(Por Mercedes Ezquiaga).

Una inmensa obra de arte ecológica y colectiva, realizada con bolsas plásticas recicladas en una cooperativa del conurbano, intervenidas con frases, ilustraciones y mensajes de alumnos, docentes y personas privadas de su libertad conforman el Museo Aerosolar Reconquista, que se inspiró en el proyecto Aerocene impulsado por el artista tucumano Tomás Saraceno y se exhibe hasta el 21 de noviembre en la Bienal de Arquitectura de Venecia.

De las entrañas de José León Suárez a la ciudad italiana de Venecia viajó en barco esta "escultura flotante" de 300 metros cuadrados, un globo confeccionado por múltiples manos a lo largo de los años, suerte de collage que una vez desplegado es inflado por el aire, levantado por el sol y trasladado por el viento (el aire caliente del interior se expande y se hace más ligero que el aire frío del exterior, levantando la escultura).

Aerocene es un proyecto de largo aliento en la carrera de Saraceno, este inquieto arquitecto y artista nacido en Tucumán en 1973: no abarca solo las consignas a disposición del público para la construcción colectiva de una escultura solar con bolsas plásticas (en aerocene.org) sino también la urgencia de cuidar el planeta y alcanzar una nueva era que reemplace a la actual denominada Antropoceno, signada por el destructivo impacto global dejado por el hombre.

El artista que trabajó con la NASA o el MIT es reconocido en todo el mundo por sus obras inspiradas en las telas de arañas y sus intrincadas morfologías, pero además, en enero de 2020, en las Salinas Grandes de Jujuy, marcó un récord mundial -auspiciado por la banda coreana de k pop BTS- al impulsar el primer vuelo humano de la historia sin combustibles fósiles, paneles solares, baterías ni helio, únicamente impulsado por el aire, que fue materializado por una mujer piloto.

Un grupo de titiriteros y artistas de una materia titulada Laboratorio inflable de la Universidad de San Martín (UNSAM) descubrió hace unos años la propuesta de Saraceno y comenzó a aplicarla en sus clases: sumaron a la cooperativa de reciclaje urbano Bella Flor, que seleccionó y limpió las bolsas de plástico que sirvieron de lienzo, mientras que alumnos de escuelas secundarias de la zona y estudiantes del complejo penitenciario cercano dejaron también su impronta en esta pieza artística.

Cuando el arquitecto libanés Hashim Sarkis, curador de la bienal de este año, eligió como lema "¿Cómo viviremos juntos" invitó a Saraceno a que participe con alguno de sus proyectos vinculados al Aerocene: el artista inmediatamente pensó en el Museo Aero Solar Reconquista, cuyo nombre refiere a la zona del Río Reconquista, en la localidad bonaerense de José León Suárez, cuna de todo este trabajo. Más de 200 personas en total concretaron la pieza que hoy exhibe la bienal.

"Yo no hice nada", dispara Saraceno, en una entrevista vía zoom con Télam de la que también participa el titiritero Carlos Almeida, coordinador del Museo Aerosolar Reconquista, director del Centro de Investigación y Producción en Teatro de Objetos de la UNSAM. "Por favor, maestro. Toda obra suya", responde Almeida, ambos sonrientes, mientras confiesan que es la primera vez que se ven cara a cara.

- Télam: ¿Cómo nace esta obra que involucró a tantas personas?

- Tomás Saraceno: Hay pescados que comen plástico, micro plásticos en el aire que nos dicen ¡basta, hagan algo! Hay una catástrofe ecológica a toda escala. Es una génesis espontánea, no organizada, desarticulada, pero con mucho respeto y cariño. Me encantó la experiencia que llevó a cabo Carlos Almeida. Estoy a la espera de seguir aprendiendo así como compartirla y hacerla visible.

- Carlos Almeida: Soy titiritero y director de teatro. Venimos explorando en la universidad materialidades en el mundo de las artes escénicas. En un momento se generó un espacio académico llamado Laboratorio Inflable: ahí descubrimos las estructuras de Aerocene, y ese objeto nos atravesó de una forma increíble; lo exploramos, lo hicimos volar y luego de conocer a Joaquín Ezcurra, coordinador de Aerocene Argentina, decidimos hacer un Museo Aerosolar. Acá hay un detalle que no es menor: la genialidad de un artista como Tomás que genera una producción artística de tal envergadura y la pone en una página web como un producto de código abierto. Entonces todos y todas tenemos la posibilidad de navegar en el mundo que circuló por la cabeza de Tomás y él dejó libre. Trabajamos de manera cooperativa y generosa con todo aquel que quiera participar. Es así como el Museo Aero Solar Reconquista tiene origen en una mujer maravillosa que se llama Nora Rodríguez, la coordinadora de la planta de reciclaje urbano Bella Flor, que decidió participar. Allí circulan 100 toneladas de basura por día y separan los residuos según su naturaleza. Si no lo hicieran esas toneladas diarias de residuos plásticos o contaminantes irían a parar a un relleno en el Ceamse. Cuatro trabajadoras estuvieron una semana recolectando las mejores bolsas de todo ese entorno, seleccionándolas por color, por forma y tamaño. A tres cuadras de esa planta está la unidad penitenciaria 48, donde funciona una sede de la UNSAM. Las trabajadoras de la cooperativa Bella Flor enviaban esos grandes pliegos de plástico artísticamente armados con amor y pasión al centro universitario de la cárcel. Todo lo que ellos escribieron con mucha dedicación y énfasis está reflejado en este museo. También la intervinieron artistas de circo, bailarines, arquitectos, estudiantes, adolescentes de escuelas secundarias de la zona, pero la idea conductora es de Tomás.

-TS: Yo seguía a Carlos y lo escuchaba. Siempre me quedaba en la cabeza y en el corazón. Y cuando apareció el curador de la Bienal de Arquitectura interesado en Aerocene, dije: "Acá está la obra perfecta". Y fue trasladada en barco porque queremos hacer también del transporte algo sustentable. En la presidencia anterior, Argentina se transformó en importador de residuos del resto del mundo: una catástrofe. (NdR: el decreto fue derogado por el actual gobierno pero en los tres meses que estuvo en vigencia ingresaron al país 40 mil toneladas de desechos). Yo pensé: empaquetamos todas las bolsas, las hacemos volar y se las volvemos a mandar al viejo mundo, en forma de museo ¡y con otro valor! Porque en este negocio de los residuos siempre terminan sufriendo los que menos tienen.

- CA: Museos Aerosolares hay muchos y bellísimos alrededor del mundo, pero acá Tomás puso los ojos y lo llevó a la bienal. Jamás hubiera imaginado que esta obra iba a llegar tan lejos.

- TS: Ningún museo aerosolar logró esa unión de poner en valor tanto la reutilización como el tejido social.

- T: Participaron cerca de 200 personas en total...

- CA: Todos tuvieron absoluta libertad para escribir sin límites. Una vez un profe de filosofía dio una clase y usó uno de los pliegos como pizarrón. Todo lo escrito en esa clase está ahora en la obra, en Venecia. Hay estudios que muestran que una persona que está presa, luego de pasar por una experiencia académica, no reincide en el delito. Lo que propone Tomás desde el punto de vista ecológico, es una revolución. Él trabaja con la utopía, con el imposible de dar la vuelta al mundo en un globo solamente con el sol. Eso nos orienta. Jugamos muchas veces con la idea de una bolsita apretada, como un individuo en un estado de opresión. Si a la bolsita la sacudimos un poco toma una nueva dimensión, una nueva presencia.

- T: ¿Cuál es el potencial del arte?

- TS: Yo no viajé a la Bienal pero sí me conecté todos los días por zoom para la instalación. Muchas veces tuve ganas de estar pero quizás, pensé, podíamos disfrutarlo de otra forma. Ahora estoy viendo las cosas de otra forma. Es lindísimo lo presencial pero ojalá que la pandemia nos enseñe otras formas. Alguna otra conciencia vamos a tener que tener. Hay un abuso en la economía. Esto es nuevo para mí, estar o no estar. Pero me parece que podemos estar todos juntos de formas nuevas. Ojalá que la urgencia nos lleve a ser más cooperativos, como en este proyecto. (Télam)