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Saula Benavente estrena Karakol acerca de los viajes internos y externos

Por Agencia Télam

02-09-2020 06:00

El filme "Karakol", de Saula Benavente, que "habla sobre animarse a explorar distintos territorios, acerca de la libertad y la honestidad con uno mismo", según apunta su directora, se estrena mañana a las 22 por Cine.ar.

"'Karakol' indaga en la ausencia. En lo que sucede alrededor de alguien que ya no está, en lo qué pasa con los que quedan, las diferentes maneras que cada uno tiene para combatir el dolor y lo que ocurre con el espacio que ha quedado vacío", explica Benavente en una entrevista con Télam.

La cinta aborda la historia de Clara, una joven que a diferencia de su familia, no puede aceptar la muerte de su padre, ella cree que hay algo más, indaga e investiga hasta encontrar algunas pistas que la llevan al otro extremo del mundo, a Tajikistán.

Una vez en el lugar emprende una búsqueda donde cree que su padre tenía otra vida, pero también ese viaje la hace transitar un recorrido interior que la lleva a construir su propio secreto.

"Dentro de la historia de Clara me interesaba hablar sobre la intimidad más profunda de las personas. Reflexionar hasta qué punto uno tiene derecho a escarbar allí, y qué sentido tiene hacerlo. Creo que todos tenemos un lugar muy hondo reservado sólo para nosotros y vedado para los otros, y justamente es eso lo que nos hace ser quienes somos", expresa la realizadora de "El cajón" (2006).

"Ella -agrega- se sumerge en la intimidad de otro, como si fuese un viaje hacia otra dimensión, a un mundo en el que jamás estuvo y no tiene idea qué es lo que va a encontrar", concluye Benavente.

Agustina Muñoz, Soledad Silveyra, Dominique Sanda, Santiago Fondevila, Guido Losantos, Pablo Lapadula, Juan Barberini, Mia Iglesias, Margarita Molfino, Diego Bliffeld y Surat Tomaistov, con participaciones especiales de Gabriel Corrado y Luis Brandoni, conforman el elenco del filme.


Télam: ¿Qué te inspiró para escribir esta historia?

Saula Benavente: La idea del guion surgió a partir de conversaciones con Agustina Muñoz, la protagonista. No recuerdo el punto de partida, nosotras nos entretenemos mucho fantaseando historias, personajes, situaciones, diálogos. Tal vez hayamos mirado el mapa y nos preguntamos por qué alguien iría allí, a ese lago tan remoto donde no hay más que piedras y montañas. Y desde ahí fuimos para atrás, un poco más allá y a reflexionar sobre las experiencias propias.

T: ¿Cómo fue la elección del lugar para esa búsqueda de Clara?

SB: Filmamos en Tajikistán como podría haber sido en algún otro de los países que conformaron las ex Repúblicas Socialistas Soviéticas. Esa parte del mundo me da mucha curiosidad. Necesitábamos que Clara "vaya" hacia su padre y eso debía representarse en un escenario no reconocible. Casi nadie sabe cómo son esas tierras, ni nosotros lo sabíamos.

Cómo es el folclore, su política, en qué idioma se habla, qué ropas se usan. En Tajikistán no podemos leer los pocos carteles del camino porque están escritos en cirílico, por las carreteras casi no pasan autos. No hay modo de pedir auxilio ni de salir de allí fácilmente y era eso lo que necesitábamos. Que ante la desesperación ella no pueda decir "ok, me voy", tome un micro y se vuelva a casa.

Por otro lado, cuando contábamos que iríamos a filmar allá, nos decían "¿dónde queda Tajikistán?", y esa pregunta era la que esperábamos, validaba la hazaña de movernos tan lejos y después están esos paisajes, poder poner la cámara sin ningún riesgo de que alguien se cruce al fondo del plano. El lago Karakul –así se llama- es un lugar mágico y virgen, un gigantesco espejo de agua a 4.000 metros de altura que nadie usa. Nadie lo navega, ni lo nada, no hay siquiera un palote que de testimonio de un antiguo muelle. Es más, no tiene fauna, así que tampoco se pesca.

T: ¿Cómo explicás qué movilizó a esta joven a realizar ese viaje?

SB: En su desesperación, Clara se propone ir hasta las profundidades de su padre ya ausente, se mueve hacia allá, hacia la intimidad de él, con el fin de traer algo para retenerlo aunque sea un poco más. Lo necesita con ella. Descubrir cosas de alguien que ya no está, de algún modo, lo trae de vuelta. No se trata solo de recordar, sino de incorporar algo nuevo al recuerdo y así agrandarlo.

T: Termina siendo un viaje interior.

SB: En esa búsqueda encuentra otra parte de ella. Porque el recorrido es el suyo. Queriendo develar un secreto ajeno termina construyendo uno propio.

T: ¿De esa experiencia queda alguna reflexión?

SB: Al menos me la he planteado para mí: intentar descifrar cosas que el otro ha decidido mantener a resguardo no tiene sentido. No corresponde violar ese tipo de intimidad. Además, para qué lo hacemos, a qué responde esa necesidad de querer saberlo todo. Y no me refiero a cuestiones de infidelidades, mentiras o engaños cotidianos. Hablo de lo que está más profundo, de esa zona que quizás ni nosotros mismos reconocemos. (Télam)