Quienes abrieron nuevas librerías en medio de la pandemia o apenas declarada la etapa de menores restricciones, pero también quienes vienen sosteniendo estos proyectos desde antes y atravesaron la cuarentena, analizan la realidad y perspectiva para el sector en Madrid, una ciudad que las tiene como aliadas en esta edición del Festival Eñe, en la que una librera referente en la ciudad y responsable de la reconocida y emblemática Alberti, como Lola Larumbe, es la directora literaria.

Una de las creadores de Lata Peinada, con sede en Barcelona primero y en Madrid después, desde del 2020, Paula Vázquez considera que "tanto en la pandemia como saliendo de la pandemia abrieron varias nuevas librerías en esta ciudad" y apunta que "este fenómeno de apertura de librerías que se da en Barcelona también puede explicarse quizás de la mano de que los proyectos chicos ven más viable sostenerse con alquileres más bajos. Es lo que pasó en la pandemia en Madrid, que bajaron mucho los alquileres que históricamente eran el doble de lo que son en Barcelona".

"Madrid tiene una oferta cultural muy intensa pero le falta el apoyo estatal. En Barcelona, en cambio, los financiamientos a la cultura son mucho más significativos que en Madrid. Acá a la librería le va relativamente bien, esto es: se pagan los gastos pero no tenemos ese extra de apoyo de las subvenciones que hay en Barcelona o Cataluña", marca la también directora de Asuntos Culturales de Cancillería y una de las curadoras de la selección de autores y autoras argentinas que viajaron al festival.

En su análisis del momento del sector sostiene que "hay un montón de editoriales, desde las más grandes hasta las más chicas, que se desplazaron con sus sedes acá y eso hace que las promociones de los autores y autoras tengan cada vez más una centralidad en Madrid" y apunta que, para Lata Peinada, que tiene una agenda amplia de actividades, eso "beneficia muchísimo".

En La Mistral, Andrea Stefanoni reconoce que "el festival Eñe quiso salirse un poco de lo que estaba haciendo y abrió los espacios a las librerías" y con la experiencia como librera en Buenos Aires y con algunos meses en Madrid dice que "la pandemia ayudó a que la gente tomara un poco de conciencia de que nos perjudicaría mucho que cerraran los pequeños comercios. Por necesidad tuvimos que acudir a ellos y se tomó un poco de conciencia de que si quedaba todo en el discurso no funcionaba. Dejó la conciencia de pequeñas cosas como pensar voy a la librería, me tomo un café".

En este punto, a la hora de pensar en un panorama más amplio, asevera que no se trata de establecer un día o una noche de las librerías, no cree que eso cambie nada, lo que sí destaca es que "hay que poner el ojo en otras cosas como el IVA o en los márgenes que les quedan a las librerías que es mínimo".

"Pensar que se hace una campaña a favor de la venta en librerías por 'hacer día de' me parece ir a lo fácil, es un tema político mucho más amplio pero tiene que ver con la gestión de la librería. El problema es cuando se hace foco en una cosa. Una librería cierra por muchos factores. Hay que mover un montón de cosas para que esto funcione porque el libro por sí solo no te hace sobrevivir pero creo que es un problema mas de fondo. Ayuda un día de, un Saint Jordi, pero uno no vive de un día", manifiesta.

En Olavide, Raquel Garzón adelanta: "Pecaríamos de una experiencia que no tenemos si dijera grandes cosas porque recién empezamos pero sí, en función de lo transitado, para ciertas librerías como pueden ser las pequeñas y muy bien comisariadas como dicen acá, donde hay un librero que la piensa, que pone el cuerpo y se arriesga, se preocupa por algo más que ofrecer el catálogo editorial de tal o cual sello, no es un mal momento".

En ese sentido compara la situación de estos proyectos de librerías con las editoriales independientes: "Vos apostás por una idea, te das cuenta que hay una necesidad pequeña o grande pero a escala humana y si no sos un tipo que no pretende ser millonario sino alguien que quiere trabajar de lo que ama, encontrás tu lugar. Para ese tipo de formato la librería de cercanía, que se piensa a si misma como un lugar de encuentro y no de paso, que le permite a los lectores no solo encontrar una historia para leer sino también encontrar la suya, ese tipo de propuestas encuentran un lugar".

En Tipos Infames, Gonzalo Queipo cuenta que vienen funcionando desde octubre de 2010 convencidos de la importancia de "diversificar la actividad articulando un espacio dinámico y abierto a la cultura". La librería comenzó con un local en la calle San Joaquín 3 en Malasaña y siempre apostaron por un funcionamiento dinámico: librería, cafetería, enoteca, sala de exposiciones. Pero justo antes de la pandemia, en noviembre de 2019 se expandieron y dieron un salto justo al otro lado de la misma calle (San Joaquín 6), donde inauguraron un nuevo espacio para darle más centralidad a la poesía y a la novela gráfica.

"Con la pandemia, fue muy difícil, como para todo el mundo, a nivel individual y a nivel colectivo. En el caso de la librería nos sentimos muy arropados por la gente, fue complejo pero también muy emocionante la vuelta, el primer día que volvimos a abrir fue con cita previa, algo que fue muy raro y hubo una emoción similar a la de la apertura", recuerda. (Télam)