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El Mercado del Progreso, un ícono de Caballito que quiere volver a brillar con luz propia

Por Agencia Télam

06-01-2019 04:30

El centenario edificio del "Mercado del Progreso", centro comercial y testigo de la historia del barrio de Caballito, vivirá en los próximos meses un proceso de restauración que promete devolverle su esplendor de antaño y dejarlo ubicado entre las joyas arquitectónicas de Ciudad de Buenos Aires.

Los detalles de la obra a desarrollar durante seis meses en el edificio de Rivadavia y Del Barco Centenera fueron repasados el viernes último durante una visita que organizó el Gobierno de la Ciudad y de la que participaron una decena de constructoras.

El grupo de arquitectos que se dio cita en el lugar destacó de manera unánime la belleza de una construcción que, con sus monumental letrero y su decoración Art Déco, hace recordar a las obras de Francisco Salamone, ingeniero que regó con su talento el centro de la Provincia de Buenos Aires durante la década de 1930.

"Es una restauración de dificultad media. Por lo general, los arquitectos decimos que los edificios Déco, donde predominan las líneas rectas, 'envejecen' bien y son más fáciles de restaurar que los Art Nouveau, donde los motivos imitan a formas de la naturaleza", comentó el encargado de la recorrida.

Pero el Mercado es más que esa fachada y por en sus trajinados pasillos se pueden percibir los ecos históricos de un barrio y un país.

Por ejemplo, ese edificio se inauguró en 1889 durante la presidencia de Miguel Juárez Celman y sirvió como centro de reclutamiento para la revolución de 1890 que terminó con los días de ese gobernante cordobés al frente de la Casa Rosada.

Roberto Arlt, quizá uno de los más sensibles relatores de la vida porteña del siglo XX, ubicó a uno de los personajes de su novela "El juguete Rabioso" como vendedor de papel en las instalaciones del mercado de Caballito.

Pero además de esa historia en mayúsculas, hay cientos de relatos mínimos: los de aquellos que han heredado sus locales de padres o abuelos, o los de esos clientes que no abandonan la costumbre de comprar allí "aunque afuera puedan ahorrarse unos pesos".

"Conozco este lugar desde antes de nacer. Mi madre conoció a mi padre que era carnicero en la década del 20, se enamoraron acá y se casaron", comenta el vecino Ramis que, aún hoy, con su avanzada edad, recorre los comercios saludando y deseando un buen año a los comerciantes.

En aquella década dónde se alternaban los gobiernos radicales de Yrigoyen y Alvear, el Mercado abandonó su primera fachada de características austeras y adoptó las líneas del Art Déco que hoy muestra.

Ese frente, hoy ajado por el paso de años de descuido, que muestra las cicatrices de remiendos modernizadores que le fueron quitando brillo, vivió peores días a fines de la década de 1970 cuando directamente se lo tapó con unas planchas de metal.

"Durante años, algunos de los espacios que dan a la calle fueron habitados por empleados del Mercado y como tenían la costumbre de colgar ropa en las ventanas los propietarios pensaron que era mejor ocultar esa situación con esas láminas", señala Alfredo Andrada, uno de los históricos comerciantes del lugar.

Hoy, con una licitación en marcha, todos se entusiasman y -aunque descartan la posibilidad de que siga los pasos del Mercado de San Telmo donde predomina la oferta gastronómica- sueñan con la inclusión del "ícono de Caballito como parte de un circuito turístico".

De hecho, en la actualidad, algunos visitantes se animan a salir de los tradicionales recorridos porteños y hay guías de turismo que ofrecen visitas al lugar para conocer "el Buenos Aires más tradicional".

(Télam)