La universidad como trinchera: Kicillof le cuenta las horas a Milei y pide “perder menos tiempo en internas” al peronismo
Pamela Orellana
El lanzamiento del espacio “Universidad y Ciencia” del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA funcionó como algo más que un acto sectorial. Axel Kicillof lo convirtió en una plataforma política con doble destinatario: hacia afuera, para confrontar con el rumbo del gobierno de Javier Milei; hacia adentro, para marcarle límites y tiempos al peronismo en plena discusión sobre liderazgo y estrategia electoral.
El tono no dejó demasiado margen para lecturas moderadas. “A la experiencia de Milei le quedan menos de dos años”, repitió el gobernador, en línea con lo que ya había insinuado el 24 de marzo. La frase, que resonó en un auditorio colmado de estudiantes, docentes e investigadores, se combinó con un diagnóstico más amplio: “Estamos en un momento muy oscuro” y frente a “un plan de destrucción masiva” que —según definió— apunta directamente contra la universidad pública y el sistema científico.
La escena estuvo atravesada por señales políticas. En primera fila, su núcleo duro de gestión —Carlos Bianco, Gabriel Katopodis, Cristina Álvarez Rodríguez, entre otros— y, en el aire, los cánticos de “Axel Presidente” que empiezan a instalarse en cada aparición. El propio Kicillof evita formalizar esa definición, pero ajusta el discurso y el ritmo de campaña como si la decisión ya estuviera tomada.
MDF universitario: trinchera contra el ajuste libertario
El MDF Universidad y Ciencia se inscribe en una serie de lanzamientos sectoriales que el kicillofismo viene desplegando —ya lanzó el de Cultura y se viene el MDF Educación y el de Mujeres— con una lógica de acumulación progresiva. En este caso, el foco estuvo puesto en el conflicto con el gobierno nacional por el financiamiento universitario y científico.
“Estamos viviendo un ataque sin precedentes”, sostuvo el gobernador, al tiempo que cuestionó la profundidad del ajuste “en lo salarial y lo presupuestario” y la carga ideológica que, a su entender, distingue a la gestión libertaria de experiencias anteriores. “No es un simple ajuste”, insistió luego en redes sociales, sino “un plan de destrucción de la educación pública y del sistema científico”.
El planteo no quedó sólo en la denuncia. Kicillof buscó anclar la discusión en un modelo de país: “Hay una asociación directa entre el desarrollo de un país integrado, federal y soberano y sus capacidades científicas y tecnológicas”. Y agregó que la Argentina no puede caer en “el falso dilema” entre campo o industria, sino apostar al valor agregado a partir del conocimiento.
En ese marco, volvió sobre una idea que atraviesa su gestión en la provincia: la necesidad de articular el sistema universitario con el Estado. “No le puede pasar más a la Argentina que su sistema científico, universitario e intelectual resulte estar ajeno a la experiencia de gobierno”, planteó, en defensa de una “planificación participativa” que incluya a trabajadores, científicos y universidades.
Mensaje al peronismo: menos interna, más construcción
Pero el otro eje del discurso fue interno. Kicillof retomó el concepto de las “nuevas canciones”, que ya había generado fricciones con el kirchnerismo duro, y lo usó como vehículo para un llamado a ordenar la discusión dentro del peronismo.
“Tenemos que perder el menor tiempo posible en internas y en discusiones que no llevan a ningún lado”, lanzó, en un mensaje que tuvo como destinatario implícito a La Cámpora y al esquema de conducción tradicional del espacio. La elección del ámbito no fue casual: Exactas es uno de los territorios universitarios donde esa organización tiene peso.
El gobernador fue más allá y apuntó a la experiencia del Frente de Todos: “No nos puede volver a pasar que logremos una expresión electoral que pueda ganar las elecciones y después tengamos dificultades para gobernar”. La frase condensó una autocrítica que empieza a repetirse en su discurso y que busca correrse del desgaste de la gestión anterior.

En ese sentido, también introdujo una lectura sobre el clima social. Según su entorno, “hay algo que cambió en la calle”: un malestar creciente con el gobierno de Milei y una demanda incipiente de alternativa política. Kicillof lo tradujo en términos de militancia: “Hay que hablarle a todo el mundo y escuchar mucho. Se trata de sumar”.
Al mismo tiempo, relativizó el peso de las herramientas digitales en la construcción política. Recordó la derrota de María Eugenia Vidal en 2019 como ejemplo de que “sin big data” y “caminando” se puede construir una mayoría, en una crítica indirecta a las estrategias basadas exclusivamente en redes.
Milei, modelo económico y disputa cultural
La confrontación con el gobierno nacional atravesó todo el acto. Kicillof ubicó a Milei dentro de una tradición económica: “Es el mismo plan” que —dijo— se aplicó en la dictadura, en los 90 y durante el macrismo, con apertura importadora y “represión salarial”. Pero advirtió un diferencial: la velocidad y la radicalidad del ajuste.
También cargó contra la dimensión ideológica del oficialismo. Habló de una “batalla cultural” que, según su mirada, intenta instalar que la sociedad rechaza la universidad pública o la soberanía. “No es verdad que los argentinos están en contra de eso”, respondió.
En otro tramo, vinculó al gobierno con un “club internacional de ultraderecha” y cuestionó decisiones de política exterior, al señalar que la Argentina fue involucrada “en una guerra que no es nuestra”. Y sumó una definición que sintetiza su caracterización: “Nos tocó una derecha ignorante y cipaya”.
El cierre mantuvo la misma línea: advertencia sobre el rumbo del país y convocatoria a construir una alternativa. “Vinimos a plantar una bandera y es la bandera del desarrollo nacional, de la soberanía”, dijo.

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