Mañana, 9 de septiembre, se cumplen 25 años de la muerte de Ricardo Carpani (1930-1997), uno de los artistas más emblemáticos en la historia del arte social y político de nuestro país y creador de una iconografía inconfundible de la lucha social, la clase trabajadora, la opresión y el sindicalismo combativo, banderas que dejó plasmadas en su producción plásticas a través de afiches y pinturas con figuras robustas y titánicas de pieles curtidas, manos ásperas y rostros como en rictus.

Pintor, muralista, dibujante nacido en 1930 en Tigre e hijo de inmigrantes, Carpani fundó e integró el Grupo Espartaco (1959), que heredaba y revindicaba el muralismo latinoamericano frente a otras estéticas de vanguardia en ese entonces. En su manifiesto, el grupo declaraba: "El arte revolucionario latinoamericano debe surgir, en síntesis, como expresión monumental y pública. El pueblo que lo nutre deberá verlo en su vida cotidiana. De la pintura de caballete, como lujoso vicio solitario hay que pasar resueltamente al arte de masas, es decir, al arte".

Como el Grupo Espartaco, Carpani defendía el arte de masas y hacía del arte una herramienta de militancia y transformación social. Por eso, concebía su arte más allá de los museos: de ahí nacieron los murales deudores del muralismo mexicano, como el último que hizo antes de morir en la Plaza de la Cooperación de Rosario donde rinde homenaje al Che Guevara, o los afiches, como los ilustró en volantes y documentos de sindicatos, organizaciones obreras y organismos de Derechos Humanos. La iconografía de Carpani logró lo que pocos artistas logran: estar en las calles y pertenecer al imaginario visual de los trabajadores.

Tres de esos afiches se exhiben actualmente en el Centro Cultural Kirchner, como parte de la selección de más de 150 obras que eligió el Museo Nacional de Bellas Artes para su exposición "Escenas contemporáneas". En una de esas obras -todas realizadas para la CGT- se lee "¡Basta! de dependencia y explotación" y la proclama de "Cámpora al gobierno. Perón al poder", en otra dice "A esto nos llevaron los que gobiernan". En los afiches se ven esas siluetas tan propias de Carpani, pensadas para ser reproducidas masivamente: titánicas, geométricas, de trazos definidos y monumentales.

El artista viajó a Chile cuando gobernaba el socialista Salvador Allende y por eso años también estuvo en Cuba. En 1974 viajó a Suiza para participar de una exposición pero no pudo regresar al país por la persecución de la Triple A. Se instaló en Madrid, donde desarrolló mucha obra -entre ellas su trabajo sobre el tango- y circuló en exposiciones por todo el mundo. En 1984, con el regreso de la Democracia, volvió a la Argentina.

En esa última etapa realizó obras que activaron otras zonas de intereses, como los retratos en grafito de Julio Cortázar y su gato, o Roberto Arlt, o sus obras de selvas frondosas y amazónicas, con otros colores a los que solía usar. Es durante esos años también, en 1990, cuando fue convocado para hacer obra en la Casa Rosada y Carpani eligió crear un cuadro desplegado en siete paneles que relata la epopeya del Martín Fierro, el gran poema nacional del que este 2022 se cumplen 150 años de la publicación de su primera parte. (Télam)