey de los extravagantes, me parece genial".

"Yo no soy airiano", encara Edgardo Scott desde París, pero, como Magnus, lo emparenta a Borges y dice que "es el gran escritor nacional, que ocupa un lugar absolutamente central como en su momento lo hizo Borges", pero que "tendría un montón de cosas para discutirle", entre otras, "una cierta despolitización de la vanguardia".

También lo vincula con Ricardo Piglia, otro argentino granador del Formentor, "su opositor hacia el interior de la literatura argentina de los últimos 40 años, en cuanto a estéticas y políticas" y asegura ponerse "más contento con este premio que con el Nobel", porque no lo cree de su tipo.

"El Nobel santifica un poco a los autores que lo ganan, los deja en orden de la cultura Aira se merece estar siempre en el orden de la literatura. Su pasión es la literatura, no la intervención cultural", concluye Scott.

Desde el diario El País de España a la plataforma Multimedios Pringles, ciudad donde nació el escritor en 1949 (La Pampa), el reconocimiento fue reafirmado por colegas, instituciones literarias y libreras y lectores que hoy en las redes se repartían, ecuánimes, entre quienes ponderaban lo leído y quienes preguntaban qué leer.

Pueden ser libros como "La liebre", El mármol", "Emma, la cautiva“, “La luz argentina”, “La guerra de los gimnasios” o “El cerebro musical”: algunos icónicos, muchos inhallables y otros elogiados por lectoras como Patti Smith, poeta y emblema del punk:.

Blatt&Ríos, la editorial de Mariano Blatt y Damián Ríos que con el nombre de Aira abre su catálogo (“Yo era una mujer casada”, “El gran misterio”, “Art forum” y otros cuatro títulos), tuiteó en su cuenta @BlattyRios el correspondiente “orgullo” producido por un premio “merecidísimo”, que ahora Aira comparte con reconocidos argentinos como Jorge Luis Borges y Ricardo Piglia.

En Facebook, fue la Cátedra Carlos Fuentes de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), escritor que también ganó el Formentor, quienes “complacidos” comunicaron que Aira lo había ganado este 2021. Por “el frescor, la versatilidad y la ironía de su abundante obra”, transcribieron del fallo del jurado.

“Estaría bien que el periodismo deje de insistir en usar el adjetivo ‘prolífico’ para referirse a la obra de César Aira. Basta leer alguno de sus libros para pensar otros adjetivos. Por otra parte, Georges Simenon escribió 500 novelas y nadie piensa en él en esos términos”, se lee en Twitter.

Y en otro intercambio, uno de los sellos que lo editan -y que van desde el conglomerado internacional Penguin Random House a la autogestiva local Eloísa Cartonera-, responde un tuit: “César Aira no da entrevistas porque sabe que como escritor sabe hacer una sola cosa bien en su vida: escribir. Sus opiniones sobre el mundo se las reserva para la cena en su casa o el encuentro con un amigo, no para titulares. Podría hacer otra cosa, pero no; insiste en escribir".

(Télam)