(Por Eva Marabotto)

Mientras espera el fin de la pandemia para estrenar su película "El país de las últimas cosas", cuyo guion escribió junto a Paul Auster, el cineasta Alejandro Chomski dio a conocer "El libro del desvarío humano", una colección de anécdotas tragicómicas de su paso por los estudios de Hollywood y los grandes festivales de cine del mundo, donde se propuso estrenarse como escritor con un estilo confesional en el que es capaz de reírse de sí mismo y sus peripecias.

Quizás porque el libro tuvo un título posible bastante más pintoresco ("Cien cagadas") que al final no prosperó, el texto es una colección de torpezas, infracciones a la etiqueta y accidentes fortuitos recopilados por el director en su carrera cinematográfica.

Sin embargo, al mismo tiempo, las historias jocosas son la excusa para que el autor reflexione sobre su vocación de mostrarse tal cuál es y el texto alcance honduras inesperadas y se adentre en el terreno filosófico. "Las personas somos lo que podemos", analiza el realizador después de contar una anécdota sobre historias de amor cruzadas, que lo tuvieron corriendo de un lado para otro en el aeropuerto de Los Ángeles entre un amor del que se estaba despidiendo y una actriz armenia con la que estaba iniciando una relación.

"El libro está lleno de ocurrencias, gags y de una pequeña sabiduría deforme y cotidiana que lo transforman por momentos en un libro de autoayuda, que nos muestra a Chomski utilizando su propia escritura para desprenderse de su ego e intentar absolverse", analiza su colega y amigo Andy Fogwill en el prólogo.

Publicado por Caleta Olivia, "El libro del desvarío humano" marca el debut como escritor de Chomski que tiene una extensa carrera como realizador cinematográfico, en la que fue productor, guionista, editor y compositor. Desde su debut con "Hoy y mañana", dirigió ocho películas. La última, "El país de las últimas cosas", se preestrenó en el Festival de Cine de Mar del Plata en 2020.

Precisamente el texto llegó después del trabajo en colaboración que el director realizó con el escritor estadounidense Paul Auster durante más de 15 años para adaptar su novela y convertirla en un guion cinematográfico. De esa convivencia rescata un aprendizaje: la búsqueda de la precisión y la brevedad. "Me di cuenta de que el trabajo del escritor es precisamente reducir la información lo máximo posible para no aburrir al lector y, al mismo tiempo contarle todo lo que tiene que saber".

Sobre su debut en la narrativa y las similitudes y diferencias entre el cine y la literatura conversó Chomski en esta entrevista con Télam.


-Telam: Escribir el guion de "El país de las últimas cosas" junto a Paul Auster te llevó 15 años, ¿en qué etapa está la película?

-Alejandro Chomski: La película está en la misma situación en la que están todas las películas por la pandemia. La mía se preestrenó en el Festival de Mar del Plata en una función hermosa que fue presencial, con todos los protocolos. Se pasó un par de veces en Cine.ar y ahora esperamos la época de festivales para ver si conseguimos un distribuidor internacional y al mismo tiempo esperamos el fin de la pandemia para poder estrenarla en la Argentina y en Europa. Tenemos expectativas de que una vez que esta pesadilla se vaya, los cines vuelvan a abrir.

-T: ¿Qué diferencias encontraste entre dirigir una película y escribir un libro? ¿El cine y la literatura tienen puntos en común?

-A.CH. :En el cine hago ficción. Salvo un par de documentales que hice sobre Charly García y sobre mi abuelo, todo lo que hice es ficción. Es decir que tengo que construir una estructura dramática, un conflicto, un punto de inflexión; todas las leyes que rigen cuando uno hace ficción. En el libro fue a la inversa, aposté a la rigurosidad y decidí contar lo que recuerdo, lo que pasó. Lo que entendí en la práctica que cuando contás algo que te pasó y lo recordás es cómo volver a vivirlo porque nunca es igual a cómo fue.

-T: Entonces, ¿todas las anécdotas son ciertas? Pero intentaste hacer una edición de cada una de ellas e incluso del conjunto que no respeta el orden cronológico sino que deambula entre tu infancia porteña, tu adolescencia en Barcelona y tu juventud en Buenos Aires, Los Ángeles y París…

-A.CH.: Sí. a cada una cuando la iba a hacer pensaba el modo de que quedase mejor. Si me convenía abrirme y contarla en tercera persona, o si me iba a salir más auténtica en primera. Son decisiones literarias que toman todos los escritores. Pero en relación a la ficción, mi ficción está en el cine, no en este libro. Son todas anécdotas que me ocurrieron, salvo una que me contó un editor amigo. El proyecto original proponía ilustrar cada anécdota con su foto correspondiente, pero desechamos la idea por una cuestión de presupuesto y de dificultad técnica, ya que de algunas fotos ni siquiera tenía los negativos sino una simple copia impresa.

-T.: Para ser un texto autobiográfico tiene un trabajo muy fuerte sobre el narrador de cada historia. En algunos casos está en primera persona o en tercera, pero también usás la segunda.

-A.CH.: Fue un trabajo consciente sobre la voz narrativa. Me pareció que tantos cuentos en primera persona iban a ser demasiado narcisistas. Así que me pareció divertido y entretenido como ejercicio para mí, que no soy un escritor profesional, probar las tres personas. La segunda llegó porque hay una película cubana que me encanta que se llama "Memorias del subdesarrollo", que es todo en segunda persona. Es como tu voz interior en la que el protagonista se habla a sí mismo y me pareció un gran recurso.

-T.: Esa exploración también abarca lo formal… Hay historias que están estructuradas como un chat; otras, como el guion de una película y la que da inicio al libro está escrita sobre papel higiénico.

-A.CH.: Fue totalmente casual. Llevé a mi hijo León a una pileta climatizada en un hotel porteño y se quedó dormido. Yo venía muy embalado con la idea de escribir pero no encontré papel con lo cual empecé a escribir en papel higiénico. Me pareció que con el prólogo de Andy Fogwill ese comienzo que son fotografías de un texto escrito en papel higiénico le da el tono que quería darle al libro. De hecho el título original que había propuesto era "Cien cagadas" pero a los editores no les pareció.

-T.: Precisamente, a pesar de que contás tu relación con Emir Kusturica, Jim Jarmusch, Julie Delpy y otros grandes nombres del cine mundial, no caés en la pedantería: preferís rescatar los momentos grotescos de tus encuentros con ellos. De algún modo, el libro desmitifica la idea de un argentino que llega y triunfa en ese ambiente glamoroso…

-A.CH.: Era eso o terapia. Yo vivo flagelándome por errores que creo que cometí como volcarle el vaso de vino a (la directora polaca) Agnieszka Holland. Hubo otros errores de mi vida generados en la ansiedad, que se trabajan en el espacio psicoanalítico. Ahí vos decís que te arrepentís de haber hecho esto o aquello y te contestan que tenés que aceptarte como sos y que si no lo hubieras hecho no serías quién sos. Bueno, además de hacer terapia este libro me sirvió como un confesionario, un expiatorio. No me quiero ufanar de mis contactos, me quiero perdonar por las cosas que me salieron mal.

-T.: En medio de la comicidad, algunos de los episodios como el que cuenta algunas despedidas de tu vida o aquellos en los que reflexionás sobre el ser auténtico y preservar tu identidad, tienen planteos casi filosóficos.

-A.CH.: Es que a medida que va avanzando el libro hago introspecciones sobre el ser humano y sobre la vida. Definitivamente la filosofía me interesa mucho ya que refleja la forma en la que estamos tratando de vivir los humanos. En estos momentos de pandemia ayuda a pensar cómo se transforma nuestra vida cuando la soledad se potencia. Mi anteúltima película "Maldito seas Waterfall" es una discusión filosófica sobre el hedonismo. Por eso traté de incluir esos pensamientos en los cuentos tratando de balancear los momentos más livianos con estas preocupaciones.

-T.: Hace algunos años circuló un documental que hizo tu amigo Santiago García Isler que se llama ¿Quién es Alejandro Chomski?", (https://www.youtube.com/watch?v=MaOiIhs7ETU) en el que famosos y desconocidos hablan de vos ¿de algún modo el libro completa esa semblanza?

-A.CH.: Absolutamente. De hecho el sobretodo que tengo puesto en la foto de tapa del libro es el que usé en el documental. Pero tanto el libro como el documental comparten el tono desacralizante, desmitificante. Yo pude trabajar con Kusturica y Paul Auster, pero no soy Kusturica o Paul Auster. Entre ellos y yo hay una diferencia abismal. (Télam)