Mientras prepara el montaje de una muestra con material del músico Andrés Calamaro, en su flamante libro “Historia a contrapelo del arte argentino” el crítico de arte y bloguero Rodrigo Cañete propone una relectura del canon local, un paradigma alternativo moldeado ya no por las obras y los artistas sino por cómo se fue construyendo esa historia, desde la crítica.

Los siguientes son los tramos centrales de una entrevista de Cañete con la agencia Télam:


- Télam: ¿Cómo trazar un recorrido "a contrapelo" de la historia del arte argentino sin recurrir a los mismos actores por los cuales tildás de endogámica a la escena local?

- Rodrigo Cañete: El libro es una relectura del canon existente, no una nueva estructura del canon. Pero hago dos cosas novedosas en el libro: la primera, ver cómo situar a la crítica en cada paso de ese canon, cómo fue construyendo el canon. No hago crítica de ese canon sino de su construcción. La otra cosa es que en un 80 por ciento parto del objeto. Mi diferencia es con aquellos historiadores que plantean una versión “paranoica” de la realidad, es decir, que "el mundo son estas fuerzas políticas que están en pugna", y en ese marco, la obra o el artista es parte de un movimiento que ilustra ese momento histórico. Y en definitiva no estás hablando del arte, lo estás transformando en ilustración de un momento histórico cuando el arte es mucho más que eso, porque el arte modifica el momento histórico.

- T: Lo intenta aunque no siempre modifica...

- RC: Yo creo que sí. Modifica. No es una revolución, claro. Hay que agarrar las armas para que sea una revolución. La tarea de los críticos es plantear lo que hace el arte, tiene que ver con la relación entre la estética, la materialidad de la vida, los afectos, el trauma. Yo noté que en el modo argentino de leer el arte hay una cuestión demasiado institucionalista. Lees corrientes, grupos, políticas. Creo que eso termina evitando que hablemos de arte, termina no enseñándole a la gente a aproximarse al objeto artístico.

- T: Decís en el libro que “ser argentino hoy equivale a que la deconstrucción haya pasado de ser un ejercicio intelectual a un modo de supervivencia”. La corrección política parece ser hoy un tema central.

- RC: La moralidad artística no es un tema artístico, es un tema de ejecución, de elección. La cuestión estética tiene que ver con una serie de elementos que no podes erradicar simplemente, sino no queda nadie.

- T: ¿Cómo dialogan entre sí el contenido del blog, con un lenguaje más virulento, y el del libro, que es más suave?

- RC: El libro opera de otra manera, establece una argumentación que se resume en que el arte argentino es una de las expresiones de una cultura de invisibilización del otro, ya sea los negros, los indios, militantes de izquierda, los pobres, etc. El arte funciona de un modo en Argentina en el cual bloquea una realidad. El blog opera de una forma mucho más punzante, ejerce una violencia para alterar y desestabilizar. Como en algún momento Lamborghini, Perlongher, Reinaldo Arenas, desestabilizaban desde lo obsceno (lo considerado entonces obsceno), yo hago lo mismo, para mi ese obsceno es ahora lo insoportable. El blog apunta, señala. El libro articula un argumento de manera visual y a través de objetos. Mientras que el tema del blog en ese aspecto tiene que ver con los circuitos de información, el libro se ocupa del objeto, la imagen, la escultura, la perfo. El blog va de lo que pasa alrededor de la obra.

- T: Estás trabajando en un nuevo libro y en una exposición del músico Andrés Calamaro que se inaugurará en Madrid, ¿Es así?

- RC: Mi próximo libro -lo estoy escribiendo en inglés- es sobre arte y sida en los 80 y 90 en Argentina. El ensayo premiado es un extracto del primer capítulo de este segundo libro, que aborda el under: Batato Barea, Liliana Maresca, literatura del sida en Argentina, “Belleza y felicidad”, Pedro Lemebel y las “Yeguas del apocalipsis”. Tiene una fuerte carga teórica para repensar el arte de la región por fuera de las categorías del debate "modernismo vs postmodernismo", que son impuestas desde afuera. Estoy trabajando mucho el tema del humor, el humor como forma de tolerar los traumas de las desapariciones, el trauma de la violencia sobre el cuerpo de la mujer. El destape en los 80 en Argentina vino de la mano del humor.

Y con Calamaro estoy curando una muestra. A raíz del libro estaba con "Vasos vacíos" (una canción de Calamaro) y "el cohete en el pantalón y esperando bajo la lluvia", porque en los 80 podías salir a esperar bajo la lluvia porque antes de eso te llevaban. Y justo Andrés estaba trabajando en una serie de fotos sobre la tauromaquia. Pensé: "Es un tipo que durante la transición democrática se colocaba en un escenario (imagínate la energía de una juventud reprimida a todo nivel) a recibir toda esa energía y permitirnos reconectar con nuestro propio cuerpo, tranzar el lento en el baile del colegio. Nosotros fuimos cagados a palo como generación, yo soy del 72, porque -de vuelta- hay una cosa de negación e invisibilización, y de pronto no sabíamos ni cómo coger. Malvinas, la dictadura, nos había obturado. En Argentina no hubo revolución sexual en el 78. Lo que pasó fue que de pronto se permitió el sexo extramarital en la cita con tu noviecito como un ensayo para el casamiento. Como confirmación del amor, pero no hubo revolución sexual. (Télam)