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Libres de homofobia, los refugiados LGBTIQ+ jamaiquinos se enfrentan al “racismo” argentino

Por Agencia Télam

31-10-2020 03:00

Dos jóvenes gays jamaiquinos que obtuvieron refugio en la Argentina tras viajar a este país por recomendación de activistas locales coincidieron en que si bien aquí ya no son discriminados por su orientación sexual, sufren el mismo “racismo” que otros afrodescendientes.

Fitzroy Beckford (25) lleva poco más de tres años viviendo en Buenos Aires, donde primero se ganó la vida preparando viandas, luego fue vendedor en ferias, y actualmente se desempeña como asesor de ventas en internet.

“Cuando yo tenía 16, mis primos se enteraron que soy gay porque me escucharon hablando con un chico por teléfono y esa noche me atacaron como para matarme”, contó a Télam.

Conoció a un hombre mayor con hijos de su edad, que lo “salvó” de esa situación y con quien estuvo cuatro años viviendo como pareja, aunque hacia afuera simulaba ser un hijo más.

Durante ese tiempo Fitzroy volvió a estudiar y trabajar; hasta que “una prima se vino al barrio con su novio y era peligroso para todos”, así que le dijo a su pareja que se tenía que mudar, “pero no de casa, sino de país”.

“Una empleada de una agencia de viajes me dijo que Argentina es un país muy bueno que acepta a las personas gays. Eso fue un viernes y el sábado ya estaba acá”, contó.

Paradójicamente, Fitzroy pudo restablecer desde Argentina el contacto con su madre que lo abandonó de bebé y con su padre que lo dejó al cuidado de diferentes familiares y a quien de grande dejó de ver porque “estaba con su nueva señora en otra provincia”.

“Después de años volví a hablar con mi papá y con mi mamá, porque mis dos hermanos más grandes se murieron y ahora soy el mayor. Ellos están avergonzados”, contó.

Por parte de su padre, Fitzroy tiene cuatro hermanos más de 18, 10, 16 y 4 años, a quienes quisiera traer a la Argentina para que estudien, porque, “yo no quiero que estén en los lugares que yo estuve”.

En Argentina descubrió el activismo con la Federación Argentina, desde donde ayuda a otros compatriotas que solicitaron refugio.

“Lo que sí veo acá es gente con actitudes racistas, como cuando voy al banco o a otro lugar importante y me hicieron sentir como si yo no fuera nadie”, contó.

Uno de los 13 países que forman la América Insular o Antillas es Jamaica, un estado insular donde la homosexualidad está penada con hasta 10 años de cárcel en virtud de una ley que data de la época colonial y que no fue modificada porque el 77% de la población la apoya.

Además la cultura produce contenidos homofóbicos sin condena social, como lo son muchas letras de diferentes géneros de la música popular jamaicana, lo que ha dado lugar a la campaña “Stop Murder Music” por parte de diferentes organizaciones.

Como resultado de esto, tres de cuatro integrantes del colectivo de la diversidad sexual desean abandonar su país para librarse de la homofobia en la isla.

“Mi mamá y mis hermanos se enteraron de que soy gay cuando yo ya estaba en Argentina, por una foto que sin querer publiqué en mis redes sociales. Yo me fui porque tenía mucho miedo de los miembros de mi familia, sobre todo de mi hermano mayor, que fue abusivo y violento conmigo por 20 años y, si sabía esto, iba a ser peor”, contó por su parte Nick Brown (23), otro refugiado jamaiquino que actualmente vive en Rosario.

El joven decidió abandonar el país cuando la imposibilidad de “salir del closet” le empezó a “afectar la salud”.

Pero entonces su jefe en la ONG para la que trabajaba, advirtió la situación y lo puso en contacto con la organización jamaiquina Jflag, que a su vez trabaja en alianza con la canadiense Rainbow railroad –que cubre los pasajes y primeros meses de estadía para personas LGBT+ solicitantes de refugio- y la FALGBT+ Argentina.

“Me dijeron que había una oportunidad de venir a Argentina, que tiene sus puertas abiertas por este tema”, contó.

A su mamá y sus seis hermanos, Nick les dijo que viajaba “tal vez por dos años”, por un nuevo proyecto de trabajo.

“Allá es muy peligrosa la vida en general para ser una persona de la comunidad LGBT+. No es que van a llamar a la policía si descubren que eres gay sino que van a tomar la decisión de hacer justicia por sí mismos”, contó.

La familia se enteró que Nick es gay y que no tiene pensado volver a su país meses después.

Después de “un año muy largo” de silencio, su mamá y una de sus hermanas volvieron a hablarle, pero el vínculo sigue cortado con el resto de la familia que se siente afectada en su “reputación”.

Hasta poco antes que comience la cuarentena, Nick estuvo trabajando para una empresa estadounidense de marketing digital y actualmente hace "algo de dinero trabajando en Rappi”.

Al igual que Beckford, Brown asegura que lo más difícil que enfrentó en Buenos Aires es el “racismo”.

“Muchas veces me pasó estar caminando por la calle y que la gente escupiera justo antes de que yo pase; o sentarme al lado de alguien en el subte y que deje su asiento; o que los empleados de seguridad me persigan por todo el supermercado cuando voy a comprar”, contó. (Télam)