Como la mayoría de las prácticas sociales que la pandemia sumergió en la virtualidad, el psicoanálisis tuvo que adaptarse también a los nuevos formatos y generó nuevas formas de interlocución que el psiquiatra y analista Carlos Pachuk viene explorando desde hace diez años y que dieron lugar a una serie de experiencias reunidas en el libro “Terapia de grupo virtual: curarse por Internet”.

La angustia de una paciente abrumada por la partida de su hijo a España fue el disparador azaroso que una década atrás motivó a Pachuk a indagar en los soportes virtuales como un medio alternativo para trabajar el malestar.

Poco después, presentó un proyecto en la universidad UCES –donde se desempeña como profesor de la materia Teoría y Técnica de Grupos Terapéuticos- que consistía en una investigación de terapia de grupo vía chat, en el que participarían, durante seis meses, ocho voluntarios.

Esa experiencia, que arrancó con alumnos de esa casa de estudios a los que luego se sumaron voluntarios de otros países de América Latina y España, se extendió por cuatro años y dio origen al texto “Terapia de grupo virtual: curarse por Internet”, que acaba de reeditar el sello Lugar Editorial en sintonía con el envión que han tomado las terapias on line.

“Decidí escribir este libro para relatar episodios inéditos acontecidos al calor de las sesiones que produjo esta experiencia radical. De este proceso surgieron interrogantes profundos respecto al destino de la humanidad que nuestra novel generación utiliza con fervor, y que ahora se ha transformado hipervirtualidad”, señala Pachuk a Télam.

La estructura de esta obra comprende de tres partes: la primera, de contenido clínico, comienza con el capítulo que narra el pasaje del consultorio presencial al virtual, que comprendió cinco sesiones por Internet -ya sea por chat o Web Cam- y una sesión individual con una paciente española.

La segunda corresponde a ficciones virtuales que incluyen una historia respecto a la pérdida de un celular y dos cuentos de ciencia ficción, para finalizar con la tercera parte, que presenta dos textos de ensayo y una exploración teórica a partir de la práctica realizada.

“A mediados de la década del 80 comienza la revolución biogenética mediante la fertilización asistida, advirtiendo que la frontera de lo predecible ya no existe, diluyéndose así todas las certezas respecto al origen del ser humano. Diez años después de iniciada la revolución informática y de las nuevas plataformas que reemplazaron al Skype y colaboraron para la anulación de la terapia presencial, se da este escenario de pandemia y confinamiento que profundiza esa transformación –analiza Pachuk-. Ambos procesos, cuyas instancias finales serían la clonación y los cyborg, nos empujan a una transformación radical de la especie humana”.

Según sostiene el ensayista, “no hay una distancia sujeto-objeto”, en tanto Internet demuestra que “los objetos forman parte del psiquismo y del cuerpo, y ambos constituyen una unidad funcional”.

¿Cómo se pasa del diván a la virtualidad? “Muchos pacientes, acostumbrados al diván, plantean que no quieren ver al analista. Entonces suprimimos la cámara y hacemos la sesión con audio”, señala Pachuk.

El analista indica que estos nuevos formatos que se profundizaron durante el aislamiento social impuesto por la pandemia, generaron algunas dificultades relacionadas con la ausencia de intimidad, frente a la cual surgieron estrategias para la realización de la sesión.

“La terapia transcurre en la vivienda del paciente y del analista, y muchas veces la sesión adquiere un tono de clandestina extrañeza. Alguien que vive en un departamento chico y tiene a su hijo jugando en un mismo espacio y a la pareja trabajando en el cuarto de al lado, por ejemplo, no puede realizar una sesión plena porque la interrupción se transforma en una constante y el paciente comienza a perseguirse”, relata.

Pachuk enumera algunas de las problemáticas con las que se ha confrontado durante estos meses de terapia virtual sostenida: "Suceden situaciones especiales, como pacientes que hablan bajito para que nadie en su casa los escuche o los que tienen una computadora muy antigua y los ruidos interfieren en la sesión grupal ocasionando que haya otros pacientes que se enojan y le piden que se desconecte", ejemplifica.

Según el analista, las plataformas se han instalado en la cultura tecnológica y continuarán después de la pandemia. "En el futuro la terapia de grupo será indefectiblemente mixta virtual y presencial a la vez -indica-.Tengo un grupo virtual de pacientes porteños, y me han llamado un muchacho de Salta y una chica de Resistencia pidiendo participar del grupo. Una vez finalizada la pandemia, el grupo de porteños continuará de forma presencial, pero estos dos pacientes nuevos no podrán venir a Buenos Aires; colocaré entonces la notebook en el medio del consultorio y ellos continuarán participando de modo virtual", concluye. (Télam)