sociedad

Recicladora urbana: Soy una sobreviviente y el coronavirus es algo más que hay que resistir

Por Agencia Télam

04-07-2020 01:15

"Soy una sobreviviente, el coronavirus es algo más que hay que resistir", contó María Ramis, una recicladora urbana de 63 años que trabaja en la cooperativa Del Oeste, una de las ocho organizaciones que continúa su labor en la ciudad de Buenos Aires durante la nueva fase de aislamiento más estricto.

Desde su hogar en el barrio porteño de Liniers, Ramis aseguró a Télam que "nosotros tenemos bien en claro que si dejamos esto, podemos perder todo. Si bien el Gobierno (de la Ciudad) nos da incentivos económicos y un lugar para trabajar, si dejamos esto, no podemos vivir".

La mujer trabaja desde 2001 en la Cooperativa Del Oeste, que es parte del denominado Bloque Sur, conformado por otras cuatro organizaciones: Alelí, Primavera, Baires y Cerocon.

"Yo sobreviví a la Triple A, a la dictadura militar, a la violencia de género, a quedarme sin laburo, así que esto (la Covid-19) es algo más a lo que hay que resistir. Soy una sobreviviente y voy a sobrevivir también a esto", dijo con voz firme.

Gran parte de los 100 trabajadores de la cooperativa Del Oeste accedieron a continuar su labor porque son jefas de hogar, aunque Ramis aclaró que "muchos hombres son los que recularon por el miedo al virus o algunos están trabajando pero con mucho temor".

"Esto es muy fácil, nos morimos de hambre o nos mata el virus", recordó Ramis que dijo una trabajadora cuando en el inicio de la pandemia consultaron a los integrantes de la cooperativa si querían seguir trabajando.

María contó que tiene hipertensión arterial y admitió ser consciente de que es "una persona de riesgo ante la Covid-19", pero sostuvo que "no alcanza con el incentivo".

El Gobierno porteño provee a 12 cooperativas (de las cuales 8 están activas en la pandemia) que reciclan materiales de grandes generadores de residuos, un galpón en comodato, uniformes y un estipendio económico, a modo de incentivo, de 17.100 pesos por mes a cada uno. Además, ofrece un almuerzo en un comedor y "el material que recuperamos, lo vendemos y ese dinero queda para nosotros", describió Ramis.

"Por eso, creo que somos 'cirujas vip', como dice Cristina Lezcano, coordinadora de la Cooperativa El Ceibo, una de las primeras que comenzó a reciclar junto al Gobierno", contó.

Madre de dos hombres de 39 y 29 años, María trabajó en tareas administrativas o en recursos humanos hasta 2001 cuando perdió su empleo y no pudo acceder a otro.

"Trabajaba en la gerencia de un correo privado y cuando fundió en 2001 no conseguía empleo en ningún lugar; tenía 44 años, dos niños y la crisis no daba tregua", recordó.

Ramis comenzó a participar de las asambleas barriales entre vecinos desempleados y desesperados por conseguir un trabajo, y allí un hombre que trabajaba en una papelera "nos propuso que juntemos cartón y papel porque la empresa nos lo iba comprar y otro nos acercó al Banco Credicoop que daban charlas y así, armamos la cooperativa hace 18 años".

Hoy la recicladora hace cuentas y admite que en el contexto de la pandemia "perdimos el 75% de los clientes entre hoteles, industrias y universidades inactivas y bajo consumo domiciliario". "Antes recolectábamos 2 mil kilos diarios mientras que ahora estamos en 400 a 450 kilos", apuntó.

Con respecto a las medidas de seguridad para evitar contagios de coronavirus, detalló que "usamos doble par de guantes, barbijo, lentes, mantenemos la distancia social, cambiamos la ropa cuando llegamos al galpón, nos lavamos las manos cada hora y media y hacemos turnos de 14 días y descansamos dos semanas".

"Falta mucha decisión política para reorganizar socialmente a los recicladores urbanos en todas las jurisidicciones del país", dijo y recordó una poesía: "Las palabras de (Juan) Gelman son para este momento. 'Hay que aprender a resistir, ni a irse ni a quedarse, a resistir; aunque seguro habrá más penas y olvidos'". (Télam)