Aunque no ocupa un rol central en la trama de "La gran ola", que hace foco en las secuelas del turismo desenfrenado que canibaliza a muchas ciudades del mundo, la novela de Albert Pijuan aloja algunas tensiones de la agenda temática contemporánea.

"No creo que desde la literatura se tenga que hacer activismo, pero por otro lado estás como dejando rastro de una visión del mundo. Entonces, que aparezcan mujeres que no tienen ninguna posición de poder en una novela, ¿es feminista o machista? Puede ser una cosa u otra, despende de cómo la muestres", dice el escritor catalán.

- T: Hay temas secundarios protagónicos en la novela como el racismo, el clasismo y el feminismo. ¿Hubo una intención narrativa en este sentido?

- AP: Claro. Hacia la tercera parte aparece una prima de los protagonistas varones que termina siendo la heredera de la familia. Y obviamente, tiene que ser la más testosterónica. No se feminiza el liderazgo, ella tiene que ser más macho que los machos para liderar el negocio. Y como conoce el medio, sabe que tiene que asumir este rol de macho alfa que ninguno de los tres primos ha logrado. Esa cúpula de poder es impermeable al feminismo, sigue pesando una visión clasista, racista y machista del mundo. Lo van a maquillar, pero no se feminiza de fondo. Poner una mujer no es feminista, es pink-washing. En la novela se pueden mostrar esos mecanismos, es una radiografía de cómo funcionan las cosas en la vida real.

- T: En este sentido, ¿cómo vivís el momento histórico del feminismo en términos de cómo esa mirada interviene, o no, en la narrativa contemporánea?

- AP: Es un tema muy peliagudo, porque por un lado yo no creo que desde la literatura se tenga que hacer activismo, pero por otro lado estás como dejando rastro de una visión del mundo. Entonces, que aparezcan mujeres que no tienen ninguna posición de poder en una novela, ¿es feminista o machista? Puede ser una cosa u otra, depende de cómo la muestres. El ampliar la mirada y ampliar las posibilidades de ver a la mujer, eso sí que ha cambiado. Si miras la historia de la literatura es mucho más fácil encontrar personajes complejos masculinos que femeninos. Entonces, sin abandonar el retrato de la realidad, donde la mujer aún está en una muy mala situación, se pueden aportar perfiles femeninos más complejos. Esto va calando y de repente nos saltan las alarmas cuando nos presentan una visión simplista como las de antes. Las generaciones jóvenes ya están formadas con esta conciencia. Hace poco escuché a Mariana Enriquez contar lo complicado que le es escribir en primera persona en femenino, porque le faltan referentes, porque no sabía cómo sonaban las mujeres escribiendo en primera persona. Ella logró hace poco que una primera persona femenina sonara creíble. Y eso tiene que ver con la falta de referentes culturales, ejemplos de voces femeninas. Un corpus. (Télam)