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Josetxo Cerdán: El acto de ir al cine es patrimonio inmaterial de la humanidad

Por Agencia Télam

03-08-2020 02:45

La Filmoteca Española, organismo encargado de la preservación del patrimonio cinematográfico de su país que rescata y resguarda películas que se creían perdidas, junto a Cine Arte Lumière y la Sociedad por el Patrimonio Audiovisual presentará un ciclo gratuito que podrá verse en www.puentesdecine.com del 4 al 14 de agosto.

Por otra parte, el director de la entidad, Josetxo Cerdán será entrevistado en vivo en el Instagram de PCI @pcicine y en @patrimonio_audiovisual el próximo viernes a las 12, hora argentina, ocasión en que abundará sobre la realidad de la Filmoteca y la intención del ciclo.

"El ciclo Puentes de Cine responde a una solicitud directa a partir de nuestra experiencia online que se inició con la pandemia. Encerrados en casa creamos un canal de Vimeo, #DoreEnCasa (https://vimeo.com/channels/1546070), y empezamos a programar material de nuestro archivo. La experiencia fue bastante satisfactoria –expresó Cerdán en diálogo a distancia con Télam-. Luego vino la solicitud por parte de Puentes de Cine y la elaboración, de forma conjunta, de este programa integrado por cuatro títulos: "90 minutos" (1949, Antonio Del Amo), "Café de París" (1943, Edgar Neville), "Vaya luna de miel" (1980, Jess Franco) y "Nitratos" (1906 - 1935).

Télam: ¿Cómo se nutre el archivo de Filmoteca?

Josetxo Cerdán: Desde 1964 toda película que recibe una ayuda estatal tiene que depositar, obligatoriamente, un copia en Filmoteca Española. Esta ha sido una política que no siempre se ha ejercido de manera rigurosa. Durante muchos años los productores entregaban "copias cero" o incluso latas llenas de colas.... un desastre. Evidentemente eso tiene que ver con la falta de conciencia por parte de la profesión del valor patrimonial del cine.

Actualmente hay un proyecto de ley que cambiaría esa situación, esperemos que se apruebe pronto y el audiovisual (no solo el cine) pueda contar una protección similar a la de los otros bienes patrimoniales.

T: ¿Cuál es el interés del cinéfilo español sobre la recuperación de obras pretéritas?

JC: En todo el mundo se está produciendo un interés por las películas "restauradas", estamos asistiendo a una digitalización masiva de materiales fílmicos; incluso existen festivales en prácticamente todos los países para su presentación, a la vez que alguno de ellos se esfuerza también por instaurar mercados. Pero cuidado, porque no siempre esas digitalizaciones son restauraciones. En muchos casos, y más todavía cuando el director o algún responsable de la película está con vida y participa en el proceso, a lo que asistimos es la nueva versión, digital, de la película.

Lo que pasa es que entonces no deberíamos hablar de restauración, sino de nueva versión. ¿Qué ocurre? Que el término "restauración" tiene una legitimidad social que no tiene el término "nueva versión". ¿Alguien se imagina que se presentase, por ejemplo, la versión de la Gioconda 2020, o la de Las Meninas, o la del Guernica?

T: Eso correría para todas las artesÂ…

JC: Son digitalizaciones que, además, se utilizan para "corregir" algunos defectillos que podían tener las versiones originales: que si súbeme la luz aquí que está muy oscuro, que si quítame un ruido molesto de allí... Eso no es una restauración. Una restauración, como su propio nombre indica (etimológicamente) consiste en restaurar lo que había, no en corregir errores o inventar una nueva paleta cromática para la película.

Nunca vamos a saber con total seguridad cómo se vio y se escuchó en su momento una película de la cual no se conserven los negativos originales y alguna copia de referencia de ese momento. Eso nos obliga a ser muy cuidadosos con los procesos de restauración que ponemos en marcha.

En el caso del ciclo que presentamos ahora un ejemplo claro es el de "Café de París" (1943), de Edgar Neville, que se había considerado perdida; finalmente, y gracias a la colaboración con la Filmoteca de Zaragoza, hemos podido reunir materiales en 16mm para completar algo así como el 80% del metraje. Hemos escaneado todo ese material, hemos realizado un somero estudio de su narrativa, limpiado algo el sonido y la imagen y la hemos presentado como una recuperación, pero no como una restauración.

T: En épocas normales, ¿Cuál es la relación del público español con el cine?

JC: Es evidente que el cine perdió su lugar central como entretenimiento popular hace muchas décadas, dentro y fuera de España. Este fenómeno se dio con la implantación masiva de la televisión en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado. Eso cambió la lógica de los espacios público/privado.

El cine siguió teniendo una legitimidad que no tenía la televisión. El esfuerzo por revertir esa cuestión de la legitimidad de la televisión, por la vía de las series, de la ficción televisiva, es algo ya del siglo XXI. En esa lógica HBO juega un papel fundamental, pero tienen un antecedente muy potente en "Twin Peaks", una serie de autor.

Lo que ha venido después ya lo ha denunciado muy bien Lucrecia Martel: establecida la legitimidad, con algunos casos que realmente eran innovadores, las series se han mostrado repetitivas en sus esquemas, conservadoras en sus planteamientos formales e infantilizadoras en sus planteamientos.

T: ¿Un fenómeno parecido al folletín del siglo XIX?

JC: Hoy todo el mundo consume series como si estuviese consumiendo arte de vanguardia (socialmente su legitimidad es incluso muy superior a la del, así llamado, "cine de autor"), pero en realidad están consumiendo productos de muy escasa calidad, e insisto, políticamente muy conservadores.

T: Si bien el cine por las redes es un recurso válido, ¿No tergiversa en algún modo al cine como ceremonia colectiva?

JC: El cine nace para preguntarse por el mundo, para descubrirnos que hay más allá del quicio de nuestra puerta, o de los límites de nuestro pueblo o ciudad. El acto de ir al cine es una forma de patrimonio inmaterial de la humanidad y hay que defenderlo y luchar por su preservación.

(Télam)