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Elecciones en Estados Unidos, Trump y las encuestas

Por Agencia Télam

04-11-2020 01:30

Por Silvina Romano, doctora en Ciencia Política, miembro del Consejo Ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) e investigadora del Conicet.


La elección del 3 de noviembre de 2020, deja una sensación bastante similar a la de 2016 en cuanto a la sorpresa. Otra vez, Trump viene mostrando un resultado mucho mejor al anticipado en las encuestas. Trump ganó Florida y Texas, dos Estados que aparentemente Biden disputaba con claridad, pero que los republicanos nunca dejaron de reclamar. Florida es un Estado que suele definir quién será presidente. Además, es el bastión de la legitimidad política de Trump, que está muy vinculada a América Latina, no solo por el alto porcentaje de voto latino sino también porque es el núcleo del lobby republicano anticastrista, anticomunista, el círculo más cercano al presidente. Desde allí se han lanzado las campañas electorales, incluida la de reelección.

Pero, ¿por qué no aciertan las encuestas? Porque en general, las encuestadoras y medios de comunicación concentrados son reacios a Trump y suelen subestimar a los sectores de la población que prefieren votar por él, que incluye tanto a los blancos supremacistas como a buena parte de la clase trabajadora, la fuerza de trabajo no cualificada.

Siguiendo el financiamiento individual a la campaña, se observa que los trabajadores de empresas de desarrollo tecnológico, profesores de universidad y abogados (clase media profesional, clase media alta) donaron a Biden. En cambio, el Departamento de Policía de Nueva York, los Marines, plomeros, albañiles, transportistas, donaron a Trump .

De modo que, así como se habló de que buena parte del voto para Biden era anti-Trump, frente a los resultados preliminares, podríamos decir que el voto pro-Trump es un nuevo llamado de atención a las promesas incumplidas por los demócratas, en su momento, con los sectores populares (reformas contundentes para garantizar acceso a salud, educación y regulación migratoria, acceso a trabajo digno).

Pero el establishment demócrata parece no darse por enterado. Mantiene una estética política y comunicacional que interpela en mayor medida a la clase media profesional y clases medias altas. En un país donde hay más de 30 millones de desempleados; donde al menos 45 millones de personas tienen deuda por estudios (por tener que pagar por la educación). Donde se han despilfarrado 14.000 millones de dólares para la carrera electoral, haciendo de estas las elecciones más caras de la historia de EE.UU. Se gastó el doble que en 2016, con 5.500 millones de dólares destinados a campaña por los demócratas, mientras que los republicanos destinaron 3.800 millones dólares .

Y aquí hay otro aspecto en el que parecen haber errado las encuestas. Advertían que el principal problema de la gente era la mala gestión de la pandemia, algo absolutamente razonable frente a la muerte de más de 223.000 personas. Pero, una vez más, es posible que sea la economía la que guíe el voto. Trump se jacta de haber mejorado la situación económica de EE.UU. Colocó este tema como eje de su campaña (desconociendo la crisis generada por la pandemia), porque no solo es un gran empresario, es un empresario en el país que creo la pauta del consumo infinito, donde todo está organizado en torno al consumo. Y en el último trimestre hubo un repunte de la economía que, a pesar de no llegar a los niveles previos a la pandemia, tal vez fue un empujón clave para la campaña, insuflando esperanza en su electorado.

Aún quedan por verse los resultados en Estados clave como Arizona, Wisconsin, Pensilvania y Michigan. Mientras tanto, Trump seguirá afirmando que ya es ganador, explotando las redes sociales, denunciando al mismo tiempo la existencia de fraude y amenazando con derivar todo a la Corte Suprema (donde la balanza parece inclinarse a su favor). Los demócratas seguirán pidiendo paciencia. (Télam)