Con un lenguaje directo similar al que atraviesa toda su obra, el pensador portugués Boaventura Sousa Santos advierte que la pandemia cambiará los modos de gestionar la política e impactará decisivamente sobre los movimientos sociales que, según analiza, deberían encaminarse hacia "una protesta y un movimiento popular constituyente, donde las mujeres tengan un papel muy importante para tener en la política una gestión plurinacional".

- T.: ¿Qué prácticas y estrategias deberían modificar o reforzar los partidos y los movimientos sociales frente a esta nueva etapa? ¿Están preparados para el cambio?

- B.S.S.: Si me preguntan si los partidos opositores tienen ese perfil hoy, no, no lo tienen; deben cambiar. Los partidos de izquierda se acostumbraron a esta dialéctica oposición-gobierno, ¿no? Y, durante 40 años, esa dinámica no tuvo alternativa civilizatoria, no se pudo pensar nada más allá del capitalismo. Independientemente del perfil ideológico de los gobiernos, hasta marzo, las primeras páginas de los periódicos eran ocupadas por los economistas y las finanzas. Ahora, con la pandemia, son los médicos, los epidemiólogos, los virólogos. La pandemia nos obligó a cambiar.

Entonces, creo que hay que ver otro modo de hacer política y otra manera de gerenciar la política. Yo pienso que parte de las izquierdas deben acostumbrarse a ser oposición para luego saber reconstruir. Tienen que ayudar a mejorar la vida de la gente. Pero las instituciones actualmente no permiten eso, porque tenemos todo un entorno global que no te deja, por ejemplo el capitalismo financiero. Entonces tendremos que encontrar otra forma de gobierno y hay que empezar a pensar en esa dimensión global.

- T.: ¿Y cuál sería el rol de las oposiciones? ¿Cómo construirse desde otras lógicas?

- B.S.S.: La política de gobierno es una parte de la política: fuera de eso, tienes que tener otra política que es extrainstitucional, que no está en las instituciones sino en la formación de la gente, en la educación, en las calles, en las protestas pacíficas. Miren lo que estaba pasando en Chile antes de esta pandemia: fueron las mujeres, sobre todo, y los movimientos sociales. Ellos tuvieron un papel fundamental para traer a las calles cosas que la política misma no estaba dispuesta a hacer. Los partidos de izquierda, por increíble que parezca, no habían incluido en sus proyectos la causa mapuche, cuando los mapuches habían sufrido con huelgas y asesinatos, y habían sido la oposición a los gobiernos de Chile. Y todavía están abandonados. Es necesario una protesta y un movimiento popular constituyente, donde las mujeres tengan un papel muy importante para tener en la política una gestión plurinacional. Los partidos son importantes pero los movimientos son igual de importantes. Tiene que haber una relación más horizontal entre ambos.

- T.: ¿La protesta, la calle, sigue siendo una de las principales herramientas de visibilización y resonancia política?

- B.S.S.: Las comunidades siguen teniendo una gran creatividad y esto forma parte de un movimiento de izquierda reconstruida, más abierta a toda esta creatividad comunitaria. No son simplemente las calles y las plazas, es la vivencia comunitaria que tendremos que intensificar. Porque las calles no son un emporio de las izquierdas: en esta década vamos a ver calles llenas de gente de extrema derecha. Las consignas de la izquierda, aprovechadas por la extrema derecha, y después dominando toda la protesta. En la Argentina se ha hablado mucho de "la grieta", como si fuera un fenómeno"nacional", único. Cuando se mira al mundo, la polarización, sin embargo, parece ser el signo de estos tiempos a escala global. (Télam)