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El Coronavirus y los niños: más que una infección

Por Agencia Télam

07-05-2020 02:15

Por Enrique Vicente Casanueva, jefe de Sección Infectología Infantil del Hospital Universitario Austral y profesor de Pediatría de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.


La infección por Covid-19 (SARS-CoV-2) recorre el mundo infectando y provocando la muerte de muchas personas y Argentina no es la excepción. En ausencia por ahora de tratamientos efectivos demostrados, ni vacunas; los gobiernos de distintos países han tomado medidas extraordinarias para reducir los contagios, y muchas de ellas afectan también nuestra vida social, productiva y recreativa.

Hasta el 26 de abril de 2020, en Argentina se habían confirmado 152 casos de Covid-19 en menores de 15 años: 75% fueron casos leves, 22.1% moderados y 2.9% graves. La infección en ellos es más leve que en los adultos, aunque no deja de ser peligrosa y a veces mortal. Además, a pesar de tener síntomas leves, los niños pueden contagiar a otras personas.

Los síntomas en los niños no solo son respiratorios. Si aparecen síntomas gastrointestinales o brotes en la piel aun así no tengan fiebre, igualmente es importante consultar con un servicio de pediatría a fin de evaluar si se trata de Covid-19.

En los recién nacidos cuya mamá tiene con Covid-19 se recomienda permitir el contacto piel a piel inmediato al nacer si la condición clínica de la madre y del bebé lo permiten. Se recomienda también alimentarlo con leche materna, ya que los beneficios superan los riesgos potenciales de transmisión y no hay evidencia a la fecha de presencia del SARS-CoV-2 en la leche materna. La decisión final sobre el tipo de alimentación del recién nacido deberá consensuarse entre la paciente y el equipo tratante, en base a los conocimientos científicos de cada momento y al estado de salud de ambos.

Un estado nutricional deficiente es una causa bien conocida de susceptibilidad a las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en la primera infancia. Una nutrición adecuada -incluyendo lactancia materna prolongada-, la administración de vitamina D y el mantenimiento de las inmunizaciones al día (fundamentalmente en los dos primeros años de vida) reducirán los riesgos de severidad de estas infecciones. Por otro lado, debe evitarse fumar cerca de los niños ya sea en ambientes cerrados o al aire libre.

Además de los efectos relacionados directamente con la infección, es necesario resaltar los producidos por el confinamiento social y preventivo, la difusión mediática y cómo lo vive cada familia. Los niños pueden tener sentimientos de ansiedad, estrés y tristeza. Es importante que los adultos los ayudemos a poder expresar estos sentimientos, por ejemplo a través de una actividad creativa, como jugar y dibujar.

Poder expresar y comunicar sentimientos perturbadores en un ambiente seguro y de apoyo puede aportarle a los pequeños cierto alivio. Mantener rutinas familiares en la vida diaria ayuda a organizar el tiempo. Las actividades atractivas apropiadas a la edad de cada niño incluyendo las actividades escolares, físicas y continuar los vínculos con amigos, amigas y compañeros de colegio a través de las redes sociales reducirá su ansiedad.

El coronavirus llegó para quedarse. Entonces es importante que los pequeños adquieran hábitos de protección como lavarse las manos con frecuencia y enseñarles a cubrirse la boca y nariz con el codo cuando tosen o estornudan. Jugar a no tocarse la región T (ojos, nariz y boca) puede ser un buen ejercicio lúdico ya que las manos son una importante forma de transmisión. Es un juego que también tenemos que jugar los adultos para ser coherentes con lo que decimos.

Los niños van a estar muy atentos a nuestro lenguaje corporal, especialmente en estos momentos en que pasan más horas del día con nosotros. Necesitamos entrenarnos, ya que cambiar un hábito puede tardar varias semanas. (Télam)