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La cárcel, un pilar central del racismo en EEUU

Por Agencia Télam

06-06-2020 02:45

Los afroestadounidenses representan un 38% de los presos de las cárceles federales, pese a que el último censo nacional calculó en 2010 que los negros no llegaban a ser el 13% de la población total.

Esta sobrerepresentación también se reproduce en las cárceles de los estados y funciona como elemento central del racismo estructural que afecta también a los derechos electorales, económicos y sociales de las comunidades negras de Estados Unidos.

Más del 20% de la población negra es pobre, una cifra que duplica la de los blancos y es superior a la de los hispanos (17,6%), según datos oficiales de 2018, recogidos por la organización Poverty USA.

El paralelismo entre raza y clase social ha sido reforzado históricamente por el sistema penal, especialmente con el crecimiento exponencial de la población carcelaria de los últimos 50 años.

Desde 1970, la población carcelaria creció un 700% hasta superar los 2,3 millones y representar el 25% del total mundial, pese a que Estados Unidos solo tiene el 5% de la población global.

Para Anthony Posada, un abogado de la unidad de Justicia Comunitaria de la organización Legal Aid Society, un estudio de abogados que ofrece ayuda legal gratuita en Nueva York, hay tres cuestiones que vuelven especialmente vulnerables a la minoría negra y a otras comunidades de bajos recursos frente al sistema penal: la llamada guerra contra las drogas, la falta de una política de salud pública dirigida a la salud mental y de asistencia para las personas que viven en situación de calle.

Por ejemplo, hace años que se discute la disparidad de condenas para la tenencia de cocaína y de crack, aprobada en la década de los ochenta.

"Si es cocaína, te corresponde una pena de prisión más corta que si es por tenencia de crack. Este es un ejemplo claro de racismo. El crack es una droga más barata y es más utilizada por las personas de menores recursos; la cocaína es una droga a la que accede la gente con plata", explicó Posada a Télam.

El especialista también destacó que "hay miles de personas en cárceles de Nueva York con problemas mentales".

"Sucede muchísimo que personas que no toman sus medicamentos se descompensan y alguien que cree que es una amenaza, los denuncia", explicó el abogado que destacó esa misma falta de política pública para tratar la salud mental existe para los indigentes que no tienen donde vivir.

"En vez de buscar una solución de vivienda, se los detiene. Las cárceles no son un lugar para poner a las personas que no tienen un hogar", denunció.

Tener antecedentes penales y cumplir una condena de prisión suele dificultar conseguir un buen empleo o interrumpir una trayectoria educativa, lo que a su vez, retroalimenta la situación de pobreza y estigmatiza a las familias y comunidades en su conjunto.

Además, en los últimos años, la encarcelación desproporcionada de las minorías negra e hispana también afectó sus derechos electorales.

Treinta y cuatro de los 50 estados del país tienen leyes que desfavorecen la participación electoral de condenados, aún años después de terminar de cumplir sus condenas, y, según el Brennan Center for Justice, estas leyes afectan desproporcionadamente a los negros.

Según la organización, en 2016, el año que Donald Trump ganó la elección, los ciudadanos negros tenían cuatro veces más chances de no poder votar que el resto de la población.

(Télam)