María Fernanda Ampuero, autora del libro de cuentos "Sacrificios humanos", se resiste a pensar una literatura atravesada por una mirada de género o apoyada en problemáticas sociales actuales: "hoy más que nunca los autores y autoras tenemos que dejar claro que escribimos relatos, novelas o poesía, no panfletos ideológicos", afirma.

Inmigrantes, femicidas, bullyng, gordofobia, inseguridad, los temas que toca con el terror fantástico de estos cuentos podrían ser agenda de actualidad pero eso no la convoca, "mi único interés es hacer buena literatura -afirma-. ¿Es actual el maltrato a la mujer? Lamentablemente no. ¿Y al extranjero? Eso es más viejo que el tiempo. Escribo desde lo que me obsesiona: la crueldad humana".

"Imagínate lo malísimo que sería un libro que tuviera la pretensión de hacer un inventario de problemas sociales. Sería algo como las Fábulas de Esopo, historias con moraleja y con moralina. No-literatura, en definitiva. La literatura no puede ser un inventario ni un sumario ni, por supuesto, una denuncia. Tiene que ser eso: literatura".

Ampuero escribe desde sus obsesiones: "el miedo al otro, el odio al otro, la destrucción de eso que llamamos otro, me obsesiona, como decía, la crueldad, que es omnipresente y, ojo, que no es una condición latinoamericana, sino universal y se ejerce en mayor medida contra las mujeres, los niños y los adolescentes".

"Que la simple existencia de una persona le resulte insoportable a otro y que, por eso, quiera destruirla o que alguien pueda permanecer impasible ante el sufrimiento de los demás me parece un material literario antiguo como el tiempo y aún, fíjate la paradoja, cada día más explorable", concluye.

-Télam: ¿Hay un interés por la actualidad en tus relatos?

-María Fernanda Ampuero: Escribir buena literatura en clave de terror es prácticamente mi único interés en relación a mi escritura de ficción. "Edith" está ambientado en tiempos bíblicos, "Lorena" habla del caso de Lorena y John Bobbit, que sucedió hace 30 años, y muchos otros cuentos, siento yo, son atemporales, hago un esfuerzo por que lo sean. ¿Es actual el maltrato a la mujer? Lamentablemente no. ¿Y al extranjero? Eso es más viejo que el tiempo. Más que hablar de la actualidad, que creo que no lo hago, me esfuerzo mucho por nombrar, renombrar, volver a nombrar, decir el nombre, para que nadie pueda hacerse el sordo y eso, además, rodeado de una atmósfera perversa y aterradora que hace que, aunque temas, no puedas dejar de dar vuelta a la página. Es una cuestión de hacer visible lo que se ha invisibilizado, advertir.

-T: ¿Hay conciencia de género en estos relatos?

-M.F.A: Como que hay que buscar en la literatura escrita por mujeres algo más que lo que escribe para que se la valide. Escribo desde lo que soy y desde lo que me obsesiona: la crueldad del mundo, la crueldad de la naturaleza, la crueldad de los humanos. En ese sentido, es claro que voy a elegir siempre contar historias con víctimas y victimarios y creo que la mujer es el epicentro de casi todas las violencias, el botín de guerra, el castigo ejemplarizante, el cuerpo que menos importa, un agujero para satisfacer el placer masculino, un reclamo publicitario, una máquina de cuidar, un sacrificio humano.

Creo que literatura feminista (o comunista o neoliberal o socialista) es un oxímoron. Al ser cualquiera de esas cosas deja de ser literatura. ¿Qué la puedes leer en clave feminista? Claro, así como puedes leer en clave antifascista "1984", pero si no quieres está bien también, disfrutas de una historia, padeces con sus personajes, los acompañas, los entiendes.

Si a mí se me vieran las costuras, si se notara que quiero generar ideología mi literatura sería una basura. El terror, para Aristóteles, está íntimamente ligado a la piedad y eso es, para mí, lo que hace que la literatura que toda la vida me ha gustado funcione. Si a esa fórmula le añades ideología lo rompes todo, fracasas.

-T: ¿No existe una literatura que se desmarca del canon masculino?

-M.F.A: Si permitimos que se encasille la literatura escrita por mujeres como un fenómeno que genera perplejidad, como una moda, nunca vamos a entender que, históricamente, se nos ha privado de la voz del cincuenta por ciento de la población y que esa es la anomalía. ¿Por qué lo mío no va a ser universal? ¿Porque soy mujer? Eso es bastante reduccionista y me parece que más que reivindicarlo como autora, lo que debo hacer es insistir en que se mire de otra manera el canon literario que el patriarcado construyó. Ahí está lo anómalo. Además, si los hombres no hablan desde su subjetividad, ¿desde dónde hablan? (Télam)