espectaculos

Delfina Cheb se lanza desde Estados Unidos con milongas que son su forma de volver a casa

Por Agencia Télam

30-07-2020 02:30

La joven Delfina Cheb, radicada hace cinco años en Estados Unidos, donde cursó su licenciatura en la universidad musical Berklee, acaba de publicar su álbum debut “Doce milongas de amor y un tango desesperado” bajo producción del español Javier Limón y que para ella ratifica que “la música argentina siempre fue y será mi forma de volver a casa”.

“El tango y la música argentina siempre estuvieron ahí. En la casa sonando de fondo y en mi inconsciente y en las canciones que fui cantando e inventando”, asegura Cheb durante una entrevista con Télam.

Ese eco familiar incluye a su abuelo Ángel Olazábal, que cantaba en la orquesta de Pascual Mamome, pese a que Cheb no pudo conocerlo: “Aunque no lo conocí tengo el cassette con su foto en mi mesita de luz desde que tengo recuerdo y sé que cantaba tango porque lo hacía feliz y allí encontró a sus amigos, a la esperanza y a su hogar”.

Mientras pasa el aislamiento sanitario en Miami, donde tiene colgados en la pared de su hogar los dos títulos alcanzados en Berklee (en composición de jazz y voz) y espera por volver a los escenarios, la artista, de 23 años, trata de pisar sobre seguro a pesar de ser parte de la escudería de Casa Limón y recibir elogios de pesos pesados como Gustavo Santaoalla, Alejandro Sanz, Enrique Morente y Jorge Drexler.

En el disco hay versiones de “Milonga sentimental” (Sebastián Piana-Homero Manzi), “Milonga del trovador” (Astor Piazzolla-Horacio Ferrer), “Milonga de los ojos dorados” (Alfredo Zitarrosa), “Barrio de tango” (Aníbal Troilo-Homero Manzi) y “Milonga del moro judío” (Jorge Drexler), junto a tres composiciones de Javier Limón: “La milonguera”, “Milonga del mundo” y “Milonga grande”.

Además, Cheb creó “Milonga del Río de la Plata” y “Milonga valiente” y en yunta con el productor de Buika, Bebo Valdés y Diego el Cigala, entre más, “Milonga de las flores”, “Milonga de más allá” y “Milonga dulce”.

Télam: ¿Cómo aparece la decisión de lanzarte con “Doce milongas de amor y un tango desesperado”?

Delfina Cheb: La decisión aparece en un viaje en coche de Nueva York a Boston. Fuimos con Javier Limón y Eva Alcántara a un concierto y nos pusimos a escuchar tangos. A Javier se le ocurrió la idea de lanzar mi proyecto con un disco de tango y milongas. Yo sentí la respuesta a una pregunta que no sabía que tenía, presentarme como cantante y como cantautora saludando a mis maestros y con lo más honesto que tengo, mi patria y su música.

T: ¿Lo que proponés en tu primer álbum es una lectura, un quiebre o una transformación del tango?

DC: Siento que me quedan un poco grandes esas palabras, pero creo que proponemos pensar al tango y a la milonga como algo vivo. Algo en constante movimiento, algo que respira, que crece, que interactúa y que sigue vigente. Creo que cada vez que uno canta una canción la transforma casi sin querer. Yo canté esté disco tratando de ser honesta y humilde con todo lo que representa para mi patria y mis maestros. Lo más lindo que me pasó fue que mis amigos me digan que a raíz del disco se hicieron fans de Piazzolla y Goyeneche.

T: ¿Con qué músicas y personas querés que dialoguen estas piezas en tu voz?

DC: Creo que el álbum propone una conversación entre varias cosas con las que Javier y yo resonamos. Creo que se siente al folclore, al flamenco, a la canción, a la trova cubana. También algo del rock argentinos, maestros como Andrés Calamaro, Liliana Herrero o Enrique Morente que decoraron y me acompañaron con sus canciones desde que soy chica. Siento que le debo todo a aquellos que admiro y escucho desde siempre.

T: ¿Fue en el contexto de un espacio tan universal como la Berklee donde sentiste ese llamado de musical de tu lugar de origen?

DC: A los 17 años me fui a Estados Unidos a estudiar jazz. Me alucinaban las big bands y los grandes arreglos, el swing, el blues, me sentía fascinada por ese universo tan extraño y nuevo para mí. Por otro lado a medida que iba escribiendo mis canciones me iban acercando a casa. Sentí una necesidad inmediata de conectar con mi música. Con la palabra, con el español. Tuve la suerte de conocer a Javier Limón, que tiene un talento increíble para hilvanar ideas y poesía y música y vivencias y colores.

T: ¿Qué te generan los elogios de referentes de la música como Santaoalla, Sanz y Morente?

DC: Me emocionan muchísimo, la verdad me da piel de gallina cada vez que lo pienso o lo leo. Creo que soy muy afortunada de que gente que admiro tanto haya escuchado mi música y me acompañe en este camino. Conocer a Javier Limón y su equipo me ha cambiado la vida. Su creatividad y capacidad de trabajo me abrió la cabeza y me enseñó a mantener intacta la ilusión de hacer arte.

T: ¿De qué modo llegó Jorge Drexler a ser uno de tus padrinos artísticos (más allá de la preciosa versión de la “Milonga del moro judío”)?

DC: La mejor noche de mi vida fue en casa de Javier en Madrid, donde nos la pasamos cantando canciones antiguas sefarditas y milongas junto a Jorge y al gran bajista y cantante Avishai Cohen. No podía creer que dos de las personas que más admiro en mi vida estaban allí cantando y tocando conmigo. Es realmente una bendición poder conocer a tus ídolos y que te sorprendan aun más con su cariño y apoyo.

T: ¿La pandemia congeló la presentación en directo de este material? ¿Qué planes hay para cuando el mundo lo permita?

DC: No puedo esperar a cantar todos los días y en todas partes. Espero que podamos retomar el tour por Europa y llegar a cumplir mi sueño que es presentar el disco en Buenos Aires.

T: ¿Te imaginás ligada al tango o qué horizontes musicales te motivan?

DC: Me encantaría seguir abrazando al tango por siempre. Creo que es imposible que no sea uno de mis pilares e inspiraciones pero también querría incursionar en otros géneros. A mí me gusta cantar canciones, y espero que siempre eso sea lo más importante, la palabra y la canción. Sea del género que sea. (Télam)