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Lucía Galán logra una versión personal de su casamentera en Hello Dolly!

Por Agencia Télam

10-01-2020 03:30

Como actriz, la habitual cantante Lucía Galán compone una casamentera distinta y personal en la versión de "Hello Dolly!", el musical de Stewart y Herman cuya nueva puesta, dirigida por Arturo Puig, coprotagonizada por Antonio Grimau, se conoció en el teatro Ópera, Corrientes 860.

La obra es un clásico del teatro musical, estrenado en Broadway en 1964 sobre una comedia de Thornton Wilder de 1955, que tuvo dos versiones en teatros porteños -con Libertad Lamarque en 1967 y con Nati Mistral en 1996-, además de una cinematográfica en 1969, con Barbra Streisand en la cúspide de su carrera.

Por eso hay que entender el aire conservador y algo rancio de la trama, en la que Dolly la casamentera (Galán) se dedica, entre otras tareas de supervivencia, a unir parejas en la ciudad de Nueva York y aledaños, con fines más utilitarios que románticos, en lo que priman los intereses económicos y aun el machismo de cierto personaje, que ve a la mujer apenas como una obrera del hogar.

Dentro de una trama bastante pedestre, cuyos huecos narrativos son cubiertos por vistosos cuadros musicales, un humor evidente y efectos de luz y escenografía que buscan el asombro, todo comienza cuando la casamentera se dispone a ofrecerle a un "casi-millonario" (Antonio Grimau) la posibilidad de casarse con una sombrerera (Ángeles Díaz Colodrero ) o en su defecto con una supuesta acaudalada (Flavia Pereda).

Mientras tanto, a su llegada a la ciudad, deslumbrados y dispuestos a la conquista, dos empleados del comerciante (Darío Lopilato, Agustín Sullivan) se enamoran respectivamente de la sombrerera y su empleada (Laura Azcurra) y poco a poco se van transformando en títeres de Dolly, quien los reúne en un restaurante y salón de baile en medio de idas y venidas de cuya confusión siempre sale bien parada.

A ello se suma una parejita a cuya relación de opone el personaje de Grimau (Natalia Mouras, Martín Acosta) y el encuentro en ese salón elegante funciona a la manera de un vaudeville, con cortinas que se abren y cierran para que los personajes no se encuentren, mientras un incidente con billeteras intercambiadas da lugar a una intervención de la autoridad.

Como cualquiera sabe, el amor nacerá en algún momento entre el "casi-millonario" y Dolly Levi -quien espera desde hace años "una señal" de su difunto esposo para saber qué pareja le conviene-, en tanto cada amante se encuentra con su ser amado y todos felices, como debe ser en una comedia musical que no busque profundidades.

Lo curioso de la actual "Hello Dolly!" es el perfil que Lucía Galán encuentra para su criatura: sin el carisma escénico de Lamarque, ni el garbo hispano de Mistral, ni la elegante potencia de Streisand, la dota de una energía criolla apreciable y una naturaleza veraz, con una simpatía digna de las viejas comediantes, como se ve en la escena de la glotonería que anuncia el desenlace.

La cantante y actriz logra liderar la acción dentro de un espectáculo que busca permanentemente llenar el ojo -todo el aparataje escenográfico viene de la puesta en México- y en el que el cuerpo de baile funciona de maravillas.

En lo actoral, a Grimau se lo ve un tanto envarado en un personaje poco simpático, mientras Lopilato y Azcurra muestran su capacidad para la comedia, Díaz Colodrero luce una bella coloratura de soprano que se destaca en el conjunto y Christian Giménez muestra su presencia escénica como "maître" del restaurante.

Junto a la coreógrafa Elizabeth de Chapeaurouge, el director de orquesta Ángel Mahler y el vasto equipo de maquinistas, Arturo Puig confirma su calidad como director, en una puesta tan compleja, recomendable para un público que desee un entretenimiento franco y vistoso.

"Hello Dolly!" se ofrece jueves y viernes a las 20.30, sábados a las 20 y a las 22.30 y domingos a las 19.

(Télam)