"Cuadernos" se publica meses después de "Ficción privada", una película con la que Andrés Di Tella cierra una trilogía familiar compuesta por "La televisión y yo" y "Fotografías" pero que también puede leerse en diálogo con este libro, ya que en todos los casos está su biografía y la de su familia dispuesta a trabajar con la del espectador y lector para ponerla en movimiento, tal como dice que le gusta pensar sus creaciones.


-T: ¿Cómo dialoga la escritura con la tarea de hacer cine?

-A.D.: Me considero cineasta, no escritor. Paso más tiempo leyendo que viendo películas. Hasta te diría que muchas veces cuando hago una película me propongo hacerla como si estuviera haciendo una novela. A veces las referencias que tengo en la cabeza a la hora de imaginar una película son más libros que películas y eso quizás tiene como resultado que sean más originales o más raras porque no estoy tomando un modelo cinematográfico sino literario. Por ejemplo, "Ficción privada" se basa en una correspondencia entre mis padres cuando eran jóvenes y, en algún sentido, la inspiración de esa película es mi lectura juvenil de las cartas de Kafka. Siempre quise hacer una película con cartas y finalmente la hice con las de mis padres. A veces busco modelos o referentes fuera del cine, en la literatura pero también en las artes visuales. Me inspira más ir a otro terreno.

La buena literatura está llena de imágenes entonces esas imágenes trato de que se cuelen todo el tiempo. La imagen tiene un poder especial, suele ser algo bastante abierto donde podés interpretar de diferentes maneras: podés describir la copa de un árbol meciéndose en el viento y según donde cae eso en un relato puede tener una insinuación metafórica o no y simplemente te da una ubicación temporal o una pausa. Son los lugares en el libro donde también el espectador puede reflexionar sobre lo que acaba de leer, sobre esas imágenes.

-T:¿Cómo ves los cambios en las formas de ver cine?

-A.D: En la sala oscura siento que está la esencia del cine. No está en el celuloide sino en la sala oscura en ese momento de concentración, de silencio, de compartir a veces de forma anónima con personas que no conocés pero que conforman una especie de comunidad. Y como inclusive salir de la proyección de una película te cambia, uno sale cambiado, es como que ves por un rato la realidad con otros ojos. El haber estado un rato callado, sentado, sin poder moverte se presta a un proceso de transferencia, identificación, emoción, reflexión y de sentirte parte de una comunidad. El cine en salas tiene un valor comunitario profundo que puede ser que esté en crisis y que la pandemia haya ayudado a empujar. Esto no quiere decir que no pueda ver una película en la compu, lo hago todo el tiempo pero se pierde algo.

-T: Tu última película decidiste estrenarla por plataformas, ¿qué balance hacés de esa decisión?

-A.D.: Hay un momento muy emocionante donde el largo trabajo que implica hacer una película transita una especie de encuentro emocional con el público que uno percibe en la proyección en la sala. La emoción se transmite. Era un duelo no tener ese momento. Tuve la suerte de que la película ya había empezado a circular por festivales como el de San Sebastián donde pude viajar para acompañarla, así que un poco esa vivencia la tuve. Sin embargo se estrenó por Cinear TV, después en la plataforma Cinear, en Puentes de Cine, va migrando. La vio más gente que la que la hubiera visto en el raquítico sistema de salas que pasan películas que no sean de Hollywood, pero además por la pandemia muchísima gente me escribió por redes, por mail. Hasta recibí alguna carta manuscrita enviada con estampillas. Entonces obviamente que la difusión de la película por streaming, por televisión, hace que se continúe viviendo, tiene una vida distinta. Si se pierde algo se gana otra cosa. Quizás mayor comunicación.

Al tener la película en la computadora también está más a mano. Por eso quizás la gente se siente más habilitada para escribir al autor y cosas muy personales. Mis películas, libros, cuadernos, usan mi biografía y la de mi familia para trabajar con la del espectador, la ponen en movimiento. Es material que creo que es universal. Todos tenemos algún tipo de familia entonces confío en eso y lo compruebo todo el tiempo. (Télam)