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Ventajas y problemáticas en torno al consumo de música por streaming

Por Agencia Télam

09-05-2020 04:00

Los investigadores Guadalupe Gallo y Guillermo Quiña dan cuenta en una entrevista con Télam acerca de las ventajas y desventajas que pueden desarrollarse con la nueva virtualidad de los consumos musicales y que enfatizan en la concentración de las plataformas musicales y la conectividad.

Guillermo Quiña: Hay algo que exige la presencia compartida en un determinado espacio y tiene que ver con las emociones que históricamente motivaron el recital, pero no por cuáles son las emociones sino por lo importante que es estar presente en un espacio donde circulan emociones de todo tipo; la música se escucha diferente, se respira otro aire, esa es una dimensión de lo sensorial que dudo desaparezca. En lo virtual se pierde ese encuentro, la potencialidad de su construcción y pensemos cuán angustiados estamos en el marco del aislamiento. Pero se gana la posibilidad de ser escuchado en amplitud y de conocer nuevas canciones. El inconveniente está en la forma que asume el streaming con tres o cuatro plataformas que concentran casi ocho de cada diez obras musicales que circulan en el mundo digital y afecta la posibilidad de músicas ancladas en nuestros territorios, porque las plataformas subsisten con la venta publicitaria y resulta más atractiva cuando hay público con capacidad de compra, cuando se trata de géneros a escala global y no están anclados a un territorio en particular, como sucede en Latinoamérica. Cuando pensamos que no nos afecta tanto que Spotify concentre el mercado de música, en realidad nos tenemos que preguntar qué posibilidades locales de distribución online de música existen porque el valor generado por músicos en nuestras regiones es en gran medida apropiado por plataformas globales.

Guadalupe Gallo: Creo que "se ganó" con la redefinición creativa para incorporar las prácticas de baile en los espacios domésticos, instalando una idea antes desestimada. El baile en soledad y a distancia deja de oponerse al formar parte de un colectivo, participar de un mismo evento conjunto. En estas incorporaciones, las redes sociales adquieren un papel central en la habilitación de canales de diálogo y el acceso a saberes que favorezcan estas producciones musicales y de baile, resultan claves. Pero es necesario ver un problema: el derecho al esparcimiento en estos nuevos formatos y modalidades enfrenta retos similares a los que vive la educación en este momento que se sostiene a través de tecnologías adecuadas, saberes socializados, accesos acordes y constantes al mundo de lo virtual que implican una cierta capitalización. Asociado a esto uno de los problemas más serios y urgentes que se instala de la mano de la pandemia, tiene que ver con la economía de los músicos y trabajadores de ese ámbito, que se extiende a las actividades artísticas en general. La virtualidad exige bancarización y altos niveles de conectividad que no están disponibles para todxs. Que la noche no sea de unxs pocxs. (Télam)