espectaculos

Pepe Cibrián Campoy propone un canto a la libertad y al amor en Por el nombre del padre

Por Agencia Télam

07-01-2020 11:30

El director teatral y dramaturgo Pepe Cibrián Campoy estrenará junto a la actriz Viviana Saccone la obra “Por el nombre del padre”, en la que interpretan a un matrimonio, en una propuesta que “es un canto a la libertad y al amor”.

La pieza, escrita y dirigida por Cibrián Campoy (que se podrá ver desde el próximo jueves en el porteño Teatro Picadilly) narra la historia de un matrimonio que se enfrenta a una profunda decisión de vida que corre en paralelo con las permanentes apariciones de otros personajes, que también interpreta la dupla.

“Es la historia de un pareja que se ama de verdad. Ellos tienen hijos grandes y al padre le pasa algo importante y cada vez que quieren hablar con alguno de sus hijos para ver qué es lo que les ocurre, ellos exponen sus problemas de manera egoísta”, explicó Cibrián Campoy en una entrevista con Télam.

La trama “tiene que ver con lo que pasa hoy en la sociedad, con la libertad, y con cosas muy profundas que se ven al final de la obra en una escena muy bella entre mi mujer y yo y con los hijos que finalmente se juntan para saber qué es lo que pasa”, agregó el hacedor de musicales como “Drácula, el musical”, “El jorobado de París” y “Calígula, un nuevo musical”.

Sus hijos, el amante de la hija, la portera, el hijo cura, una hija sadomasoquista, entre otros personajes que aparecen en paralelo a la historia de esta pareja, confluyen en ese sorpresivo final que podrá apreciarse en la sala sita en Av. Corrientes 1524.

“Son personajes con mucho humor, muy jugados y con los que se puede sentir identificado cualquier espectador”, se ufanó el artista, de 71 años.

T: ¿Cómo surge este proyecto?

Pepe Cibrián Campoy: Le dije a Guillermo Marín (productor) que si tenía ganas de producirme tenía esta obra escrita, que me gusta mucho y en seguida me dijo que sí. Me propuso como co-protagonista a (Viviana) Saccone, con quien yo no había trabajado y que no sabía que era tan graciosa. Porque esta obra es muy tierna y, a la vez, muy divertida.

T: ¿Cómo define la temática de la obra?

PCC: Trata el egoísmo que hay en el mundo, pareciera que si lo que te pasa no es grave, te cuento lo mío y no te escucho. La gente hoy no escucha, yo por ejemplo entro a Tinder, me gusta, me divierte, lo hago con el fin de entablar un diálogo, hablar con alguien de la vida y al final charlás dos días y después no te escriben más. Yo eso no lo hago, no sé, la gente está muy incomunicada.

T: ¿Por qué la elección de que usted y Saccone hagan todos los personajes?

PCC: Es el juego de esta obra como desafío actoral. Dos actores deben lograr que todos los personajes tengan vida. Es la gracia de esta propuesta y estaba así pensado desde el primer momento.

T: ¿Cómo ve el género de comedia en la actualidad?

PCC: El teatro hoy necesita de un tempo, y el género de la comedia es dificilísimo. Dentro de la comedia antes se tocaban temas profundos y hoy el género está bastante vapuleado con propuestas intrascendentes, que son tonterías, panfletarias y que no tienen nada que ver. Estamos en un momento donde estás pensando si subió la nafta, si podés pagar el préstamo, el colegio de tus hijos y si vas a poder comer, entonces necesitás de un teatro que te movilice y te haga olvidar un rato de todo eso. La gente necesita emociones.

Vivimos en un país maravillosamente complejo, un país surrealista.

T: Con todo lo vivido en los últimos tiempos con su salud, ¿Cómo se encuentra en este momento de su carrera?

PCC: A partir del diagnóstico de cáncer, que no solo me transformó a mí sino a todo el entorno, nunca me pregunté por qué a mí sino para qué y traté de buscarle un sentido y salir adelante. Ya que lo tuve, para qué me sirvió. Además, hace cinco meses me caí en la calle y tuve un coágulo en el cerebro, una hemorragia en el cerebelo, siete fracturas en la cara, 80 puntos en la ceja, estuve en terapia intensiva y hoy estoy bárbaro. Soy un privilegiado. Hoy trato de que nada me afecte, si no me gusta tal obra, no la hago, me da igual, y así con otras cosas.

T: ¿Siente que queda algo pendiente en su carrera?

PCC: Quiero morirme más sabio. O sea, está todo pendiente entre comillas. Quiero poder tener una mejor relación conmigo, con vos, con el mundo que me toca vivir. No me retiraría, estoy con ganas de seguir viviendo.

T: Es un artista con una reconocida trayectoria en el teatro y, dentro de este, en el musical, ¿no lo sedujo el cine o la televisión?

PCC: No, no se hacer televisión. Soy un hombre muy obsesivo, que creo en la grandeza de la disciplina, del compromiso, de la ética, y la televisión tiene otros tiempos. Mi mundo es el teatro y estoy feliz con eso.

T: Se involucró en temas sensibles como fueron las leyes de matrimonio igualitario y la legalización del aborto, ¿Qué lo llevó a comprometerse, poner el cuerpo y la voz en el Congreso?

PCC: Haber nacido en una familia republicana. Mis padres tuvieron que exiliarse. Ellos me han enseñado hacer aquello que creía. Cuando uno tuvo el privilegio de poder hablar y que nadie te diga vos robaste o vos hiciste tal cosa acusándote, eso te da una libertad maravillosa. En el caso de la ley de matrimonio igualitario me lo propuso una senadora, que luego me enteré que era la mano derecha de (Jorge) Bergoglio, y pienso que ella habrá creído que yo iba a decir algo simpático y listo y ella quedaba bárbara, es lo que supongo. Entonces le pregunté si podía leer un fragmento final de mi obra “Marica” y me dijo que sí. Yo sentí que eso me representaba, que expresaba la libertad, me sentí tan pleno, tan feliz. No soy un héroe, no soy un militante, soy un hombre que siente que debe hablar y dar la cara por lo que cree. Si papá y mamá hubieran estado ahí lo hubieran disfrutado. (Télam)