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La rústica e inocente búsqueda de una nueva vida, en Caballo de mar

Por Agencia Télam

11-08-2020 03:15

Rolo fue la última interpretación para cine de Pablo Cedrón, fallecido en 2017, en "Caballo de mar", ópera prima de Ignacio Busquier que pone al personaje, un marinero rústico e inocente, en un pueblo perdido de la costa bonaerense en medio de una situación peligrosa y no buscada, y por la que encuentra el amor, que se puede ver a partir del jueves en Cine.ar y Cine.ar Play.

"A partir de unas historias (que filmó en una serie documental) y vivencias me parecía muy atractivo tomar un personaje de vida ordinaria, rutinaria y enfrentarlo a un hecho absolutamente azaroso que modifique su vida y su destino, y en esa búsqueda de recuperar su normalidad, se encuentra a sí mismo, se enamora y está dispuesto a todo por esa historia de amor", explicó el director a Télam.

Con pocos diálogos, la expresión de los actores, sumado al clima generado y una música casi de parodia, "Caballo de mar" desmitifica el idilio que rodea a la vida en los pueblos.

Un favor a un desconocido, el robo a un supermercado, la aparición de una hermosa joven con ganas de irse del paraje y la corrupción policial lo ubican a Rolo en la lugar y momento menos indicado para su existencia.

Él sólo quiere subirse a su barco y zarpar de ese lugar, pero, así como decía Michel Corleone en "El Padrino 3", "cada vez que quiero salir, vienen y me empujan a quedarme".

"Es como si mirara hacia atrás y todo lo que esta tratando de recuperar: volver a subir a su barco, su exmujer (de la que sabemos muy poco, pero lo suficiente para entender que no lo quiere), nada de eso es mejor que lo que tiene ahora. Y todo eso no es otra cosa que lo que le da sentido a su vida: el amor", comentó el realizador.

"A su vez -agregó-, se redescubre haciendo cosas diferentes. Andando a caballo y volviendo a sentirse vivo. Se hace preguntas, que no tienen respuestas. Pero de algo parece estar seguro, que no vuelve atrás. Rolo buscaba el sentido a su vida o al menos que pase algo diferente".

La cinta fue filmada en Quequén y Necochea durante cuatro meses, luego de ganar el concurso de óperas prima del Instituto Nacional de Cine y Arte Audiovisuales.

"Lo que más rescato es que aún con toda la logística y limitaciones que debíamos enfrentar, hubo margen para improvisar y experimentar. Previamente al rodaje tuvimos unas dos semanas de ensayos que fue fundamental para trabajar personajes y encontrar el tono que tiene la historia y sus personajes", señaló Busquier.

Télam: ¿Cómo pensaste el amor que siente Rolo por Dora, siendo tan diferentes en varios sentidos?

Ignacio Busquier: Diría que el amor puede ser como una adicción. El personaje sabe que eso le puede hacer mal, pero hay algo irresistible, suicida y sobre todo desconocido que siempre nos hace pensar que hasta lo más estúpido puede salir bien. Rolo roza la ingenuidad. Siempre hay "una puerta", que no sabemos a dónde nos lleva. El amor es un poco así.

T: ¿Cuánto ayuda para la trama y escritura la sensación claustrofóbica que puede dar un pueblo?

IB: El pueblo ayuda a crear el ambiente claustrofóbico, pero considero que no es determinante. Lo que lo define como claustrofóbico son los personajes que quieren irse de ese pueblo. Que están ahogados allí. Que están dispuestos a cualquier cosa por unos pocos pesos. Son estos personajes decadentes los que inmediatamente se contraponen a la idea que suele construirse de la vida en los pueblos.

T: En cuanto a la pandemia, ¿Cuánto más pueden aguantar en esta situación sin poder filmar?

IB: La situación actual es muy grave para los trabajadores de la industria audiovisual. Y no se sostiene desde hace meses. No es un gremio tan grande como el de otras actividades y por lo tanto no se entera la gente. Pero no quiere decir que no la esté pasando muy mal, agravado por una crisis económica que profundizó la gestión del gobierno anterior. Son pocos los casos de producciones que han filmado en situación de cuarentena y cabe decir que en algunos casos fueron denunciados por el gremio por las condiciones de precariedad en las que lo hicieron. En el futuro del audiovisual veo dos caminos: Uno de ellos de recuperación muy lenta y progresiva, donde muchos medios y empresas ya empiezan a especular e intentan sacar provecho de esta oportunidad. El otro camino que se abre, me da la ilusión que viene mucho por hacer con una cantidad de contenidos hechos por gente que pertenece a esta industria de la que hablamos. (Télam)