sociedad

La aplicación de antivirales ya conocidos puede ocurrir antes que la de las vacunas

Por Agencia Télam

29-04-2020 03:00

Por Sandra Goñi, Docente Investigadora, Laboratorio de Virus Emergentes de la Universidad Nacional de Quilmes y Juan Manuel Carballeda, Investigadora CICET, Laboratorio de Virus Emergentes de la Universidad Nacional de Quilmes.


Los coronavirus son una familia de más de 50 virus que causan enfermedades en distintos animales. Hasta el 31 de diciembre de 2019, 6 integrantes de esta familia se habían identificado como patógenos también para las personas. Entre ellos se describieron en los años sesenta al 229E y el OC43, y actualmente en conjunto con NL63 (2003) y HKU1 (2005), representan la causa del 15 a 30 % de los resfríos estacionales. Los dos coronavirus restantes son SARS-CoV (Coronavirus del Síndrome Agudo Respiratorio Grave) y MERS-CoV (Coronavirus del Síndrome Respiratorio del Medio Oriente), y ambos causaron brotes epidémicos en 2002 y 2012 respectivamente.

Y así, en la vísperas de 2020 (31 de diciembre de 2019), se reporta la existencia de SARS-CoV-2 (que primero tuvo otros nombres), cuya denominación deviene de su gran parecido con aquel descripto en 2002. El origen de COVID-19 (Coronavirus Infectious Disease 19) es entonces causado por un virus emergente, un virus cuya existencia no se conocía o, al menos, no se había reportado anteriormente su capacidad de infectar humanos. A los pocos meses de su emergencia mostró tener un potencial pandémico, algo que no había ocurrido con los anteriores.

Así, tenemos una situación de salud pública de relevancia mundial, donde aún quedan muchas preguntas por responder, y lo que más necesitamos son herramientas para luchar contra la COVID-19, como las vacunas o antivirales.

Muchas veces se confunden antivirales con vacunas o, incluso se usan como sinónimos, por lo que es importante marcar sus diferencias y el por qué del hecho de que su desarrollo lleve distinta cantidad de tiempo.

Los antivirales inhiben algún paso en el proceso de replicación viral. Cuando un virus entra a una célula tiene que seguir una serie de pasos para poder generar nuevas copias de partículas virales que luego salen e invaden otras células, e incluso nuevos "anfitriones". Los antivirales frenan algún paso de este proceso.

El objetivo de las vacunas, en cambio, es inducir una respuesta inmunológica protectiva para que, en caso de entrar el sistema inmune, el mismo pueda responder con mayor rapidez y de manera eficiente a esos virus.

Otra diferencia es que ya conocemos una gran variedad de antivirales que son efectivos para diversos virus. Entonces es factible, al poder cultivar in vitro SARS CoV2, probar si alguno de estos es efectivo, es decir, si reduce la capacidad del virus de crecer en cultivo. Si alguno funcionara es posible pensar en probarlos en humanos con la ventaja de que en general ya se conocen, es decir se sabe cuáles son sus efectos adversos, con qué medicamentos interacciona, entre otros.

En cambio, las vacunas deben ser sintetizadas sin ningún conocimiento previo y hay que iniciar el proceso desde el inicio.

Es por esto que, la aplicación terapéutica de antivirales ya conocidos puede ocurrir antes que la de las vacunas.

Sin dudas, es necesario que el trabajo sea simultáneo en pos de avanzar en ambas estrategias. Mientras, generamos conocimiento, compartimos datos, y nos quedamos en casa. (Télam)