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Frustración por los cambios que no llegaron, uno de los detonantes de las protestas en Minneapolis

Por Agencia Télam

02-06-2020 04:00

Las protestas contra el racismo no son nuevas en Estados Unidos, pero a diferencia de crisis anteriores, ésta estalló en un estado, Minnesota, y una ciudad, Minneapolis, gobernados por líderes que asumieron hace solo unos años con la promesa y la intención de generar un cambio real, destacó en una entrevista con Télam un especialista local en temas raciales.

Yohuru William, un doctor en Historia, especialista en temas raciales y decano de College de Artes y Ciencias de la Universidad de St Thomas en St Paul, la ciudad gemela de Minneapolis, explicó que el asesinato de George Floyd, el lunes pasado cuando era detenido por la Policía, desató la reacción de la comunidad negra, que había puesto sus expectativas en las urnas en los últimos unos años.

T- Minnesota y Minneapolis tienen desde hace un par de años una dirigencia política más comprometida con un cambio. Este no es el lugar en el que uno se hubiese imaginado que nacería la chispa de una nueva ola nacional de protestas. ¿Por qué cree que sucedió?

YW- Creo que eso, de hecho, fue parte del problema. Vimos una agitación sin precedentes en esta zona y después se presionó para elegir un liderazgo progresista, como el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, el alcalde de St Paul, Melvin Carter, o el jefe de policía negro en Minneapolis, Medaria Arradondo. Pese a todo esto, existe una frustración muy grande porque estas cosas (el asesinato de George Floyd) siguen pasando. La gente está muy frustrada y no sabe cómo comunicarlo. Dicho esto, hay que reconocer que hay señales importantes de un cambio progresivo. Por ejemplo, Arradondo hizo algo que no solemos ver: echó de inmediato a los cuatro policías involucrados. Pero la gente se frustró porque no se los imputó. Dijeron: todos vimos lo que pareció ser un asesinato a sangre fría, pero no los acusan de nada. La decisión ahora del gobernador (Tim) Waltz de designar al fiscal general Keith Ellison, una persona con un inmenso conocimiento sobre el dolor que significa la brutalidad policial para la comunidad negra, para llevar el caso busca volver a machacar la idea de que han habido cambios en el sistema.

T- ¿Por qué estos líderes políticos no lograron avanzar en los cambios prometidos?

YW- El racismo y la desigualdad están tan enraizados en la construcción de la sociedad estadounidense, que aún con la elección de alcaldes progresistas, se enfrentan a estructuras racistas y de desigualdad que llevan generaciones afianzándose y que no se disolverán rápidamente. No pueden lograrlo en uno o dos años y, hay quienes dicen, ni en 10.

T- En una reciente entrevista, el fiscal general Ellison denunció que el titular del sindicato de la Policía en Minnesota estaba actuando como un jefe paralelo de la fuerza, incluso apoyando a Trump. ¿Hay estructuras de poder paralelas frenando los cambios?

YW- Ese es el desafío. En 1968, cuando Richard Nixon ganó, lo hizo con una plataforma de ley y orden, de apoyo a la policía. Hoy Trump articuló ese mismo deseo. El problema es que se articula este apoyo a las policías en el contexto de estas horrendas brutalidades policiales. Una de las criticas del fiscal general Ellison es que el sindicato de la Policía refuerza esas actitudes supremacistas, que a su vez consolidan la autopercepción de la Policía de que es algo separado del resto de la sociedad.

T- ¿La militarización de la Policía y el debate público planteado en estos días por autoridades y medios de comunicación en términos de "guerra urbana" refuerzan esta autopercepción de la Policía como una entidad separada de la sociedad?

YW- Hasta el viernes pasado, una de las cosas que me sorprendieron en las ciudades gemelas de St Paul y Minneapolis fue que la policía no se presentó con el equipo que vimos en Ferguson, Missouri, en 2014, cuando mataron a Michael Brown. En esa ocasión, los policías estaban vestidos con equipos de la guerra en Irak. Fue un llamado de atención para el país y que resonó en el mundo: ¿qué pasa que en Estados Unidos la Policía patrulla sus comunidades como si fuera un ejército de ocupación? Eso no pasó acá hasta que en el fin de semana se llamó a la Guardia Nacional como respuesta a los incendios y saqueos. Y aún así, no estamos viendo el mismo nivel de militarización que vimos en Ferguson. Ojalá haya sido una lección aprendida. En general, la Policía ha demostrado moderación en el manejo de las protestas aquí, pero al mismo tiempo hubo gente que prendió fuego una comisaría y otras cosas. Entonces, ¿dónde está límite? Esta tensión siempre existe, pero mi temor es que cuando más crece la violencia, más posible es que volvamos a ver esa militarización extrema de la Policía en las calles.

T- El propio Departamento de Seguridad Pública de Minnesota calificó el sábado a las protestas como una situación de "guerra urbana". ¿No estamos ya avanzando hacia la militarización de la crisis?

YW- Ahora sí. La narrativa está cambiando. Las primeras horas después del asesinato de George Floyd había una sensación de que las autoridades estaban reaccionando bien: los despidos de los policías, la moderación de la policía en las calles, el discurso del gobernador, etc. Pero una vez que los incendios y saqueos comenzaron, la narrativa comenzó a cambiar y se empezó a hablar, por ejemplo, de "agitadores externos" y de "guerra urbana" y se trajo a la Guardia Nacional. Eso cambió el clima que había aquí en las calles y ahora los activistas temen que las denuncias de "agitadores externos" aumenten la violencia policial contra las personas que se manifiestan pacíficamente. Esto se puede salir de control y esa es la receta perfecta para un desastre.

T- El racismo no es nuevo en Estados Unidos y tampoco este tipo de protestas, aún bajo el gobierno de Trump. ¿Hay algún elemento nuevo en esta crisis?

YW- La diferencia central es que Estados Unidos -al igual que el resto del mundo- está enfrentando la pandemia global de Covid-19. Parte de la frustración que estamos viendo expresada en la calle está vinculada al desempleo sin precedentes que estamos teniendo. Se expuso una vez más la brutalidad policial, pero también el racismo que supone que la pandemia de Covid-19 haya golpeado desproporcionadamente a las comunidades negras. Es como un coro que escuchan los afroestadounidenses que dice que las vidas de los negros no importan a la hora de garantizar cobertura frente a la Covid-19, no importan a la hora de garantizar viviendas accesibles, no importan a la hora de garantizar ayuda alimentaria y no importan a la hora de garantizar protección frente a la brutalidad policial. (Télam)