revista-grupo-la-provincia

La dinámica del poder de TODOS

El Frente de Todos llegó al gobierno con Cristina Fernández como la flamante vicepresidenta. ¿Influirá su rol en la convivencia de los espacios que integran el partido de gobierno? ¿Podrán surgir tensiones o primará el consenso? ¿A CFK, le podrá pasar con Alberto Fernández lo que le pasó a Eduardo Duhalde con Néstor Kirchner?

Por Redaccion GLP

08-01-2020 02:29

Ya lo dijo el jefe de Gabinete de la Nación, Santiago Cafiero: “Hay amor a Cristina Fernández de Kirchner, entonces pensar que ella se debe adecuar al rol de vice tradicional es injusto porque es no reconocerle sus atributos”. Ocurre que la expresidenta fue la artífice principal del Frente de Todos. Y su caso una vez más se convirtió en un hecho histórico: CFK no fue una vice a la que fueron a buscar, fue al revés. "Me postulé a vicepresidenta para ayudar a conformar esta nueva mayoría popular. Pero yo ya estoy, es tiempo de las nuevas generaciones", supo decir CFK al comienzo del 2019.

Cabe decir que fue esa decisión de Cristina de competir por la vicepresidencia y colocar al tope de la fórmula presidencial a Alberto Fernández la que logró conmover al tablero político argentino. Podría entenderse que el nombramiento de Alberto que hizo Cristina como candidato presidencial serviría para diluir un poco la figura de la expresidenta como engranaje fundamental de la polarización. También, demostrar amplitud y desapego por concentrar el poder tanto como atenuar la cualidad de soberbia que siempre se le ha endilgado a su persona.

Los ojos sobre la vice

Durante el traspaso de mando el foco de atención estuvo puesto en la figura de la vicepresidenta. En efecto, desde el día de la asunción, CFK marcó la cancha con el modo en el cual saludó a Mauricio Macri. Con un frío apretón de manos y cara de pocos amigos, Cristina ni cruzó una mirada con Macri mientras este sí la miró. Fue el momento más tenso de dicha jornada. CFK no guardó las apariencias ante quien acusó de perseguirla y montar las causas judiciales en su contra por supuesta corrupción en su gobierno.

Sin embargo, el presidente Alberto Fernández se fundió en un abrazo con Macri en el Congreso, tal vez un adelanto de que su estilo de gobierno evitará la confrontación que caracterizó a la exmandataria.

Por otro lado, CFK tampoco aceptó la lapicera que usaron Macri y Alberto Fernández para firmar el libro donde uno dejaba asentada su salida y el otro su llegada al cargo de Presidente de la Nación. Cristina buscó a su secretario quien le alcanzó otra lapicera y con esa firmó el libro oficializando su nuevo rol como vicepresidenta.

A Cristina en el acto se la vio atenta a todo lo que sucedía, en contacto directo con el pueblo, haciendo gestos. Y esos gestos fueron gestos de poder. No se mostró expectante de ver qué pasaba, ella se mostró como diciendo ‘volvimos’, ‘tengan confianza’.

“Le dejaron un país devastado”

La vicepresidenta Cristina Kirchner pronunció su primer discurso después de la asunción. Frente a una Plaza de Mayo repleta de militantes, le habló a Alberto Fernández y le pidió “confiar en el pueblo" porque “ellos no traicionan y son los más leales".

“Presidente quiero decirle que ha iniciado su gobierno con muy buenos augurios después del mensaje que le dio a su pueblo en la Asamblea Legislativa. Confié en ellos. Lo único que piden es que los defiendan y los representen”, dijo la ex jefa de Estado.

Cristina le aseguró a Fernández que “tiene una tarea muy dura” porque “le dejaron un país devastado, tierra arrasada”. “Sé que tiene la fuerza y la convicción para cambiar esta realidad tan fea que hoy están viviendo los argentinos”, afirmó.

“Tenga fe en el pueblo y en la historia. La historia la terminan escribiendo, más tarde o más temprano, los pueblos. Sepa que este pueblo maravillo nunca abandona a los que se juegan por él. Convóquelo cada vez que se sienta solo o que sienta que los necesita. Ellos siempre van a estar cuando los llamen por causas justas”, señaló.

En el principio de su discurso, la vicepresidenta recordó la noche del 9 de diciembre de 2015, cuando se despidió de sus seguidores en la Plaza de Mayo, a pocas horas de que comience el mandato de Mauricio Macri. “Aquella noche les dije que no era magia lo que habíamos vivido. Era un Argentina solidaria donde nos importaba lo que le pasaba al de al lado”, indicó.

“Sé que estos 4 años han sido muy duros. Trabajo, salario, pobreza, el hambre que tanto preocupa a nuestro Presidente y que debería desvelar a todos los argentinos bien nacidos”, dijo. Luego, agregó: “Fueron 4 años duros para quienes fuimos objeto de persecución, a quienes se nos buscó hacernos desaparecer literalmente. A través de la humillación y de la persecución. Sin embargo, y pese a todo, estamos aquí”.

“Estamos aquí porque tampoco fue magia. Porque hemos unido voluntades. No solamente individual de un dirigente, sino la voluntad de millones que creen que es posible vivir en un país diferente, en un país mejor”, sostuvo y remarcó que “esa voluntad fue ayudada por la memoria”. “Nosotros le hemos puesto la voluntad política de cambio a la memoria del pueblo y a la historia”, sentenció.

La flamante vice dijo que el acuerdo de la unidad peronista se moldeó “con humildad” y que todos los dirigentes la deben mantener “para saber que lo colectivo es más importante que lo individual”.

TA-TA-TA

El nuevo rol de la flamante vicepresidenta es claro: su principal función será presidir el Senado, donde dirigirá las sesiones. A pesar de que solo podrá votar en caso de desempate, muchos descuentan que el cargo le dará cierto protagonismo y un palco desde el cual expresarse. Y así, al menos, quedó en evidencia desde el día en que debutó con ese papel.

CFK presidió el Senado por primera vez en el marco del debate por la Ley de Solidaridad. Allí tuvo un cruce con José Mayans, el titular de la bancada del Frente de Todos, quien en varias ocasiones cuando tuvo uso de la palabra se refirió a Cristina como “presidente”. Mostrándose defensora del género, le aclaró que lo correcto sería decir “presidenta”. Minutos después, el jefe del bloque del Frente de Todos volvió a dirigirse en masculino. Y Cristina lo volvió a rectificar: “Presidenta, Mayans, presidenta”. Y repitió nuevamente la palabra, remarcando el "ta" al final. Frente a esa situación, Mayans intentó excusarse y aclaró que esa palabra “no tiene sexo”. “Eso es lo que dicen los machistas”, replicó la ex mandataria.

¿Qué pasará con la convivencia de los espacios del Frente?

Desde que se lanzó la fórmula presidencial, las preguntas que surgieron fueron ¿Cuál sería el rol de Cristina en el gobierno de Alberto? ¿Cómo convivirían los egos con el poder? ¿Podría primar, como eje, luchar por el bien común?

Como se sabe, Alberto Fernández fue un actor fundamental en el armado y el gobierno de Néstor Kirchner, pero también una de las salidas más resonantes del gobierno de Cristina Fernández tras la crisis del campo en 2008. Estuvo distanciado durante diez años de la expresidenta, a la que criticó con dureza. Pero, en el último tiempo, se transformó nuevamente en su consejero de confianza.

Este antecedente de cortocircuito entre ellos hace que algunos teman que se dé otra vez. También están los que recuerdan la jugada de Néstor Kirchner contra Eduardo Duhalde: Cuando el ‘pollo’ del ‘cabezón’ decidió volar solo ¿A Cristina le podrá pasar lo mismo con Alberto?

Por lo pronto, Alberto Fernández, en plena campaña, se cansó de decir que nunca más se peleará con Cristina. "Con Cristina, cuando nos reencontramos por diciembre de 2017, que era un momento aciago, dijimos 'empecemos otra vez, a hacer las cosas de otro modo'". "Lo mejor que me pasó con Cristina es que rápidamente recuperamos el cariño y el afecto que como amigos siempre nos tuvimos. Un día nos dimos cuenta que nuestra distancia sólo había favorecido a que se instale en la Argentina esta realidad penosa que todos vivimos", argumentó.

"Mi primera palabra es de agradecimiento a Cristina. Este camino que encaramos no hubiera tenido la misma fuerza sin la grandeza, la generosidad y la visión que tiene una dirigente como ella para entender que hay momentos en la política que se necesitan otras cosas", remarcó.

Fernández expresó con fuerza: "Están todos muy preocupados por cómo me voy a llevar con Cristina. Nunca más me voy a pelear con Cristina, porque vamos a hacer la Argentina que todos ustedes merecen".

"Cristina cambió. Si ella no hubiera cambiado yo no sería presidente. Ella estuvo muy enojada conmigo y fue ella la que me propuso ser presidente. Ella cambió", dijo.

Massa: “No van a lograr que nos peleemos por pavadas”

Cabe recordar que Sergio Massa aportó al Frente de Todos al bajar su candidatura presidencial y al descartar pelear por la gobernación. “Todos teníamos que hacer el esfuerzo y ceder posiciones para garantizar una nueva mayoría y nuevo Gobierno, por la necesidad de terminar con una etapa que en materia económica fue trágica”, indicó.

"Hay una mitología sobre la convivencia. No van a lograr que nos peleemos por pavadas porque está en juego la Argentina", agregó Massa quien de esta manera descartó tensiones con la vicepresidenta.

Sin embargo, nunca faltan los que ponen pocas fichas de tiempo a la luna de miel de los espacios que conforman el Frente de Todos. Por lo pronto, todo indica que la meta es la unión en pos de sacar al país de la crisis. Habrá que ver qué pasará cuando se comience a trazar el tablero de cara a las presidenciales del 2023.

Romper el molde

Se sabe que sin la decisión estratégica de Cristina, el nuevo gobierno no podría ser éste. No obstante, todo el mundo se tragó la píldora de que hay un nuevo viento en la Argentina y que todo va a ser diferente con el Frente de Todos, con la unión del Peronismo, con Alberto, Cristina y Massa en un mismo Frente ¿Pero esto es tan así?

De lo que no hay dudas es que existe un cambio de paradigma en todos los órdenes. Y que, con la llegada de este nuevo gobierno, se abre una gran incertidumbre pero también una gran esperanza.

El poder que llega es diferente. Alberto Fernández asumió la presidencia de Argentina con la misión de enderezar el rumbo de una economía en crisis que lo obligará a hacer un delicado equilibrio entre las amplias demandas sociales y las de los inversores. Llegó al poder con una inflación superior al 50% anual, una economía en recesión y una pobreza cercana al 40%. La renegociación de una deuda pública cercana a los 100.000 millones de dólares será clave para el futuro de su Gobierno.

Ahora, se sabe, viene la parte difícil: Enfrentar la realidad. Ahí se pondrán en evidencia las capacidades y deficiencias de las decisiones estratégicas. El hambre, la emergencia alimentaria; una deuda externa agobiante, serán los principales temas a resolver.

Las decisiones que se tomen y los acuerdos a los que se lleguen darán la pauta de dónde estamos parados o de si Argentina se podrá poner de pie –como dice el slogan del gobierno-. También llegarán los avatares impensados. Es ahí donde se verá la capacidad operativa del gobierno.

Ahora bien, la economía es la gran piedra en el camino. Y Argentina depende del humor del imperialismo internacional financiero. Por eso deberán negociar con unas capacidades únicas y exclusivas. Mientras tanto, al pueblo tendrán que ir dándole respuestas rápidas.

Hay que ver qué capacidad se tiene de visibilizar posibilidades. Puede haber proyectos hermosos pero si no hay cómo financiarlos, no sirve. Por eso están los que dicen que es tiempo de apoyarse mutuamente aún dudando. Es un momento de emergencia donde hay que plegarse. Y escuchar a todos.

En este escenario, cada movimiento de Alberto y Cristina se interpreta, se lee, se relee. Muchos se preguntan cómo será la dinámica de poder entre "los Fernández". Hay quienes están convencidos de que la exmandataria maneja a Alberto Fernández como una especie de títere. Lo mismo que se dijo durante la presidencia de Néstor Kirchner (que era ella quien tomaba las decisiones). Por lo pronto, algunos ya leen gestos del presidente como retribuciones a Cristina por su apoyo. "Hemos visto detenciones indebidas y persecuciones arbitrarias. Nunca más a una justicia contaminada por servicios de inteligencia, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos. Nunca más a una justicia que persigue y decide según los vientos políticos de turno", dijo Fernández el día que asumió.

En esa línea, se infiere que CFK va a gobernar pero quienes operarán serán la gente que ella designe. Y no hay que olvidarlo, fue ella quien designó al hombre que el 10 de diciembre juró como presidente. CFK triunfó ante todo lo que se le antepuso en el paso. Por eso algunos creen que el presidente es ‘un primer ministro’ con un margen operativo y, en esa línea, sostienen que las grandes decisiones estratégicas están en la cabeza de Cristina. O son consensuadas con ella.

Ese pensamiento cree que Alberto Fernández es el hombre que estará al frente de batalla, el que estará desarrollando la estructura del gobierno, el que negociará pero, más allá de eso, la última palabra será de Cristina. Podría decirse que se trata de un poder real y un poder estratégico, éste último ejercido por ella. Y que CFK se ha reservado el poder de los grandes conductores de la historia: Ser la ideóloga del movimiento político.

La metáfora sería algo así como que el comando de la nave está en manos de Cristina. Pero, vale decirlo, el operador, que sería Alberto, no es ajeno a esto, no es un improvisado, sabe qué es lo que pasa. Y, en las áreas estratégicas, hay gente capaz y estas personas fueron elegidas por él.

Por eso también están quienes creen que Alberto es un hombre de carácter –se jactan en la distancia que supo tomar en el pasado de CFK- y algunos hasta se arriesgan a pensar en que podría abrirse solo como en su momento lo hizo Néstor (Kirchner) de Eduardo Duhalde. Quienes creen esto, al presidente, no le ven nada de ‘títere’.

Por otro lado, de cara a un vaticinio, están quienes miran con atención el rol de Sergio Massa, un político con ansias presidenciales no resignadas. Por eso se preguntan cuánto tiempo el tigrense dejará en pausa ese deseo.

Para finalizar, vale decir que Cristina Fernández de Kirchner no será una vicepresidenta decorativa y lo dejó claro tras asumir su nuevo rol. Tanto por sus gestos como por las pasiones que enciende entre seguidores y adversarios, la mujer más influyente de la política argentina en la última década no pasa desapercibida. Su influencia en el gobierno de Fernández es, sin dudas, uno de los grandes interrogantes de la nueva etapa.

Por lo pronto CFK demostró que volvió por propio peso de las decisiones de la gran mayoría. Venció a quienes quisieron vencerla: Jueces, exgobierno, Medios de comunicación. La oposición tuvo que volver a escucharla. Se vio un Macri avergonzado entregando los atributos del poder que creía que iba a retener. Ahora, el tiempo dirá cómo se entretejen los entramados de poder en el Frente. En tanto, resta esperar cómo se ocupan de solucionar –en el corto plazo- los problemas que en la diaria aquejan a los millones de argentinos y argentinas. Cómo se maneje el poder dependerá del tiempo. Pero lo que todos saben es que no es época para hacer muchos experimentos