La pandemia perjudicó a numerosas industrias y en el caso de la editorial la sometió a una severa parálisis ya que por unos meses no hubo impresión de libros y las librerías estuvieron cerradas, de modo que los sellos tuvieron que reorganizar sus planes editoriales al ritmo vertiginoso de la crisis, pero a medida que las aperturas se reactivaron alcanzó un poco margen para ponerse en marcha, no sin dificultades, como diagnostican editores y editoras.

Mientras la cuarentena fijaba la reclusión en los hogares, una discusión que circulaba era si menos tiempo de interacción social presencial suponía más tiempo para la lectura y para la escritura. De este modo, especialistas en ferias y encuentros literarios, ensayos y posteos en redes sociales pusieron la afirmación entre paréntesis, como la francesa Michele Petit en un evento organizado desde Argentina que reflexionó acerca de esa imposibilidad de leer que acechó a muchos grandes lectores al menos al comienzo de la pandemia. Aunque con el tiempo lo anormal tomó su ritmo rutinario.

Más allá de la experiencia testimonial de cada lector y lectora, que por supuesto tomó distintos giros a lo largo de los meses, la pregunta supone un correlato. Si así como más tiempo en casa podría asociarse con una tendencia creciente de envío de manuscritos tal como sugirieron estadísticamente los sellos de Francia, ¿más tiempo en casa se tradujo en más lectura, es decir, en más venta de ejemplares?

En palabras de Mercedes Güiraldes, "la lectura es una actividad solitaria, que no requiere más que un libro, buena luz y un poco de silencio. En ese sentido, la industria editorial sufrió menos el confinamiento que otras industrias culturales como el cine, el teatro, los museos. A la vez el encierro extendido nos obliga a buscar dentro de las paredes de nuestra casa el entretenimiento, la distracción, la introspección, la evasión que no podemos buscar afuera. Creo que el streaming y los libros ocuparon ese lugar".

La editora del grupo editorial Planeta involucra otro eslabón en esta reactivación: "las librerías, en especial las independientes, supieron reaccionar activando o potenciando formas de comercialización como el delivery y el comercio electrónico. Los libros no están exentos de los problemas que trae una situación como la que vivimos, pero lograron defenderse dignamente", sostiene.

Para el editor y escritor Diego Erlan, "los números del mercado no fueron buenos para nadie, más allá de que algunos pudieran haber vendido más o menos libros. El ecosistema del libro no es sólo vender libros. Eso de alguna manera sostiene todo pero esta situación perjudica el encuentro social, lo humano que gravita en torno a los libros".

Y agrega: "Habría que preguntarse también cómo circulan los libros de esta manera, por ejemplo sin entrar a una librería con tranquilidad, sin encontrarse con editores en las ferias. Del mismo modo creo que la creación también se vio afectada. Hubo escritores que, a pesar de no tener excusas para salir, tampoco podían escribir. Me consta. A pesar de que estamos en el epicentro de la segunda ola, creo que la existencia de vacunas y algunos vacunados (y la perspectiva de un horizonte más esperanzador) hace que podamos concentrarnos en otra cosa más allá de la supervivencia: y allí están la lectura y la escritura como actividades centrales para nuestra felicidad".

En esa línea, Rodolfo González Arzac, también de Planeta pero del área de No ficción, asegura que "este año se van a publicar más libros que el año pasado. Pero está relacionado con otras cuestiones: una cuarentena más flexible y, aún en este momento, con una perspectiva económica mejor que la de 2020".

Lo evidente es que en 2020 la industria editorial en su conjunto debió reestructurar sus planes. Así lo grafica Erlan, de Ampersand: "Libros que iban a publicarse el año pasado se publicarán este. Ya estamos encaminados y mejor organizados con los cambios permanentes de presencialidad y virtualidad. El año pasado también tuvimos un tiempo de aprendizaje de esta circunstancia. Tenemos un plan bastante ambicioso para este año de doce títulos. Ojalá podamos publicar todos y también llegar con el plan que ya tenemos definido para el 2022".

En el caso de Mansalva, el plan de 2020 incluía la publicación de 17 títulos y a contrarreloj decidieron avanzar en apenas seis meses con todo lo acordado, aunque su editor reconoce que eso tenía que ver con un "imperativo" de la editorial de cumplir plazos, algo que no tiene por qué haber sido así en el resto de los casos.

En este sentido, Moguilevsky considera que "evidentemente hubo muchas industrias perjudicadas por el coronavirus pero otras beneficiadas como ser los vinos, las plantas y los libros. Y los libros es una de las industrias beneficiadas frente al hartazgo del uso de tecnología, teléfonos, entonces la lectura es un buen bálsamo para ese exceso de información. En ese sentido, hay una fuerte correlación entre la lectura y el aislamiento", opina.

Y en el medio de la crisis, también algunos proyectos lograron consolidar un "lugar dentro del campo editorial", como el de Ediciones Futurock, cuyo primer libro lo publicó a mediados de 2018. "Pese a las dificultades que trajo consigo la pandemia -explica Leila Gamba a cargo del sello-, corríamos con la ventaja de no tener una larga tradición o una estructura rígida a la cual responder. Esa flexibilidad nos permitió pensar sobre la marcha nuevas estrategias de venta, distribución y comunicación que se adaptaran mejor a las condiciones que se nos imponían".

"De esta manera, durante el 2020 la editorial aumentó el ritmo de publicaciones y llegó con éxito a los lectores de todo el país. Para una industria que muchas veces se vuelve víctima de sus propias tradiciones, la pandemia fue un enorme desafío y una oportunidad para proponer nuevos pactos. Personalmente creo que 2021 será un año en el que todo el campo editorial deberá volver a pensarse, tanto internamente (reestructurando los planes editoriales) como en la relación entre los diferentes actores involucrados", sostiene Gamba. (Télam)