(Por Claudia Lorenzón) La condición de "animales terrestres" es la que nos impide dimensionar la importancia que el océano tiene en la existencia y perdurabilidad del planeta, según la investigadora chilena Catalina Velasco, quien en su libro "Vida sumergida" afirma que esa inmensa masa de agua aporta la mitad del oxígeno que respiramos, regula el clima y absorbe grandes cantidades de dióxido de carbono, el gas responsable del efecto invernadero que provoca el calentamiento global.

Tamaña condición parece ser suficiente para que se cuide el agua que nos rodea, en la que algas, fitoplancton y ballenas envueltas en las corrientes marinas realizan un trabajo armónico y necesario para que el ecosistema del océano se sustente. Pero los datos de la realidad sobre contaminación dicen lo contrario. "De acuerdo con la ONU, casi trece millones de toneladas de plástico terminan cada año en el mar, los que equivale en peso a unas mil doscientas torres Eiffel y, según WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) solo al Mediterráneo llegan 570 mil de esas toneladas, que corresponderían a lanzar 33.800 botellas plásticas por minuto. Este panorama se ha visto magnificado por la pandemia de COVID-19: según un estudio, son más de ciento veinte mil millones de mascarillas y sesenta y cinco millones de guantes los que se usan al mes en todo el mundo y ya hay cientos de reportes que indican la llegada de estos elementos a las costas del mundo", dice la investigadora en su libro, ilustrado con dibujos que dan cuenta de esta dramática situación.

Una de estas ilustraciones, realizadas por Fancy Castillo en la obra editada por La Pollera, tiene como protagonista a un caballito de mar aferrado a un hisopo, una imagen que inmortalizó el fotógrafo Justin Hofman cuando dirigía una expedición en la isla indonesia de Sumbawua. "Ojalá esa foto no existiera", publicó el fotógrafo en ese momento en su cuenta de Instagram. "Esta fotografía es una alegoría del estado actual y futuro de nuestros océanos", agregó Hofman, según reproduce Velasco en el libro en el que también advierte sobre la sobrepesca de ballenas, y ensaya respuestas posibles para sanear el desastre que amenaza al océano, al que considera "termostato del planeta y la gran arma contra el cambio climático".

Bióloga marina y exploradora de National Geographic, cofundadora de Fundación Mar y Ciencia, Velasco explica a Télam que "la idea del libro es despertar la curiosidad en quienes lo lean, por lo tanto, no tiene el espíritu de ser una enciclopedia ni de ser un texto académico 'denso'. Espero que llegue a quienes nunca han leído de ciencia, a quienes desconocen de lo mucho que importa el océano en nuestras vidas, que puedan leer cuando van en el subte y en poco rato ya conozcan algo nuevo".

- Télam: El libro plantea la importancia que el océano tiene en la vida de todos los seres vivos del planeta ¿Por qué no se habla o difunde lo suficiente acerca del tema?

- Catalina Velasco: Como dice la oceanógrafa Sylvia Earle, tenemos una "ceguera oceánica" generalizada, es decir, no podemos ver lo importante que es el océano en nuestra vida y eso es, según mi parecer, por nuestro sesgo de animal terrestre. Tendemos a mirar hacia la tierra, el bosque, las montañas, pero el océano nos parece lejano y ajeno. Muchas veces cuando pregunto "¿qué es el mar para ti?" la respuesta es "lo desconocido", eso es un problema porque no podemos cuidar lo que no conocemos. Y sí, esto también se ve reflejado en la educación formal: tenemos una deuda con la educación ambiental en el currículo escolar, en general tenemos pocos tópicos sobre medioambiente y responsabilidad ambiental en las aulas, lo mismo ocurre con temáticas oceánicas.

- T:Teniendo en cuenta que, como decís "la mitad del oxígeno que respiramos proviene del océano", pero la contaminación es alarmante. ¿Quiénes son las empresas más responsables de la contaminación ambiental, en general, y del agua, en particular?

- C.V: Tenemos que considerar que la responsabilidad de la crisis climática y ecológica no es justa ni equivalente, la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de un puñado de industrias y países, y lo peor es que los países más pobres, son los que sufren las mayores consecuencias del cambio climático, como aparición de enfermedades y el efecto devastador de los eventos climáticos extremos.

En la actualidad, las empresas más contaminantes son las de energía (con la minería del carbón coronando la lista), transporte, agricultura, sector textil y alimentario. De hecho, de acuerdo con el reporte Carbon Majors de 2017, solo 100 empresas han sido la fuente de más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo desde 1988 y la mayoría tienen relación con la extracción y quema de combustibles fósiles, como Shell y ExxonMobil.

- T: "Más personas han visitado la luna, que el punto más profundo del océano" afirmás en el libro. ¿Por qué ocurre esto y qué permitiría en cuanto a investigación llegar con tecnología específica a las zonas más profundas del océano?

- C.V: El océano profundo es un lugar difícil de alcanzar ya que tenemos una columna de agua de miles de metros encima, entonces la presión pasa a ser una variable vital a considerar. Se requiere de muchos recursos tecnológicos y económicos para lograr la hazaña de soportar la presión a una profundidad de 11 kilómetros (el punto más profundo del océano). Podemos explorar el océano de otras formas, no solo a través de robots y submarinos, sino con sonares e imágenes satelitales, pero el problema sigue siendo la extensa columna de agua entre la superficie y el fondo.

- T:En el libro también decís que "el cambio climático está en su punto de no retorno" ¿Por qué los países más poderosos más poderosos no colaboran para que esto cambie? ¿Qué hay en el ser humano que lo impide?

- C.V: Combatir la crisis climática requiere de un cambio de paradigma humano profundo, es entender que no estamos solos y que la vida en el planeta depende de nosotros y viceversa. No somos nada sin la naturaleza, pero lamentablemente la codicia humana a veces impide que reconozcamos esta verdad. Es esa codicia e individualismo las que impiden que esto cambie, la desigualdad solo genera más desigualdad, porque las personas más ricas del mundo - y nuevamente, más responsables de la crisis climática - perpetúan un sistema que les acomoda y que funciona a costa de los ecosistemas naturales.

- T: Las ballenas como otros animales y organismos juegan un rol fundamental en la oxigenación. ¿Cuál es hoy la situación de esos cetáceos?

- C.V: Las ballenas son vitales para el equilibrio de los ecosistemas oceánicos: a través de sus fecas (excrementos) van fertilizando el océano y además acumulan muchas toneladas de CO2 en sus cuerpos a lo largo de su vida (la ballena azul llega a secuestrar 33 toneladas). Lamentablemente, debido a la caza excesiva casi llevamos a sus poblaciones a la extinción, y hasta hoy vemos las repercusiones de aquello.

Si bien muchas poblaciones de ballenas a nivel mundial se están recuperando y volviendo a zonas donde no se avistaban hace décadas, aún sufren muchas amenazas que las impactan negativamente en todo el mundo, por ejemplo, la contaminación acústica. El océano es un ambiente sonoro y cada vez es más ruidoso debido al tráfico marítimo, sonares, etc. Este ruido afecta negativamente la comunicación entre ballenas y si es muy intenso incluso puede afectarles fisiológicamente. Además, el tráfico marítimo aumenta cada año y con esto las colisiones con ballenas, una de sus principales causas de muerte. La sobrepesca, contaminación por plástico y la crisis climática son otras de las amenazas que sufren en la actualidad las ballenas, por lo que con el fin de la caza no termina el trabajo, hay que seguir protegiéndolas.

(Télam)