sociedad

Naturalizar el acto voluntario y frecuente de donar sangre requiere de un cambio cultural

Por Agencia Télam

07-11-2020 03:15

Por el Dr. Oscar W. Torres, presidente de la Asociación Argentina de Hemoterapia, Inmunohematología y Terapia Celular (AAHITC).


El 9 de noviembre de 1914 el Dr. Luis Agote realizó en el Hospital Rawson de Buenos Aires la primera transfusión de sangre utilizando el citrato de sodio en dosis no tóxica como anticoagulante. Un hito en la historia de la Medicina Transfusional mundial.

Por esta razón en cada 9 de noviembre se celebra el Día Nacional del Donante de Sangre. Hablar de donantes voluntarios de sangre en el contexto de la pandemia por Covid 19, es destacar y agradecer la respuesta solidaria del conjunto de la sociedad argentina, que aun con las dificultades que se presentan, se acerca a los centros de salud para donar sangre.

Esta situación sanitaria impuso restricciones y obstáculos nuevos, desconocidos y francamente perjudiciales para la donación de sangre. Dificultades que se suman a histórica deficiencia de la donación voluntaria, altruista y habitual en nuestro país.

Estamos lejos de cumplir con las recomendaciones de la OPS/OMS, a las que adherimos, de llegar al 100% de donación voluntaria. Las cifras indican que apenas alcanzamos el 40% a nivel nacional.

Las razones son múltiples; influye tanto el estado de ánimo general de la población como los factores ambientales o económicos. También, permanecen vigentes mitos y dudas que todavía son difíciles de desterrar.

Por otra parte, sigue presente el pensamiento "dono sangre cuando me lo piden". No está mal responder a este tipo de cuestiones puntuales, pero lo ideal sería dar un paso más y mantener la frecuencia. Donar voluntariamente, en distintos centros de salud, sin estar referenciado a ningún paciente en particular.

No es solo una persona, es el país es el que necesita sangre y la única fuente es el ser humano. La sangre es un recurso terapéutico único e irremplazable. Se administra en casos de hemorragias graves, como suele suceder en el período periparto, durante un trasplante de órganos, ante heridas severas o enfermedades hematológicas.

Esto es una realidad que debería estar por sobre otras cuestiones. Hay una necesidad, una demanda y una forma en la que podemos cumplir. Y va más allá de la situación actual.

Naturalizar el acto voluntario y frecuente de donar sangre requiere de un cambio cultural que se logra a partir de la educación. Se deben "formar donantes de sangre". El sistema educativo debe proponerse llevar adelante, en conjunto con los organismos nacionales de salud, ongs, Sociedades Científicas y miembros de la comunidad, programas intensivos de capacitación sobre este acto solidario. Y según las experiencias registradas en países con alto porcentaje de donación voluntaria, deben comenzar desde la educación primaria.

Esta pandemia nos obligó a buscar distintas estrategias para subsanar una situación crítica. El éxito se alcanzó en parte por el histórico compromiso de los donantes habituales, pero también a través de las campañas en medios de comunicación y redes sociales. Gracias a ellas contamos con una población nueva de donantes, es decir donantes de primera vez, y que volvieron a hacerlo con el mismo entusiasmo.

La Asociación Argentina de Hemoterapia, Inmunohematología y Terapia Celular (Aahitc), como entidad científica comprometida con la sociedad y con quienes necesitan de una transfusión, agradece este espíritu solidario y desinteresado de la población. Este 9 de noviembre, para celebrar esta tradición de ayuda mutua que nos caracteriza, nada mejor colaborar con las campañas de donación de sangre. Es un acto voluntario y desinteresado que requiere conciencia, responsabilidad e información. Se hace desde el corazón, pensando en los demás.

(Télam)