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Luis Brunati propone generar consciencia entre efectivos de que son trabajadores de la seguridad

Por Agencia Télam

13-09-2020 04:30

Luis Brunati integró hace 33 años el gabinete del entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires Antonio Cafiero, y desde allí emprendió un intento de reforma de una Policía bonaerense en la persistían las rémoras del general Ramón Camps, el genocida que condujo la fuerza en tiempos del terrorismo de Estado.

A partir de esa experiencia, Brunati analizó las manifestaciones policiales que se produjeron esta semana en la provincia de Buenos Aires y consideró que "la sindicalización" de los efectivos "es un camino que permitiría canalizar la resolución" de este tipo de conflictos y "generar consciencia de que son trabajadores de la seguridad".

"Hace tiempo que se insiste con incrementar la cantidad de personal. La Policía de la provincia tiene más de 100 efectivos y parece que nunca alcanza. Hay que poner el acento en la formación", señaló Brunati en declaraciones a Télam.

Docente, cineasta y diputado nacional, Brunati llegó al Ministerio de Gobierno de la provincia de Buenos Aires con una larga trayectoria de militancia en el peronismo y en los años setenta integró los sectores identificados con la denominada Tendencia Revolucionaria.

Tras el triunfo electoral de septiembre de 1987, Cafiero le encomendó la tarea de conducir la fuerza policial más grande del país cuando no existía aún una cartera de seguridad provincial.

Brunati contó que antes de comenzar su gestión, tuvo una reunión con varios jefes policiales en la que intentaron "marcarle la cancha".

"Fue en una cena. Me regalaron una itaca y un ovejero alemán adiestrado para que tuviera seguridad. Y me entregaron un sobre con dinero. 'recursos para hacer política', me dijeron.

"No acepté y empezó entonces una etapa de confrontación que marcó toda mi gestión", señaló.

-Télam: ¿Cómo analiza lo que sucedió en estos días con la policía de la provincia?

- Brunati: Lo vi con preocupación. Lo de Olivos, con policías rodeando la residencia presidencial me pareció algo alarmante. Por experiencia, puedo decir que, más allá de existan demandas que son justas, cuando se producen estas cosas hay un giño que viene desde algún otro lado. Creo que en el fondo se busca desgastar a un gobierno como el de Alberto Fernández que está logrando cosas importantes en una situación muy difícil. Es algo que hay que tener en cuenta.

- T: ¿Ve similitudes con los autoacuartelamientos que hubo en su gestión?

- B: Son circunstancias históricas distintas. Había en ese entonces una cuestión de retraso salarial, pero había además un malestar hacia la orientación que quisimos darle a la fuerza. Intentamos acercar a los jefes policiales a la comunidad mediante un programa que articulaba reuniones periódicas con actores sociales en las que se planteaban determinadas demandas. Eso no cayó bien y comenzaron los autoacuartelamientos. Una de las demandas, era eliminar ese programa de acercamiento porque "se hacían muchas críticas". Muchos jefes decían que era "montonero" porque había militado en la Juventud Peronista. Entonces me tenía que ir.

- T: ¿Cómo se encarrila la situación actual?

- B: En principio, lo más importante es reestablecer la cadena de mandos. Hay que fortalecer la conducción política de la fuerza. Más adelante, y con tiempo, se podría emprender el camino de la sindicalización. La propuse cuando era ministro. Sería una buena forma de encarrilar estos conflictos y de generar consciencia entre los efectivos de que son trabajadores de la seguridad. No es la solución a todos los problemas, pero creo que es algo que podría intentar desarrollarse.

- T: ¿Qué otras reformas deberían llevarse a cabo?

- B: Creo que hay que acercar la policía a la comunidad en la que vive. Hay que tener una policía que sea capaz de dialogar y de atender las demandas de la sociedad. Eso es fundamental para una política de seguridad.

Brunati estuvo acompañado en su gestión por Osvaldo Caporal en la Secretaría de Seguridad, un abogado identificado con posturas más conservadoras que luego integró el gobierno de Eduardo Duhalde. En tanto que Carlos Kunkel fue uno de sus colaboradores más cercanos en el ministerio.

Con ellos, se encararon las primeras purgas de oficiales y se investigaron unidades vinculadas al delito, al tiempo que se apoyó la tarea de jueces que investigaron los casos de gatillo fácil y una experiencia de reforma carcelaria en Olmos en la que los presos de buena conducta podían tener las llaves de sus propias celdas.

Esos cambios no fueron tolerados por una jerarquía que había convivido con Camps y la última dictadura.

Ante la falta de apoyo político de Cafiero, debió dejar su cargo en diciembre de 1988.

"Fue una tarea dura, muy difícil. Con mi familia sufrimos amenazas y mis hijos debieron dormir en colchones en el piso ante la posibilidad de que nos balearan la casa. Pero se dejaron varias enseñanzas que sirvieron para las reformas policiales que se encararon años más tarde", afirmó. (Télam)