El novelista irlandés John Banville es perfeccionista, atento al estilo y, según confiesa, tarda unos cinco años en terminar una novela, siempre textos muy trabajados, de una escritura concisa y compleja.

Pero en 2005 algo cambió en su trayectoria como escritor. De vacaciones en Italia, se sentó una mañana y comenzó a escribir una novela de misterio que ocurre en Dublín en los 50 y para la mañana ya tenía 1500 palabras en la computadora. El ritmo era otro. En cinco meses terminó "El secreto de Christine". Eso sí: el vocabulario era acotado, el estilo directo y las frases, cortas; había generado un cambio radical con su escritura. Para la hora de la comida, había escrito 1500 palabras. Pensó para sus adentros, "John Banville, eres un fácil", pero siguió adelante y terminó en cinco o seis meses. Sorprendido por su propio cambio en la metodología de escritura y por el estilo de la prosa, la publicó en 2007 bajo el nombre de Benjamin Black. Y esa firma, que da cuenta de una operación literaria, no se le escondió ni al mercado editorial ni a los lectores. "Siempre digo que lo que obtienes de Black es resultado de la espontaneidad, mientras que con Banville es un extremo de la concentración", explicó él cuando se conoció aquel texto que fue el puntapié de otras siete novelas de Black. En las solapas el autor confiesa su doble identidad sin tapujos: "Benjamin Black es el seudónimo del prestigioso escritor John Banville (Wexford, Irlanda, 1945)". (Télam)