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El Trottoirs de Buenos Aires, el reducto parisino donde el tango revivió

Por Agencia Télam

26-07-2020 02:45

"Si en París prende el tango, seguro se desparrama por el mundo", pensó Tomás Barna, uno de los fundadores de la mítica tanguería parisina Trottoirs de Buenos Aires, cuya historia quedó retratada en el filme "Un sueño en París", de Sergio Costantino, que se estrena este jueves por Cine.ar y Cine.ar play.

El café concert se fundó en 1981 en el barrio Les Halles, pleno centro de la capital francesa, y tuvo para su inauguración al Sexteto Mayor, que fue por una semana y se terminó quedando por dos meses debido al éxito rotundo que fueron las primeras veladas.

Pero lejos de haber sido pensado como un negocio, la idea surgió como un lugar para que los amigos se reunieran y le dieran un nuevo impulso al tango a nivel mundial, cuyo suceso había comenzado a decaer en el globo, luego de la muerte de Carlos Gardel.

Así, Edgardo Cantón, un compositor argentino radicado en Francia desde los 50, estudiante de Pierre Schaeffer y amigo de Julio Cortázar, comenzó la titánica tarea de reunir a los socios que le dieran vida a esa idea que ya más de un argentino tenía en su cabeza desde hacía unos años.

Cantón juntó a 26 socios, entre los que estaban Susana Rinaldi, los pintores Pérez Celis, Antonio Seguí y Octavio Blasi, y a otros connacionales de menor renombre como Reynaldo Harguinteguy y Barna. Ninguno de ellos siquiera pudo recuperar lo invertido, algo que, aseguraron, nunca les molestó en lo más mínimo.

El nombre de la tanguería, que en español significa "Veredas de Buenos Aires", salió del propio Cortázar en una charla con Cantón. Tres años antes, ambos amigos se embarcaron en la grabación del disco de tangos homónimo a la tanguería, con letras del escritor, música del compositor y con la voz de Juan Cedrón.

El suceso del Trottoirs de Buenos Aires se puede leer en las crónicas de los diarios de la época de París, como también en un programa de la televisión francesa, con una estética del estilo "Polémica en el bar", al que fue Cantón para promocionar al café concert.

Esa repercusión hizo que además de argentinos como Mecedes Sosa, Jairo o Atahualpa Yupanqui, se acercaran como visitantes personalidades como el ex primer ministro portugués Mario Soares y Estefanía de Mónaco, quien no pudo entrar al lugar porque ya estaba repleto de gente.

A lo largo de esos años pasaron por el escenario del Trottoirs de Buenos Aires el Sexteto Tango (exmúsicos de Osvaldo Pugliese); Josefina; el dúo Horacio Salgán-Ubaldo De Lío; Rubén Juárez, Guillermo Galvé y la propia Rinaldi, quien además de socia, también estuvo como artista.

También participó Pugliese en el día de su cumpleaños 79, aunque por el tamaño de la orquesta debieron trasladar el show a un teatro.

El violinista del Sexteto Mayor Mario Abramovich, fallecido en 2014, recordó en una nota de investigación para el filme, que en carnaval los desafiaron a tocar en la calle, algo que finalmente sucedió y que también fue un éxito en la noche parisina.

Fue tal el impulso del Trottoirs de Buenos Aires a la carrera de varios artistas que, como contó Abramovich, ese fue el primero de una enorme cantidad de viajes del Sexteto Mayor al extranjero, que luego incluyó regresos a Europa y escalas obligadas en Japón.

Tras años de éxitos artísticos, el económico no se hacía presente. Y si bien no era algo que los socios persiguieran, hacía que la empresa cada vez costara más. Además, muchos de ellos regresaron a Argentina y otros se alejaron del proyecto.

Luego de venderse a un nuevo dueño, el Trottoirs de Buenos Aires siguió un año más para tener en su última actuación, en 1990, a Amelita Baltar, como para dejar sentado uno de los deseos de Barna: "El dinero no me importa, yo quiero que se presente lo mejor de lo mejor". (Télam)