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Una gran Fedra, con énfasis en la relación entre mujeres

Por Agencia Télam

09-07-2019 01:45

La dupla integrada por Marcela Ferradás y Horacio Peña cumple una intensa labor como cabezas del elenco de "Fedra", con texto de Juan Mayorga y dirección de Adrián Blanco, en una versión que ingresa con desenfado en el universo femenino actual y se ofrece en la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín.

La protagonista, una princesa cretense raptada y obligada a casarse con Teseo, rey famoso por haber derrotado al Minotauro, sufre una extraña enfermedad que los médicos no pueden desantrañar y que la obliga a permanecer a oscuras y en un estado de permanente inquietud.

En diálogo con su criada Enone (Peña), Fedra (Ferradás) termina confesando que su mal no es otro que el amor desesperado que siente por el hijo (Francisco Prim) de su esposo ausente por razones bélicas (Marcelo D'Andrea), algo que procede de la tragedia griega clásica y está presente también en la mitología, el teatro moderno y el psicoanálisis.

En realidad, lo que Fedra y sus antagonistas califican repetidamente de amor enfermizo no es otra cosa que un deseo sexual desenfrenado, por no llamarlo de otro modo.

La tarea del español Mayorga -del que se conocen aquí obras como "El chico de la última fila", "Los yugoslavos" y "El crítico"- fue eliminar el coro típico en el género, evadir algún personaje que estaba en Racine, airear y humanizar los diálogos y darle preeminencia al papel de las mujeres como desarrolladoras de la trama, pues la criada y la reina comienzan a tener una relación que parece encaminarse hacia los asuntos de Jean Genet.

Una vez que Enone empieza a dirigir las acciones de Fedra y a despojarla de sus miedos -de hecho es ella quien la incita a seducir a su hijastro- el hálito trágico permanece porque el muchacho solo tiene interés de cazar en el bosque junto a su íntimo amigo (Gastón Biagioni), pero el acercamiento físico se produce y es el hecho que desata la violencia del rey, cuando regresa y es envuelto por una versión equívoca de los hechos.

El enfrentamiento entre padre e hijo es inevitable y brutal, porque el rey a toda costa cree lo dicho por las mujeres y entrega a su hijo a un monstruo que emerge de las aguas del mar -Mayorga dice que es un toro, tal vez en alusión al Minotauro-, sobrevienen las consabidas muertes y las pautas trágicas se respetan.

La dirección de Adrián Blanco es una de las más seductoras que pueden verse en la temporada, no solo por las sutiles composiciones de Ferradás, toda sensualidad y extenuación a la vez, y Peña, un actor de raigambre shakespeareana en voz y postura que nunca cae en la feminización de su personaje, además de virtudes de presencia y voz en el resto del elenco.

Además, Blanco arma su puesta en un escenario en U, donde el espectador podría estar cumpliendo el rol de coreuta y, con elementos de enorme funcionalidad transforma el escenario en un lugar de conflicto y lucha, casi agonal y claustrofóbico: así desplaza el camastro de Fedra por toda la escena y obstruye el paso con dispositivos de lanzas móviles.

Del mismo modo introduce algún elemento naturalista, como el depósito de agua en que los personajes se refrescan, y sorprende con voces fuera de escena o un músico en vivo que toca el timbal, el cruento maquillaje y el preciso trabajo de la experta Leandra Rodríguez, de esas iluminadoras cuya mayor virtud es que su trabajo no se note.

Funciones de "Fedra" en el San Martín, Corrientes 1530: de miércoles a domingos a las 20.30. (Télam)