sociedad

Calles vacías y poca gente en Liniers para pedir pan y trabajo en la celebración de San Cayetano

Por Agencia Télam

07-08-2020 03:30

Calles vacías, pocas santerías abiertas, gran cantidad de agentes de prevención y un puñado de creyentes que se acercó a la parroquia de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, para agradecir o pedir "pan y trabajo", configuraron hoy la postal de la tradicional celebración, en una edición que se adaptó al contexto de pandemia con una homilía sin público transmitida por televisión.

"Le quiero decir muchas gracias, vengo porque lo amo", dijo a Télam Diana Guersovich, una mujer de 65 años que se acercó a la puerta del santuario en la calle Cuzco esta mañana desde la localidad bonaerense de Ciudadela, tal como lo hace desde hace 13 años, aunque esta vez "solo por unos minutos".

La celebración que congrega a miles de peregrinos cada 7 de agosto, hoy se vio reducida a la presencia de los medios de prensa y una fila de 50 agentes de prevención, además de policías y personal de Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires, quienes rodeaban la manzana de la parroquia de San Cayetano.

Solo pocos creyentes, con barbijos y abrigos, aparecían por momentos al frente de la iglesia, y luego paseaban mirando las santerías y preguntaban por los valores de las estampitas, para luego partir.

"Es la primera vez que vengo, le pido (a San Cayetano) que nos de trabajo, salud y que no nos falte el pan del día", contó a Télam Ana Ortíz, una mujer que se quedó sin su trabajo como empleada doméstica durante la pandemia y llegó desde Mataderos, donde vive con seis hijos a cargo.

A las 11 comenzó la homilía del arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, a puertas cerradas y transmitida por el canal de tv de la iglesia, youtube y redes sociales, y solo se permitió el ingreso de la prensa por la parte trasera del santuario, mientras afuera unas pocas personas se acercaban a la puerta principal con barbijo.

La decisión de transmitir virtualmente la homilía estuvo a cargo de las autoridades eclesiásticas, quienes aconsejaron seguir las ceremonias en honor al patrono del pan y del trabajo por las redes sociales, canales de televisión y radio para evitar aglomeraciones y respetar el distanciamiento social dispuesto por la pandemia de coronavirus.

Sin la presencia de fieles, el cardenal Poli pidió hoy por "los más de 7 millones de chicos pobres" argentinos que sufren "niveles de indigencia" que "avergüenzan" y "humillan", al tiempo que afirmó que esa es una realidad que no puede pasar desapercibida para "los adultos con algún grado de responsabilidad".

Las primera palabras del cardenal fueron destinadas a la situación excepcional: "Sabemos que no es lo mismo hacerlo por este medio que encontrarnos cara a cara con el santo, rezar juntos. Pero preferimos cuidarlos antes de que corran algún peligro de contagio".

Sobre la situación económica, Poli afirmó que en "la tierra bendita del pan" se pide por el alimento, por el trabajo y "por una vida digna".

La imagen que se ve cada año en los días previos al festejo del santo, cuando la zona de Liniers se llena de creyentes que forman filas con sillas y carpas en las calles aledañas a la parroquia, desde el estadio de Vélez Sarfield, sobre la avenida Juan B. Justo al 8500, se reducía esta mañana a pocos feligreses que llegaban bajo una leve llovizna en un día muy gris y frío.

"Venimos con mucha tristeza", contaron a Télam Cecilia Benítez, de 60 años, y su pareja Jorge Miceli (65), ambos con barbijo ante la parroquia cerrada.

Los dos saludan y agradecen al Santo desde hace más de 20 años pero hoy confesaron que tienen miedo del virus porque "somos gente grande" y por eso "solo vinimos un rato y ya nos vamos".

Casi sin vendedores ambulantes sobre la calle Cuzco, algunos comerciantes abrieron las persianas de sus santerías sin muchas expectativas de venta.

"Estamos arruinados, abrimos para sobrevivir pero no esperamos a nadie", dijo a Télam Juan José Cuello, un vendedor de 35 años que atiende la santería frente a la iglesia, quien advirtió que encima "el precio de las estampitas y los velones aumentaron un 25%".

Claudia Veizaga, una vendedora que suele venir cada año el 6 de agosto y se queda hasta que termina la celebración al día siguiente, hoy ante la ausencia de fieles manifestó su desazón y tristeza.

"En épocas normales, vendo en ferias barriales pero con el virus ya no están y con San Cayetano vengo a vender desde el 6 al mediodía y me vuelvo al otro día a la noche. Pero hoy no vendí casi nada y un inspector me pidió que me fuera", aseguró a Télam la vendedora ambulante de 45 años con tres hijos a su cargo. (Télam)