Varias de las historias de Delfina Korn hacen foco en la amistad, un vínculo al que le asigna componentes particulares en la sociedad argentina: "Somos muy amigueros. Es una particularidad que tenemos. No sé si en otros países la gente tiene "amigos de toda la vida" con los que se sigue viendo. Yo las tengo y es algo muy hermoso: una de las razones por las que no me quiero ir del país", confiesa.

- T.: ¿El humor es una pieza clave para sostener el drama de los personajes?

- D.K.: Sí, creo que el humor es una pieza clave, más que una pieza clave... Me crie ayudando a mi mamá a escribir sus monólogos. Ella es actriz y se la pasaba inventando personajes. Íbamos, por ejemplo, a comprar un buzo para mí para el colegio y a ella le llamaba la atención algo de la vendedora, por ejemplo, una forma de hablar, y a partir de ahí nacía un personaje. Creo que el proceso que hago al crear un personaje es el mismo. Empezar a preguntarse: ¿a qué responde esa forma de hablar? ¿Por qué habla así? El personaje observado soy yo misma a veces.

Volviendo al humor, un amigo muy querido me dio este consejo: "esos pensamientos que te parezcan de lo más estúpido, eso que decís esto no lo pongo ni loca porque es una estupidez, eso suele ser lo mejor. Ponelo". Noto que es de lo que la gente más se ríe cuando lee los cuentos. De ese tipo de pensamientos ridículos que uno tiene. Los pensamientos estúpidos esconden una gran riqueza para hacer literatura, si nos permitimos escucharlos. Pero son los que, cuando empezamos a escribir, vamos a querer reprimir. Vamos a decir "esto no sirve, esto es una estupidez". No suele serlo.

- T.: ¿La amistad es una pasión argentina?

- D.K.: Creo que sí, que es así. Somos muy amigueros. Es una particularidad que tenemos. No sé si en otros países la gente tiene "amigos de toda la vida" con los que se sigue viendo. Yo las tengo y es algo muy hermoso: una de las razones por las que no me quiero ir del país. Aunque algunas viven afuera, pero la relación por teléfono es fuerte igual. Durante la pandemia, cuando recién empezábamos a salir un poco, yo me preguntaba: ¿cómo vamos a sobrevivir a esto? ¿Cómo voy a sobrevivir a esto? Y justo estaba en el templo cuando me estaba haciendo esa pregunta. Y vi a dos chicas, adolescentes, cantando y riéndose entre ellas durante el rezo, cómplices, y recordé: "ah, están los amigos". (Télam)