(Por Dolores Pruneda Paz) Con la proyección de recibir una quinta parte de las visitas que solía convocar previo a la pandemia, BAphoto retomó la presencialidad abandonada hace año y medio y abrió sus puertas en la Casa Basavilbaso del barrio porteño de Recoleta, con un programa mixto que reúne la producción contemporánea de 19 galerías de todo el país en el edificio de 1920 y ocho galerías internacionales que participan de manera remota.

"Lo bueno de lo híbrido es que llegaremos a mucho más público específico, público conocedor de la fotografía que busca obra latinoamericana o piezas especiales a quienes las plataformas les facilitan el acceso. Son muchos años de feria y muchos fotógrafos que en postguerra se instalaron en Argentina, como Annemarie Heinrich, a quienes hoy los museos europeos buscan recuperar", dice el director de BAphoto, Diego Costa Peuser, en diálogo con Télam.

La feria llega con un concepto presencial distinto. "Hemos salido de La Rural porque no era el momento. Hoy. No sabemos qué pasará el año que viene. Pero quisimos volver al reencuentro, al arte hay que acercarse para verlo y sentirlo, en zoom no es lo mismo, y el mundo del arte también es disfrutar de todo el momento, con los artistas y el público", apunta en el patio donde se montó un bar y un pequeño escenario anticipa las charlas que acompañarán el evento.

Este lugar, mucho más chico -dice mientras una lluvia leve moja el terreno destinado a la distención, a la posibilidad de quitarse un rato el barbijo- "nos permitió darle presencia a nuestros grandes fotógrafos, a los emergentes y a un público que este año rondará las tres mil personas. Mil por día contando del viernes al domingo próximo cuando la feria abra sus puertas en general, una cifra muy inferior a las 15 mil que solía convocar por edición, que a veces escalaba hasta los 20 mil".

"Nosotros no podemos recibir ese público: las entradas tienen que comprarse por Ticketek y tienen un cupo por hora, respetando un aforo que permitirá en todo momento la circulación de público. Pero todo esto va a pasar -asegura Costa Peuser-. Las ferias son elementos de reacción hacia el público que dinamizan el mercado y entusiasman para comprar". Por eso en los próximos tres meses la curadora Irene Gelfman hará minimuestras con obra de artistas del BAphoto en Patio Bullrich. Una forma de aumentar el tiempo en vidriera y la posibilidad de venta.

"Mi compromiso es tratar de dinamizar el mercado", indica. Así que, una vez cerradas las puertas de Basavilbaso, el 17 de octubre, la feria seguirá de forma virtual por dos semanas, prácticamente hasta fin de mes, más allá de que las obras después se suban a la página https://www.buenosairesphoto.com.

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"Estamos viviendo momentos nuevos que llaman a reacomodarnos, a hacernos más virtuales y prácticos. Replantear, repensar y buscar nuevos objetivos. Hay que trabajar, salir, invertir e internacionalizarse, con las galerías o directamente con los artistas si no tienen galerista que los represente. La escena del arte en Argentina, a nivel mercado, está muy difícil", asevera.

Si bien la virtualidad sirve para mantener esa paradójica presencia, a la hora de las ventas la presencialidad es insustituible, coinciden muchos de los feriantes. Sentencia a la que suman la noción de cambio y de nueva puesta a punto con esfuerzo y una ganancia no comercial, sino experiencial, que sin embargo para alguno significó grandes producciones y proyectos.

"Estamos contentas de volver a encontrarnos con el público -dice Carolina Groverman, de la galería Vasari-. El año pasado, que la feria y todo fue virtual, vendimos bien. Vendimos menos pero también se redujeron los gastos. Pero el contacto con la obra es inestimable. Queremos que la Feria marque un retorno a la presencialidad y estamos expectantes en cómo responderá el público. El objetivo es promocionar y vender".

Esa expectación se repite en Hilario, por ejemplo, galería de antigüedades, donde la virtualidad no funcionó para vender, al menos no en el BAphoto 2020, que fue totalmente virtual y les sirvió para contabilizar una única compra. "Subsistimos -dice Fernando Vega-: negociamos los alquileres, sacamos catálogos online que hoy continúan y ahora estamos concertando cita previa. La inmensa mayoría de la gente si no toca no compra. Sacamos catálogos impresos que les enviamos a algunos clientes. Hasta les enviamos las piezas para que las vean. Por eso hay expectativa en este encuentro".

Un caso diferente es el de "Zona V, fine art point", la galería que abrió en plena pandemia en la localidad bonaerense de Vicente López, heredera de la galería Diego Ortiz Mugica, dirigida por la hija del fotógrafo, María Ortiz Mugica. Todas las imágenes, salvo una, son primera copia de fotos hechas en pandemia y a eso se suman cuatro libros producidos en pandemia por una editorial fundada en pandemia, RAIN, acrónimo que no significa lluvia en inglés, sino "la posibilidad de trabajar entre antagonistas: Racing-Independiente", dice María.

Fue una decisión que toda la obra expuesta sea de marzo 2020 hacia adelante, cuenta María: "hubo pérdidas estos dos años en las que no nos pudimos acompañar desde el abrazo, pero la pandemia también fue una invitación a mirar hacia adentro, a encontrar que dentro del dolor y del miedo la belleza sigue estando". "La belleza de las formas" es justamente el título de uno de los libros que acompaña una muestra interactiva en la Fototeca Latinoamericana (FOLA).

En la planta baja y el primer piso de la antigua residencia de los Basavilbaso se suceden propuestas como Fuera de foco, espacio que reúne a galerías de Córdoba, Santa Fe y otras provincias, el sector Video Proyect, donde tras sendos cortinados el curador Rodrigo Alonso se concentra en la imagen en movimiento de nuevos artistas, un área donde gana espacio la fotografía patrimonial y la dedicada al reconocimiento y homenaje de una figura en particular.

Lucrecia Plat, la primera artista homenajeada en vida en el BAphoto, cierra fuerte los ojos cuando le recuerdan ese dato. En noviembre cumplirá 79 años y es una de las adultas mayores señaladas como grupo de riesgo del Covid que, "siempre atenta y con los cuidados necesarios", nunca dejó de salir a la calle y que además, en esto puede haber sido la única, montó un dispositivo en pleno aislamiento, ineficaz pero entretenido, para componer imágenes.

Consistió en agujerear la verja de su balcón, en el piso 14 de una de las torres que enfrentan la plaza Las Heras, en CABA, para disparar con su cámara a un banco todo los días a las dos de la tarde. "No hubo una sola que valiera la pena, así que las borré, me dio bronca", dice en un impasse que hace mientras visita el local de Vasari donde también se vende su obra.

En Baphoto se ven parte de las imágenes que tomó de la noche porteña en los años 70 cuando trabajaba como reportera del diario La Nación mostrando a las clases altas vinculadas al poder, "aportando una perspectiva poco presente en esa época de grandes conflictos sociales, una mirada cargada de ironía y sarcasmo que sumó una arista única y poco trabajada por sus contemporáneos", destaca el curador Francisco Medail.

Algunos de los retratos más reconocibles de Plat -fotógrafa obrera que pasó por la foto social, periodística, de retrato y publicitaria- son los que hizo de Alejandra Pizarnik -pelo corto, descentrada y trágica- para el Centro Editor de América Latina.

"Yo ya trabajé en esto, que hagan los otros los que se les dé la gana", responde sobre los preparativos del homenaje. Aunque a veces algo pido -agrega, hábil-quisiera que se diera más difusión a los retratos que tengo de escritores y de artistas plásticos, muchos inéditos, como los de Germán Rozenmacher y Juan José Manauta", no Juarroz, que BAphoto lo muestra "colgado en la cornisa, qué papelón -se ríe Plat. Después él me sacó una foto a mí parada en la cornisa. La ves en mi página".

Florencia Battiti, curadora del Special Proyect que hoy coordinaba las visitas guiadas de grupos invitados a la feria, habla de "una avidez del público por volver al recorrido presencial" y se prepara para la proyección en altura que a partir de las 19 se hará sobre una de las medianeras del patio de ingreso a la Casa Basavilbaso.

Son dos obras, una de Silvia Rivas y otra de Diana Schufer, que todos los anocheceres del BAphoto jugarán con la arquitectura lindante y se proyectarán más allá de la feria, superando la idea de videoinstalación. Dos obras donde el cuerpo es protagonista de manera muy subjetiva: en la de Rivas una mujer está intentando dar el paso que provocará el acontecimiento, en la otra, titulada, "Yo te creo, yo te destruyo", la trama aparentemente inocente del video se desarma a medida que avanza, "es la representación de la violencia, muda, latente, que puede anidar en cualquier relación afectiva", resume Battiti.

El 17° Bhpoto podrá visitarse de viernes a domingo en Casa Basavilbaso 1233, CABA, de 12 a 20. (Télam)